Por: Flor Mizrachi
En el papel, este puesto de salud “avanza”, “se transforma” y “recibe inversión”. En la realidad, no tiene agua potable. Y sin agua no hay higiene, no hay atención digna y no hay salud pública.
Por: Rubén Blades
El pueblo se inscribe en partidos políticos, vota por sus candidatos corruptos y no cree ser capaz de alterar el ciclo del cual se queja. Sin posibilidad de recibir respuestas satisfactorias dentro del sistema por el cual vota, la gente abandona la opción electoral ofrecida por la democracia y considera otras alternativas, como regímenes dictatoriales, autoritarios o abiertamente corruptos, con tal de que ofrezcan seguridad y una sensación de "orden".
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Por: Esperanza Villalobos.
¿Por qué nos parece tan impensable hablar de un carnaval sin mojadera? Es una pregunta difícil de responder porque esta demostración de nuestro recurso más abundante, y del que más nos hace falta, no existía hasta poco antes de los 80, pero llegó para hacerse una tradición. Entre los documentos digitalizados de la Biblioteca Nacional está el libro del Órgano de la Junta del Carnaval de 1923. En él hablan de que el carnaval se celebra apenas desde 1910 oficialmente, y se puede leer: “Hoy el Carnaval de Panamá no tiene nada que envidiarle a los Carnavales de otros países. En él toman parte todos los habitantes de la ciudad, sin excepciones, desde la más distinguida dama hasta la más humilde obrera”. Se habla de cómo incluso las juntas de carnaval de la Zona del Canal y las juntas nacionales, por ese breve momento, mantenían cordialidad y cooperación entre panameños y americanos. Sin mojadera.
Por: Rodrigo Noriega, abogado
Desde el año 2017, la Corte Suprema de Justicia ha declarado en cuatro ocasiones la inconstitucionalidad de contratos leyes que otorgaban concesiones para explotar recursos del Estado panameño. La seguidilla de fallos hace evidente que hay un problema fundamental con la negociación de esta clase de contratos, así como con la tutela de los derechos y garantías de todos los panameños y panameñas.
Por: Essdras M. Suarez
Es la clase de lugar que da la sensación de que siempre está pasando algo, incluso cuando aparenta ser un paraje vacío e inerte. Pero, en realidad, todo lo que se necesita para descubrir esta pequeña cornucopia de vida silvestre es un poco de curiosidad y la decisión de explorar más allá del primer vistazo, bajar la velocidad y observar con calma.
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Por: Carlos Barsallo, Abogado
Queremos transparencia, pero elegimos a quien reparte favores. Exigimos meritocracia, pero justificamos el clientelismo. Pedimos justicia independiente, salvo cuando alcanza a los nuestros.
Por: Flor Mizrachi
Contrapeso tiene en exclusiva la primera lista. Los incluidos figuran ahí, según las fuentes oficiales, porque ellos o sus organizaciones han recibido o reciben fondos vinculados al Partido Comunista Chino, con el objetivo de influir en la opinión pública y empujar la agenda de China en Panamá.
En 2024, el IDAAN tuvo 39 contratos con 14 empresas para suministro de agua en cisternas; el gasto fue de al menos $23.8 millones. Eso no es un “apoyo”; eso es un mercado. Un mercado que solo existe porque el servicio público no cumple lo básico: agua por tubería, sin milagros, sin favores.
En Panamá, el carro cisterna no es “la solución”. Es el negocio que florece cuando el sistema de agua falla. Y lo peor: es un negocio que el Estado aprendió a financiar sin pudor, crisis tras crisis, comunidad tras comunidad, a través de contratos recurrentes.
Aquí, cuando el agua falla, no llega el plan. Llega el camión. Y cuando llega el camión, llega el contrato.
En 2024, el IDAAN tuvo 39 contratos con 14 empresas para suministro de agua en cisternas; el gasto fue de al menos $23.8 millones. Eso no es un “apoyo”; eso es un mercado. Un mercado que solo existe porque el servicio público no cumple lo básico: agua por tubería, sin milagros, sin favores.
Y como todo mercado, se organiza: la empresa Zupri, por ejemplo, concentró una porción grande del pastel (alrededor de $9 millones) y, detrás, hay juntas directivas y vínculos que ameritan más lupa pública que aplausos institucionales.
Además, en el debate público es recurrente el señalamiento de vínculos políticos detrás de varias empresas de cisternas. Más allá de nombres propios, la pregunta es institucional: ¿qué incentivos tiene el Estado para resolver una crisis cuando hay actores con influencia política que ganan con que esa crisis se mantenga?
La fórmula es vieja. Casi elegante, si no fuera tan indecente:
El sistema colapsa (por infraestructura, mantenimiento, planificación… o por todo lo anterior).
La gente protesta.
El Estado “responde” con cisternas. Emparcha.
Se paga la emergencia como si fuera política pública.
Se normaliza la solución provisional.
Y así, el próximo colapso ya viene con proveedor recomendado.
¿Quién pierde?
El ciudadano, que termina viviendo en modo contingencia permanente.
¿Quién gana?
El que vende la contingencia como solución.
Es estructural. Los Censos 2023 retratan la dependencia como una realidad instalada: 21,985 viviendas dependen del abastecimiento por cisterna. Y no es un dato “rural y remoto”: el número está repartido entre urbano y rural, lo cual indica que el problema no es solo geográfico, sino de gestión.
Desde hace décadas tenemos un país con decenas de miles de hogares esperando un camión para algo tan elemental como agua potable. Eso ya no es una “contingencia”. Es un modelo.
La crisis también se administra con deuda. Y cuando el negocio aprieta, el Estado ni siquiera paga a tiempo. El servicio se ha visto interrumpido por una deuda del IDAAN con proveedores que rondaba los $52 millones. Eso significa camiones que no llegan, rutas suspendidas y comunidades —incluidos hospitales y escuelas— esperando agua porque no hubo pago.
Aquí la pregunta no es solo “¿cuánto se paga?”, sino ¿cómo se fiscaliza? El abastecimiento depende de rutas, viajes y volúmenes, y por eso el margen para el desorden —o para el “juega vivo”— es gigantesco. El propio Gobierno ha advertido de posibles fraudes en el reparto por cisternas.
Lo más grave es que ya lo están planificando como política de largo plazo. Si esto fuera realmente una “emergencia”, no se contrataría como si fuera un servicio estable. Pero hay señales claras de lo contrario: el IDAAN proyecta alquilar cisternas por 36 meses, incluso con flotas nuevas (modelos 2026–2027).
Traduzco: la emergencia ya tiene cronograma y especificaciones técnicas.
Y cuando la crisis se agenda a tres años, deja de ser crisis. Pasa a ser negocio asegurado.
Por: Flor Mizrachi
Periodista
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