Por: Esperanza Villalobos.
Rufina Alfaro, un corregimiento de San Miguelito, está colapsando, pero su historia se parece a la de otras barriadas dentro de una ciudad que parece crecer desordenadamente. En 2024 empezó a operar la Policlínica Dra. Cecilia Guerra de la Caja de Seguro Social, ubicada en San Antonio. Desde entonces, en las horas de la mañana, cuando los residentes salen de sus casas a trabajar y llegan los pacientes de la policlínica, que no tiene suficientes estacionamientos para su personal y sus visitantes, el tranque los recibe en la puerta de su hogar.
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Por: Rodrigo Noriega, abogado
El principal pilar para la detección del blanqueo de capitales y otros delitos financieros es la Unidad de Análisis Financiero para la Prevención del Delito de Blanqueo de Capitales y Financiamiento del Terrorismo, que funciona en el Consejo de Seguridad Pública y Defensa Nacional bajo el control de la Presidencia de la República. Desde su creación en 1995, ningún mandatario de la era democrática ha querido despojarse del poder de conocer el movimiento de dinero por transacciones bancarias en el país.
Por: Rodrigo Noriega, Abogado
El pasado domingo 17 de mayo, el expresidente Martín Torrijos Espino oficializó su nuevo partido político Unidos para la Nueva Era (UNE), con vistas a participar en el torneo electoral de 2029. En la práctica, esto significa que el expresidente Torrijos ha visibilizado su intención de competir como candidato presidencial en dicha elección. ¿De dónde provendrían sus votos?
Por: Essdras M. Suarez
Uno cree que ya conoce su ciudad y a sus habitantes, y que pocas cosas pueden sorprenderlo. Pero hace poco conocí, en una tranquila calle de Altos del Romeral, a alguien verdaderamente extraordinaria: Ileana Cotes, educadora, conservacionista y apasionada defensora de las aves rapaces.
Su hogar alberga el Refugio de Vida Silvestre Jason, un pequeño santuario donde conviven búhos, lechuzas y otras rapaces que han sobrevivido al choque, a veces brutal, entre la naturaleza y el ser humano.
Todas nuestras columnas
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Análisis jurídico que confronta el discurso oficial. Argumentos sobre consignas.
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Preguntas incómodas de lo absurdo que ya normalizamos
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Reflexión sobre Estado de derecho e institucionalidad.
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Poniendo la lupa sobre los temas que muy poco se tocan a fondo.
Investigación profunda y contextual. Más allá del titular.
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En la prueba internacional del cociente intelectual de 2026, Panamá ocupó el puesto 115 de 137 países reconocidos por la prueba. Aunque esta medición solo da un parámetro de la inteligencia humana, confirma una tendencia sostenida en pruebas y evaluaciones internacionales en distintos campos que señalan a Panamá como un país en el cual el mejor conocimiento no siempre es tomado en cuenta en la vida cotidiana y en acciones de mucha relevancia.
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Hoy, la franja del Canal genera cerca del 85% del PIB nacional. Concentrar un gasoducto en este mismo eje no es modernización, sino una redundancia riesgosa.



Decir que “se están matando entre ellos” es una forma rápida de explicar la violencia. Y una forma cómoda de no mirarla completa. Panamá cerró abril con 193 homicidios en 2026: 42 en enero, 36 en febrero, 53 en marzo y 62 en abril. Abril fue, hasta ese momento, el mes más violento. Frente al mismo período de 2025, los homicidios subieron un 7%.
Decir que “se están matando entre ellos” es una forma rápida de explicar la violencia. Y una forma cómoda de no mirarla completa.
Panamá cerró abril con 193 homicidios en 2026: 42 en enero, 36 en febrero, 53 en marzo y 62 en abril. Abril fue, hasta ese momento, el mes más violento. Frente al mismo período de 2025, los homicidios subieron un 7%.
Para el 13 de mayo ya había 214 víctimas a nivel nacional. Mayo acumulaba al menos 21 homicidios en sus primeros 13 días.
No es percepción. Ni ansiedad colectiva. Los números son reales y sí hay más muertos.
La explicación oficial apunta a pandillas, narcotráfico, tumbes y otras actividades criminales. Y puede ser. Según las autoridades, más del 76% de los homicidios está vinculado a bandas y grupos delincuenciales.
Pero aunque todos los muertos fueran miembros de bandas —y no lo son— el problema seguiría siendo de todos. Una bala no distingue entre objetivo y testigo. No sabe si quien está al lado es estudiante, médico, paciente, conductor, pasajero o vecino. El sicario puede ir por una persona; el riesgo lo corre cualquiera que esté cerca.
Y ya está pasando.
Un joven de 14 años, estudiante del Abel Bravo, fue asesinado en Colón. Era deportista y disciplinado. En la Domingo Díaz, un ataque armado dejó muertos a un conductor de plataforma y a su pasajero. El blanco era el pasajero, pero murieron ambos.
Esa es la violencia real: puede tener un objetivo, pero no tiene límites.
En San Miguelito, el Centro de Salud Amelia Denis de Icaza tuvo que reducir su horario. Antes atendía hasta las 11:00 de la noche; ahora cierra a las 8:00 p.m. Médicos, enfermeras y pacientes han tenido que resguardarse.
Eso cambia la conversación.
Cuando un centro de salud cierra por miedo, el sistema realmente fracasó. Ya no estamos hablando solo de pandillas. Estamos hablando de pacientes sin atención, personal médico expuesto y comunidades que pierden servicios básicos que ya eran precarios.
Lo mismo ocurre con la economía diaria. El restaurante que cierra temprano, el minisúper que baja la reja, el conductor que cambia de ruta, la familia que deja de salir o el empresario que calcula si abrir vale el riesgo no aparecen en la estadística de homicidios. Pero ahí también se mide la inseguridad.
La violencia no se queda donde ocurre. Se expande. Golpea la reputación del país, el turismo, la inversión y la vida de quienes dependen de abrir, vender, cocinar, manejar, atender, cobrar y regresar vivos a sus casas.
Por eso decir que es “entre ellos” es una justificación barata.
No porque no existan pandillas. No porque todas las víctimas sean inocentes. Sino porque cuando el Estado pierde territorio, lo pierde para todos: en la calle por donde ya no se camina tranquilo, en el centro de salud que cierra antes, en la escuela que enseña rutas de cuidado antes que confianza.
Si aceptamos que “son ellos”, después aceptaremos calles por donde no se pasa, horarios en los que no se sale, barrios que no se visitan y servicios que no pueden funcionar. Así se instala un toque de queda sin decreto: no lo firma el Estado, lo impone el miedo.
La obligación del Estado no es proteger solo a los inocentes que puedan demostrarlo. Es defender la vida, honra y bienes de todos los habitantes.
El Gobierno puede hablar de tumbes, retaliaciones, droga falsa, puertos contaminados, sicariato y pandillas fragmentadas. Todo eso puede ser cierto. Pero, de nuevo, no basta.
Explicar no es controlar. Controlar es cuidar.
Y si después de cada operativo vienen más muertos, después de cada captura hay más balas y después de cada discurso hay más barrios encerrados, la pregunta surge sola: ¿hay estrategia o solo diagnóstico?
Panamá no puede acostumbrarse a contar muertos como daños colaterales de una guerra ajena. No hay guerra ajena cuando la bala pasa por la calle de todos.
Decir “son entre ellos” no es una explicación. Es una rendición mediocre.
Por: Flor Mizrachi
Periodista
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