Cosas que no entiendo de Panamá: ¿tuvimos un accidente radioactivo?
17 de Abril de 2026
Exclusivo para Contrapeso
En 1992, como parte de su álbum Amor y control, Rubén Blades saca la canción El cilindro. La historia de una familia que encuentra un cilindro y, al abrirlo, se maravillaron con el polvo brillante que tenía dentro, que terminó en tragedia. Para quienes son usuarios de la plataforma de Netflix, quizás les pareció familiar la historia que narra esta canción con la miniserie brasileña Emergencia radiactiva.
La serie narra la historia de la tragedia de 1987 en Brasil, cuando unos chatarreros encuentran en un hospital abandonado una máquina radiológica y deciden desmantelarla y distribuirla, lo que provocó la contaminación masiva de cesio en Goiânia. Este fue considerado el mayor accidente radioactivo ocurrido sin relación con una instalación o armas nucleares, a menudo comparado con el desastre nuclear de Chernóbil.
Este accidente tuvo 4 muertes directas y afectó alrededor de 2 mil personas, y nos dejó una lección sobre la falta de control sobre materiales radiactivos en las clínicas y hospitales.
En Panamá no tenemos plantas de energía nuclear, pero sí contamos con equipos de rayos X, tomografía, resonancia magnética, entre otros. Al igual que en Brasil, nuestro accidente radioactivo ocurrió en un hospital: en el Instituto Oncológico de Panamá, a finales del 2000. 28 pacientes de radioterapia fueron sobreexpuestos a dosis mortales de radiación como parte de sus terapias contra el cáncer, cobrando la vida de 11 personas.
En 1999, el Instituto Oncológico Nacional trasladó todos sus servicios, excepto la radioterapia, desde la avenida Justo Arosemena hasta el antiguo Hospital Gorgas, ubicado en Ancón, en la antigua Zona del Canal de Panamá. Bajo el control del Ejército de los Estados Unidos, el Hospital Gorgas contaba con una sala de terapia de cobalto para tratamientos de radioterapia. Desafortunadamente, el blindaje estructural de la sala de tratamiento no cumplía con la normativa panameña de protección radiológica de 1995. La modificación de la sala existente habría requerido cambios estructurales significativos, lo que el Ministerio de Salud consideraba difícil y costoso por el momento. Esto hizo que los tratamientos de radioterapia se siguieran realizando en el Hospital Justo Arosemena, hasta ser trasladados en diciembre del 2000. El proyecto de traslado incluía la compra de equipo nuevo y moderno para radioterapia. 4 meses después se reportaron 28 casos de pacientes con cáncer de útero, colon y próstata que recibieron entre 20 % y 100 % más de la radiación que requerían sus tratamientos.
Fue un caso tan grave que el Ministerio de Salud de Panamá tuvo que solicitar ayuda para la investigación a la Organización Internacional de Energía Atómica y a la Organización Panamericana de la Salud. Se sancionó a 11 funcionarios y a 3 se les formularon cargos penales por negligencia, responsables de los errores identificados en el software del equipo de radiología. En 2004, 2 de los acusados fueron condenados a 4 años de prisión y se les prohibió ejercer su profesión durante 7 años.
El incidente de sobreexposición en Panamá se considera uno de los peores accidentes de radioterapia de la historia. En un artículo científico escrito por Cari Borrás, miembro de la Organización Panamericana de la Salud, se menciona que otra de las víctimas de este caso fue la confianza en la radioterapia pública en Panamá. Los pacientes comenzaron a evitar las instituciones públicas y buscaron tratamiento en centros privados, sin saber que, debido a la escasez de personal, el mismo equipo de radioterapia trabajaba tanto en el sector público como en el privado.
Y ustedes, ¿conocían esta historia?
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Por: Esperanza Villalobos