Por: Esperanza Villalobos.
En el artículo 35 de la Constitución, se establece que en Panamá se es libre de profesar todas las religiones, pero con respeto a la moral cristiana y reconociendo que la religión católica es la religión por elección de la mayoría de los panameños.
En 2022, el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) publicó una encuesta donde 65% de los participantes respondieron ser cristianos católicos. Es un número que se ve reflejado en nuestras leyes durante festividades como la Semana Santa, reconocida en el Código de Trabajo como días de descanso obligatorio, tanto para creyentes como no creyentes.
Últimos artículos
Por: Rodrigo Noriega, abogado
Los hermanos Eloy Antonio y César Ávila Vega han cumplido 14 años de prisión por el asesinato de una mujer, Marisol Angelina Barría Rodríguez, en diciembre de 1997. Fueron condenados en derecho por un Tribunal Superior en el año 2009, a pesar de que la ciudadana Marisol Barría está viva.
Por: Essdras M. Suarez
Al final del puente marino del Corredor Sur, entrando a Costa del Este por el Paseo del Mar y justo después del puente sobre el río Matías Hernández, se esconde una joya que muchos pasan por alto: el Mirador de los Humedales de la Bahía de Panamá.
Por: Rubén Blades
Panamá no avanzará jamás en la dirección correcta hasta que aceptemos que nuestra cobardía es la responsable del presente y deficiente estado administrativo de la cosa pública. Nosotros, con hipocresía, silencio y miedo a las consecuencias de enfrentar y reformar lo que criticamos, hemos permitido y continuamos permitiendo que la corrupción y la mediocridad politiquera mal administren y eructen el futuro nacional.
Todas nuestras columnas
con Rodrigo Noriega
Análisis jurídico que confronta el discurso oficial. Argumentos sobre consignas.
con Rodrigo Noriega
Hechos, cifras y contexto. Menos ruido, más precisión.
con Flor Mizrachi
Preguntas que otros evitan.
con Rodrigo Noriega
Memoria para entender el presente. El pasado que explica todo.
con Rubén Blades
Mirada crítica sobre país, cultura y poder.
con Esperanza Villalobos
Preguntas incómodas de lo absurdo que ya normalizamos
con Carlos Barsallo
Reflexión sobre Estado de derecho e institucionalidad.
con Diputado 72
Poniendo la lupa sobre los temas que muy poco se tocan a fondo.
Investigación profunda y contextual. Más allá del titular.
La fauna con la que convivimos en la ciudad, retratada sin jaulas ni filtros.
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Por: Rubén Blades
Frente a la vista de todos se desarrolla la mentira, con su ropaje de oficial solemnidad y olor a carro nuevo, maquillada por expertos sofistas al servicio de la continuidad de un sistema administrativo fallido. La mayoría del país o lo sabe o lo presiente, y aun así vivimos quejándonos sin hacer nada por verdadera y definitivamente cambiar eso que produce nuestro lamento y descontento.
Por: Rodrigo Noriega, Abogado
Lo que parecía estar destinado a ser una transición rápida en la operación de los puertos de Balboa y Cristóbal por parte de la concesionaria Panamá Ports Company S.A., para entregarlos a la administración temporal de la empresa AP Moller, filial de Maersk, empieza a convertirse en una pesadilla jurídica y política para el gobierno de Panamá.
En Panamá, la calle no se comparte: se pelea. El peatón pone un pie en la calle y asume que el carro frenará. El conductor ve a alguien intentando cruzar y asume que se quitará. Ambos asumen tener prioridad. Ambos se enfurecen. Y muchas veces ambos juegan a lo mismo: a que el otro ceda primero.
En Panamá, la calle no se comparte: se pelea.
El peatón pone un pie en la calle y asume que el carro frenará. El conductor ve a alguien intentando cruzar y asume que se quitará. Ambos asumen tener prioridad. Ambos se enfurecen. Y muchas veces ambos juegan a lo mismo: a que el otro ceda primero.
La ley, de hecho, es bastante menos emocional que la calle. El peatón debe obedecer las señales y cruzar por esquinas, líneas de seguridad, semáforos o pasos habilitados. Solo ahí tiene prioridad. Pero eso tampoco significa que el conductor mande siempre: si hay paso peatonal o semáforo, le toca ceder. No acelerar. No tirar el carro. No jugar al “pasa si te atreves” o “quítate que voy yo”.
El problema es que aquí cada quien interpreta la vía según su apuro.
Hay conductores que ven el paso de cebra como decoración urbana. Otros creen que prender las intermitentes les da patente de corso: parar donde sea, bloquear, invadir, estorbar y hacer lo que les da la gana, pero con luces. Y también hay peatones que se tiran por cualquier punto como si tener la razón los protegiera, al menos, del accidente.
Porque hay una verdad más seria que cualquier discusión legal: la física no debate. Un carro contra un cuerpo no termina en empate.
Y los datos lo dejan claro. Entre 2014 y 2018 se registraron 2 mil 81 muertes por accidentes de tránsito en Panamá, y 927 fueron peatones: 44% del total. En 2016 representaron 45.2% de las víctimas fatales.
No era solo un problema de hace una década. En 2024 se registraron más de 275 muertes por siniestros viales en el país. Las causas se repiten: exceso de velocidad, distracción, irrespeto a los pasos peatonales y una infraestructura urbana que sigue tratando al peatón como si no existiera.
Y ahí está la otra parte del problema. No todo se explica por imprudencia individual. También está la ciudad: aceras rotas, cruces mal ubicados, avenidas larguísimas sin pasos cercanos, paradas que obligan a cruzar a la buena de Dios, puentes lejanos o inseguros, calles mal iluminadas. Muchas veces el peatón no cruza mal por gusto, sino porque la ciudad fue diseñada como si caminar fuera una rareza.
Eso no lo exonera. Pero sí deja claro que el problema no es de una sola cabeza.
Por eso la discusión sobre quién tenía el derecho de vía suele empezar mal. Eso no se decide por coraje, apuro ni bocina. Depende de dónde y cómo se cruza. No es “yo pensé que”. Es una regla.
La prioridad existe. La ley la define. La ciudad debería facilitarla y la autoridad hacerla cumplir. Pero aquí casi nadie quiere ceder, y la infraestructura tampoco ayuda. Por eso la discusión sobre quién tenía la razón suele llegar tarde: contra la física, el argumento pierde.
Por: Flor Mizrachi
Periodista
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