El ritual de la corrupción. Índice de percepción, repetición y desgaste
10 de Febrero de 2026
Exclusivo para Contrapeso
Imaginemos el titular de mañana: “Panamá baja/sube/se mantiene en el IPC.” ¿Y pasado mañana? Silencio.
Hoy, 10 de febrero de 2026, se presentan en todo el mundo los resultados del Índice de Percepción de la Corrupción 2025 elaborado por Transparency International. Es el índice que mide la gran corrupción, es decir, el abuso del poder confiado para obtener beneficios privados.
Este texto, sin embargo, no analiza esos resultados. Fue escrito antes de su divulgación y precisamente por eso: porque lo que aquí se plantea ocurre todos los años, independientemente de si el puntaje sube, baja o se mantiene. No es un artículo sobre el número. Es una reflexión sobre el ritual que lo rodea y sobre lo que ese ritual dice —y deja de decir— sobre nosotros.
Como referencia, en 2024 Panamá obtuvo 33 puntos sobre 100 (35/100 en 2023), su calificación más baja en la última década. Panamá ocupó la posición 114 de 180 países (108 de 180 en 2023).
En los últimos 10 años, Panamá ha fluctuado entre 33 y 37 puntos, pero ¿cuántas reformas anticorrupción reales se han implementado?
Para contexto, la calificación media en América es 43. Finlandia, que obtuvo en 2024 el segundo mejor puntaje después de Dinamarca, exige a su gobierno mejoras efectivas en el combate real contra la corrupción.
Hoy conoceremos un nuevo resultado. Pero la pregunta relevante no es solo qué sucederá hoy, sino qué vuelve a suceder cada año.
El IPC como ritual: previsibilidad que anestesia
Las imágenes que se divulgan dicen mucho sin decir nada nuevo: “Reserva la fecha”, “estén atentos”, mapas mundiales coloreados, hashtags.
Cada año, el mismo libreto. La publicación del Índice de Percepción de la Corrupción se ha convertido en un evento tan necesario como predecible, casi ceremonial, que ya no interpela ni incomoda lo suficiente. Y eso es grave.
La previsibilidad no genera presión; genera anestesia.
Cuando el resultado es esperado, la reacción se diluye.
Y cuando la reacción se diluye, el poder aprende que no pasa nada.
En el caso de Panamá, el problema no es solo el puntaje —si sube, baja o se estanca—, sino el ciclo repetido sin consecuencias reales:
• Se publica el índice.
• Se comenta unos días.
• Se buscan explicaciones externas.
• Se pasa la página.
Y al año siguiente, lo mismo.
2. Medir no es cambiar (y fingir que sí lo es, es peor)
Conviene desmontar una confusión peligrosa: medir no equivale a transformar.
El IPC es un instrumento útil y necesario. Pero no es una política pública, no es una reforma institucional, no es una sanción ni una corrección de incentivos. Es un termómetro.
Un país que se limita a mirar el termómetro —con atención intensa durante unos días y desinterés el resto del año— sin tratar la enfermedad no está fallando por ignorancia, sino por comodidad.
Ahí aparece el desgaste: cuando se repite año tras año el mismo ejercicio sin voluntad de ir más allá, el índice deja de ser una herramienta y pasa a ser una coartada.
“Al menos estamos siendo evaluados.”
“Al menos estamos en la conversación.”
Ese “al menos” es el síntoma de un conformismo comprensible, pero inadmisible.
3. El mayor daño: la ilusión de estar haciendo algo
El verdadero peligro no es un mal resultado. Es la ilusión de que participar en el ritual equivale a combatir la corrupción.
En ese punto, el índice deja de ser neutro y se vuelve funcional al statu quo, porque permite:
• a autoridades simular preocupación,
• a actores sociales repetir consignas,
• a la opinión pública sentir que el tema ya fue atendido.
Todo ello sin tocar estructuras de impunidad, diseños institucionales defectuosos, incentivos perversos ni responsabilidades personales.
El resultado es una maquinaria que gira en vacío: ruido, visibilidad y discursos, pero ningún cambio medible en los factores reales que alimentan la corrupción.
4. Fatiga ciudadana y costo moral de la repetición
Hay también un costo humano y cívico que rara vez se menciona.
Cuando año tras año el diagnóstico no cambia, los responsables no se mueven y las reformas no llegan —o llegan cargadas de excepciones que las vacían de contenido—, el ciudadano deja de indignarse.
No porque la corrupción no le importe. Todo lo contrario: según encuestas del CIEPS, sigue considerándola uno de los principales problemas del país. Pero muchos ya no quieren seguir siendo parte de lo que perciben como una puesta en escena.
Esa fatiga es peligrosa porque debilita la presión social, normaliza el cinismo y convierte la corrupción en un ruido de fondo inevitable. Ya la vemos en la encuesta de CIEPS de 2025, en la cual 62 % de los encuestados considera que la corrupción ha aumentado mucho, y una amplia mayoría cree que la corrupción no se investiga de forma efectiva y que denunciar conlleva riesgos personales.
Celebrar subir dos puntos o dos posiciones puede terminar pareciéndose al estudiante que el año pasado sacó 1.9 y este año anuncia con orgullo que llegó a 2.0.
5. Denunciar la corrupción no basta: hay que denunciar el teatro anticorrupción
Nada de esto es un ataque al Índice ni a Transparency International. Todo lo contrario. El IPC es un referente mundial, con una metodología pública, revisada periódicamente, autoconsciente de sus limitaciones y en permanente mejora. Merece apoyo y atención.
Pero también merece honestidad.
Porque sin consecuencias, sin reformas concretas y sin cambios verificables, la repetición anual termina beneficiando más a quienes no quieren cambiar nada que a quienes dicen combatir la corrupción.
La pregunta incómoda sigue siendo válida:
¿En Panamá importa el índice, o importa solo aparentar que nos importa?
Hay que proponerse mejorar con metas realistas y basadas en datos. Imitar a los que han logrado en un año cambiar positivamente su puntuación y posición en el índice. Hay ejemplos como Georgia o Ruanda, que subieron significativamente en pocos años con reformas focalizadas.
6. Dejar de legitimar la ficción
Quienes están informados y quienes ocupan espacios de influencia deberían preguntarse si su participación contribuye a transformar la realidad o a legitimar un proceso vacío.
En este sentido, resulta pertinente recordar la advertencia de Anand Giridharadas sobre el riesgo de los gestos bien intencionados que tranquilizan conciencias, pero no alteran estructuras.
No se trata de abandonar la medición.
No se trata de callar.
No se trata de destruir instrumentos.
Se trata de rechazar la comodidad del ritual y de desplazar la discusión del puntaje al sentido, del ranking a la responsabilidad, del “ya viene” al “¿para qué?”.
Para quienes quieran profundizar —más allá del comentario anual— dejo al final algunos trabajos previos con explicaciones detalladas sobre el índice, sus resultados comparativos y, sobre todo, sobre qué podría hacerse de manera concreta. Incluso, algunas de estas ideas fueron presentadas a candidatos presidenciales en 2024 y recogidas parcialmente en sus planes de gobierno.
Porque cuando un ritual se repite sin consecuencias, deja de ser una herramienta y se convierte en una coartada.
Propongo: en lugar de solo comentar el puntaje y la posición, exijamos a las autoridades encargadas un plan con plazos y métricas.
7. Para profundizar
Quien desee profundizar en el Índice de Percepción de la Corrupción, su metodología, la evolución de Panamá en los últimos años y propuestas concretas para mejorar, puede consultar los siguientes trabajos previos:
• Palabras pronunciadas en el acto de presentación de los resultados del Índice de Percepción de la Corrupción 2019, Transparency International – Panamá.
Disponible en: https://barsallocarlos.blogspot.com/2020/01/panama-palabras-pronunciadas-acto.html
• Índice de Percepción de la Corrupción 2021 de Transparency International y Panamá.
Disponible en: https://barsallocarlos.blogspot.com/2022/01/ndice-de-percepcion-de-corrupcion-2021.html
• Índice de Percepción de la Corrupción 2023 de Transparency International y Panamá. Del autoengaño a la irrelevancia y a la esperanza.
Publicado en X el 31 de enero de 2024.
Este material —junto con un plan de acción concreto con plazos y métricas— fue presentado a candidatos presidenciales durante el proceso electoral de 2024. Algunas de estas ideas fueron incorporadas, total o parcialmente, en sus propuestas de gobierno.
Por: Carlos Barsallo
Abogado
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