Carbono negativo: el privilegio ambiental de Panamá
26 de Septiembre de 2026
Por: Rodrigo Noriega
Abogado
Exclusivo para Contrapeso
En su discurso ante la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, el pasado martes 22 de septiembre, el presidente José Raúl Mulino no mencionó la palabra “minería”, pero sí empleó el término carbono-negativo en el párrafo 19 de su presentación. Ese término alude a un balance contable en el cual la producción total de los gases que causan el cambio climático en un país es menor que la absorción de dichos gases por los pastos marinos, arrecifes de coral, manglares y bosques continentales de ese país. El presidente Mulino invocó el término para reclamar alguna forma de compensación para Panamá por esa condición.
De acuerdo con el World Economic Forum, hay 8 países carbono-negativos en el mundo: Bután, Comoros, Gabón, Guyana, Madagascar, Niue, Panamá y Surinam. Probablemente, cuando se actualice la lista, Guyana tendrá que salir por su producción de petróleo. La condición de carbono-negativo representa una gran ventaja significativa para la economía panameña. Debido al Acuerdo de París de 2015, todos los países del mundo deben alcanzar la carbono-neutralidad para el año 2050. Para la gran mayoría de los países, esto implica medidas económicas y sociales importantes. Algunos países han adoptado o están en proceso de aplicar tasas o impuestos al dióxido de carbono. Panamá no está en esa situación.
El gran riesgo
Aunque algunos especialistas internacionales y entidades científicas tenían la sospecha de que Panamá podía ser carbono-negativo, dado que el país invierte muy poco en investigación científica, ese dato no se había podido confirmar. En el año 2021, la científica mexicana Zulclady Araujo pudo determinar la carbono-negatividad panameña para un proyecto que se realizó para el Ministerio de Ambiente. La revelación de ese dato fue el equivalente a un terremoto en la pequeña comunidad de científicos climáticos latinoamericanos. Los héroes de la carbono-negatividad panameña son los bosques, sobre todo los de las áreas protegidas y, en particular, la vegetación marino-costera: manglares, arrecifes de coral y pastos marinos.
La doctora Araujo hizo su análisis con data del año 2017. En ese escenario quedó claro que, si el gobierno de Panamá no adopta las políticas públicas apropiadas, la carbono-negatividad se perdería en el año 2040. Sin embargo, una actualización del estudio reveló que, si la gigantesca planta generadora de electricidad a base de carbón, de 300 MWh, de la mina de cobre de Donoso alcanzaba su utilización plena, Panamá podría perder su carbono-negatividad mucho más rápidamente, posiblemente en esta misma década. El fallo de la Corte Suprema de Justicia del 28 de noviembre de 2023 detuvo el reloj.
El sistema internacional de gobernanza climática no había estipulado medida alguna, recompensa o transferencia económica a favor de los países que son carbono-negativos. Esa ausencia de un incentivo económico es la mayor presión sobre la carbono-negatividad. Precisamente por esto, el reclamo del presidente Mulino en la ONU fue correcto: Panamá y los otros países carbono-negativos deben ser especialmente recompensados. Una iniciativa podría ser una reducción de la deuda pública panameña a cambio de preservar la carbono-negatividad. Otra forma de compensación podría ser la adopción de un fideicomiso internacional que financie la conservación de dicha carbono-negatividad y de la biodiversidad panameña. Esto último fue parte de la propuesta esbozada por el presidente Mulino.
Los sinsentidos
La actual desviación de Estados Unidos y otras potencias del cumplimiento de sus obligaciones climáticas es una situación temporal que cambiará muy probablemente en el año 2029, cuando tome posesión otro mandatario en ese país. Es importante tomar nota de esto porque las medidas que se adopten a partir de 2029 para combatir el cambio climático van a ser mucho más estrictas. Panamá no puede formular políticas públicas con la actitud de que mañana será igual que ayer. Aquí entran en juego los propios sinsentidos panameños.
Se aprecia que el presidente Mulino no mencionó la minería en su discurso, pero la decisión de reabrir la mina va a media marcha y supuestamente será formalizada a finales del presente año. Las mismas personas que convencieron al presidente Mulino de meter el tema de la carbono-negatividad panameña en su discurso saben perfectamente el impacto que tendrá sobre esa condición la planta de carbón de la mina si se le pone a trabajar a toda máquina. Además, hay proyectos de ley, como el del diputado Benicio Robinson, que quieren permitir la destrucción de recursos marino-costeros tan vitales como los arrecifes de coral.
Panamá estaba enrumbada hacia una matriz energética dominada por las fuentes limpias, pero en la última década se ha aumentado el uso del gas natural y, por supuesto, de una planta de carbón. Este país tiene al menos 1.74 millones de automóviles en circulación, casi todos de gasolina y diésel. Esa es una enorme fuente de contaminación de gases que causan el cambio climático. El país tiene que facilitar la adquisición y circulación de vehículos eléctricos y mejorar significativamente el transporte público para que sea confiable y seguro y así hacer innecesario el uso de un automóvil personal la mayor parte del tiempo.
La agenda
Dado que el gobierno del presidente Mulino puso el tema en atención de la comunidad internacional, es importante, para la credibilidad de Panamá, darle un seguimiento intenso. En el gobierno pasado hubo una oferta de 1,600 millones de dólares para conservar el Parque Nacional Chagres a cambio de sus créditos de carbono. Eso demuestra que la carbono-negatividad puede ser monetizada, pero se debe hacer de forma responsable, dado que, en el esquema actual de gobernanza climática, si Panamá vende sus créditos de carbono equivalentes al monto por el cual somos carbono-negativos, entonces, para efectos contables, perderíamos esa condición y tendríamos que adoptar políticas públicas mucho más exigentes en materia ambiental y energética que en la actualidad.
El país tiene que retomar una agenda de primera línea enfocada en más energía limpia, mucha más reforestación, la protección reforzada de nuestros recursos marino-costeros, una transformación tecnológica de la agricultura y ganadería, así como el procesamiento inteligente de la basura. Esas iniciativas ayudarían a mantener nuestra carbono-negatividad. Sin embargo, la mayor decisión que impactará nuestra condición de país carbono-negativo es la reapertura de la mina. De esa decisión depende una parte importante del futuro discurso del presidente Mulino ante la comunidad internacional en el año 2027. “Decidimos como país fomentar la carbono-negatividad para garantizar nuestro futuro y contribuir al bienestar del planeta” o “sacrificamos nuestra carbono-negatividad para aplacar a las agencias calificadoras de crédito y a la banca internacional”.
Este artículo fue escrito sin usar IA y con mucha ayuda de Wikipedia...
Más de El Archivo Vivo