La derecha aprendió de la izquierda
17 de Octubre de 2026
Por: Raniero Cassoni, consultor de estrategia política
Exclusivo para Contrapeso
La primera vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil ha colocado nuevamente en el centro del debate la capacidad de organización de las distintas corrientes políticas. La competencia entre Flávio Bolsonaro y Luiz Inácio Lula da Silva invita a mirar más allá de las candidaturas y preguntarse qué está ocurriendo con la reorganización de las redes de poder en América Latina.
Durante buena parte de las últimas décadas, la izquierda latinoamericana comprendió que la disputa por el poder no terminaba en las fronteras nacionales. La construcción de alianzas, el intercambio de experiencias, la solidaridad entre dirigentes y la articulación de organizaciones políticas formaron parte de una tradición internacionalista que contribuyó a sostener proyectos ideológicos más allá de sus respectivos países.
El Foro de São Paulo, constituido en 1990 por iniciativa del Partido de los Trabajadores de Brasil y con la participación de organizaciones de izquierda de la región, representó una expresión de esa capacidad de articulación. Posteriormente, la llegada al poder de Hugo Chávez, Lula da Silva, Néstor Kirchner, Evo Morales y Rafael Correa abrió una etapa de cooperación entre gobiernos y movimientos políticos, aunque con diferencias importantes entre sus proyectos.
Esa cooperación no se limitó a encuentros diplomáticos. En determinados procesos electorales también se expresó mediante respaldos públicos, intercambios de experiencias y participación de dirigentes extranjeros. El apoyo de Hugo Chávez a Ollanta Humala durante las elecciones peruanas de 2006 constituye uno de los ejemplos más visibles de intervención política internacional en una contienda electoral.
La derecha latinoamericana también desarrolló vínculos internacionales, pero durante años estos parecieron expresarse principalmente mediante relaciones gubernamentales, afinidades económicas y espacios de cooperación institucional. Dirigentes como Álvaro Uribe y Sebastián Piñera compartían determinadas posiciones ideológicas, sin que ello se tradujera necesariamente en una cooperación electoral pública y permanente entre sus organizaciones.
Sin embargo, esa dinámica comenzó a transformarse. La aparición de nuevos liderazgos conservadores, nacionalistas y liberales de derecha, junto con el fortalecimiento de espacios como CPAC y Foro Madrid, ha contribuido a internacionalizar la articulación política de estos sectores. La cooperación dejó de limitarse al intercambio de ideas para incorporar encuentros de dirigentes, narrativas compartidas y mecanismos de respaldo político.
Lo que durante años fue una característica visible de determinadas organizaciones de izquierda comenzó a encontrar expresiones equivalentes en sectores de la derecha. No se trata necesariamente de una copia ideológica, sino de una adaptación de métodos de organización y construcción de poder. En política, las organizaciones también aprenden de sus adversarios.
Las elecciones recientes permiten observar esta nueva configuración regional. El triunfo de Javier Milei en Argentina en 2023, la victoria electoral de Daniel Noboa y el ascenso de José Antonio Kast en Chile forman parte de un escenario de creciente visibilidad de distintas expresiones de derecha. Las trayectorias de Abelardo de la Espriella en Colombia y Keiko Fujimori en Perú amplían el mapa de liderazgos que conviene examinar al estudiar la cooperación política transnacional, con el alineamiento al bloque de Nayib Bukele y la operación que articula Donald Trump desde la Casa Blanca.
No se trata de liderazgos idénticos ni de una organización homogénea. Sus discursos, propuestas y contextos nacionales presentan diferencias significativas. La pregunta relevante es si estamos observando únicamente una sucesión de procesos electorales o también la consolidación de nuevas formas de cooperación internacional entre movimientos y partidos.
Brasil constituye un escenario especialmente relevante. El bolsonarismo ha mostrado una capacidad de permanencia política que trasciende la figura de Jair Bolsonaro. La candidatura de Flávio y sus alianzas internas deben analizarse junto con los vínculos internacionales del movimiento, sin asumir que estos últimos explican por sí solos su desempeño electoral.
La verdadera transformación puede encontrarse en la naturaleza de las alianzas. La política internacional ha adquirido una dimensión cada vez más transaccional, entendida como la construcción de relaciones en las que los actores intercambian respaldo, visibilidad, experiencias y oportunidades de cooperación para alcanzar objetivos compartidos. La ideología sigue siendo importante, pero también lo son los intereses, las circunstancias y la reciprocidad.
En ese terreno, diferentes sectores de la derecha han comenzado a desarrollar formas de cooperación que antes parecían menos visibles. Sus redes no necesariamente tienen la misma cohesión, estructura o trayectoria que las organizaciones históricas de izquierda, pero muestran una disposición creciente a convertir afinidades internacionales en activos políticos.
Esto tampoco significa que las alianzas sean automáticas. La intervención de un dirigente extranjero puede fortalecer una candidatura, pero también generar rechazo cuando se interpreta como una intromisión en la soberanía nacional. Por ello, la cooperación internacional puede expresarse mediante respaldos públicos, intercambios técnicos o relaciones políticas discretas.
La segunda vuelta brasileña permitirá observar nuevamente esta interacción entre factores nacionales y vínculos internacionales. Sería equivocado atribuir el desempeño de cualquiera de los candidatos exclusivamente a las redes que lo acompañan: la economía, la seguridad, las identidades políticas y las dinámicas domésticas siguen siendo decisivas.
La izquierda desarrolló una tradición internacionalista que combinó identidad ideológica, organización y cooperación política. Hoy, distintos sectores de la derecha construyen sus propios mecanismos de articulación, incorporando experiencias de sus adversarios y adaptándolas a sus objetivos.
La disputa por el poder sigue ocurriendo en las urnas de cada país, pero las ideas, los liderazgos, las experiencias y las alianzas circulan cada vez más entre fronteras. Porque el poder se conquista nacionalmente, pero también se construye internacionalmente.
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