




En 2023, la Unidad de Quemados del Hospital del Niño atendió 19 menores lesionados por pirotecnia, más del doble que el año anterior. En el Seguro, en un solo fin de semana navideño reciente, más de 20 personas fueron atendidas por quemaduras causadas por fuegos artificiales. No son anécdotas: son registros hospitalarios. Todos los años. Todos los diciembres.



En 2023, la Unidad de Quemados del Hospital del Niño atendió 19 menores lesionados por pirotecnia, más del doble que el año anterior. En el Seguro, en un solo fin de semana navideño reciente, más de 20 personas fueron atendidas por quemaduras causadas por fuegos artificiales. No son anécdotas: son registros hospitalarios. Todos los años. Todos los diciembres.




En 1989, Estados Unidos entró con más de 20 mil soldados en una operación relámpago contra una ya debilitada Fuerza de Defensa —que era el cuerpo militar y policial del régimen de Noriega, encargado del control interno y la represión política—. Ocurrió mientras el mundo celebraba la caída del Muro de Berlín, pero aquí dejó algo menos fotogénico: barrios arrasados y un país que todavía no logra contar, con datos claros, qué pasó esa noche y qué pasó después.





Casi nadie habla de la niña que no duerme porque un filtro le convence de que su cara “no alcanza”; del pelao de 11 que sale de TikTok con peor ánimo sin saber por qué; o del menor que siente ansiedad porque, si no responde al instante, “queda fuera”. Estudios muestran que muchos preadolescentes se sienten peor consigo mismos después de usar redes. Ese deterioro no es teoría: pasa todos los días, en silencio.
























En Panamá, investigar al poder es jugar con fuego. Un funcionario público desapareció en medio de una investigación multimillonaria y nadie ha respondido por eso.
La lentitud judicial es otra forma de impunidad. Que una asistencia internacional tarde más de diez años en resolverse es injustificable.




En Panamá, cuando muere alguien, muchos se reúnen, comen, beben y recuerdan. Pero cuando llega el Día de los Difuntos, el Estado decide que nadie puede hacerlo. ¿Eso no es doble moral?

La Asamblea tiene más de 4,700 funcionarios. Sesiona entre 160 y 180 días al año, de lunes a jueves. El trabajador promedio labora 240, de lunes a viernes. Según la Contraloría, el panameño gana $734 al mes. Ellos ganan entre seis y nueve veces más, y encima cobran cuando no sesionan.






Conseguir sangre en Panamá sigue siendo una tarea personal.
Literalmente. Cuando un paciente necesita una transfusión, el hospital no la garantiza: le dice cuántas unidades debe “reponer” y lo manda a buscarlas. A veces ni siquiera para él, sino para el siguiente en la fila.






Diez años después, la historia se repite. Otro contrato millonario, otro discurso de modernización y las mismas dudas. Entregar laptops a escuelas sin electricidad ni internet es como repartir paraguas en el desierto. Y cuando se le cuestiona,responde con su frase de caballito de batalla: “Si hay corrupción, que la prueben.”






La historia del cannabis medicinal refleja al país: se legisla para la foto, se promete salud pública y luego se profundiza el vacío. En 2017, el diputado Pepe Castillo presentó el primer proyecto; buenas intenciones, poca estructura. En 2018 surgió otro, el 149, que tampoco prosperó, pero marcó un cambio: los pacientes comenzaron a organizarse y a hablar públicamente de su uso. En un país que aún los trata como criminales, eso fue un acto de valentía.




La casa de Noriega pudo ser una oportunidad para contar cómo el dictador se entregó en 1990 en la Nunciatura Apostólica, cómo fue extraditado, juzgado, condenado; cómo su régimen marcó la vida de miles de panameños.








El gobierno volvió a taparse los oídos y abrió la licitación para gastar 230 millones en laptops y licencias Microsoft. Y digo taparse, porque Lucy ya había intentado esa compra con un convenio chueco que el contralor no refrendó. Ahora lo venden como licitación, pero seguimos sin ver el estudio que pruebe que esto mejora la educación.




En Panamá recortan ciencia y educación, se hacen los locos con universidades que convirtieron en botines, construyen pabellones de tenis en villas presidenciales, y levantan hospitales de mascotas mientras la gente no tiene hospitales decentes. La falta de prioridades no es un chiste: es un insulto.


