Humo y espejos

21 de Febrero de 2026

Exclusivo para Contrapeso

Recibo noticias referentes a Panamá a través de un servicio especial que automáticamente me notifica cada vez que mi país es mencionado en internet. En muchos casos leo reportes que no provocan la atención de medios de información panameños, o que son interpretados por estos, con o sin premeditación, de manera incompleta, equivocada o superficial.

Y el asunto no se limita a publicaciones impresas y a noticieros televisivos. Mucha gente no lee los artículos que escribimos. Pasan la vista por su encabezado y con eso se consideran ya informados, incluso expertos, sobre el tema.

Soy constantemente advertido de que mis escritos son muy largos y que debo acortarlos, pues el lapso de atención del lector promedio, entre 40 y 46 segundos, es menor que el de un mosquito, cuya memoria puede recordar por 24 horas una experiencia de peligro.

Hoy me llegó un boletín indicando que “por primera vez en el gobierno de José Raúl Mulino, Panamá ofrece bonos en el mercado internacional”. Los medios nacionales enfatizaron el anuncio hecho por nuestro ministro de Economía, Felipe Chapman, indicando: “Panamá recompra $2,970 millones en bonos y reduce su deuda en 204 millones”.

La noticia, a primera vista, luce excelente. Sin embargo, un análisis sosegado nos lleva a otras menos rosadas consideraciones, entre ellas que hubo un simple “... reemplazo de deuda en mejores condiciones...”, lo que convierte al acto financiero en algo más complejo, incluso llevando el anuncio al borde de la insinceridad.

Objetivamente, se negoció deuda a largo plazo para comprar deuda a un mejor precio y, aunque eso efectivamente produce un “ahorro”, la deuda continúa no solo existiendo, sino creciendo, si consideramos la obligación de futuros pagos que adquiere Panamá con quienes compraron sus bonos.

Por otro lado, si bien es cierto que la oferta de venta directa de bonos al mercado internacional evita los costos asociados con préstamos bancarios, mi pregunta es si la decisión de hacerlo fue influida por la duda en obtenerlos o por temor a una posible negativa del sector bancario de continuar otorgándoselos a Panamá, luego de haber realizado un examen imparcial del verdadero estado y proyección de su realidad financiera.

No sería irracional el temor de prestar dinero a Panamá después de examinar minuciosamente la interioridad de un sistema que depende del “clientelismo” para sobrevivir políticamente, en un país donde un estimado 51 % de su población está empleada en el sector informal, con una fuerza laboral que no parece preparada para aprovechar, adaptarse o resistir el impacto que la tecnología está produciendo a nivel mundial; un país con niveles de inversión pública que no se traducen en ingresos ni crean trabajos bien remunerados, con instituciones públicas que presentan niveles percibidos o probados de malos manejos, peculados, despilfarros y corrupción oficial.

Por otro lado, también se informa que la Unión Europea nos ubica en su “lista negra” de países considerados “paraísos fiscales” y “entes no colaboradores”. ¿No dizque habíamos arreglado ese enredo?

El presidente Mulino dio al país la impresión de que sus esfuerzos habían logrado que Panamá por fin saliera de ese negativo registro. Parece que no fue así y es dudoso que su amenaza a países miembros de la UE de prohibirles invertir en proyectos públicos en Panamá vaya a producir efectos positivos.

Es dudoso que el presente gobierno presione para que se realicen los “ajustes fiscales” exigidos por la Unión Europea como condición para excluir a Panamá del listado. El presidente Mulino procurará siempre no antagonizar a la élite a la que aspira ingresar y además sabe que en Panamá la consternación dura apenas unos días. La gente olvida pronto y fácilmente se distrae con espejismos e informaciones que utilizan el tipo de humo y espejos que los magos usan para entretener a su público.

Hasta que en Panamá no desaparezca el paradigma de administración existente, que incluye la defensa del “status quo” general para favorecer intereses y beneficios con nombres propios, vamos a continuar en la parálisis que nos impide “alcanzar por fin la victoria” y desarrollar el potencial real de nuestros recursos humanos y naturales.

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Por: Rubén Blades

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