Apuntes desde la esquina: la salud no es mercancía

7 de Abril de 2026

Exclusivo para Contrapeso

Socialmente, un error frecuentemente repetido en conversaciones o discusiones es el de generalizar y no matizar nuestra opinión sobre lo que describimos. Parte del catálogo de disparates que consideramos axiomas incluye la interpretación de qué es el "capitalismo" y el "socialismo", términos esgrimidos más con ánimo de insulto que de ilustración contextual. En la mayoría de los casos, el que los utiliza busca demonizar, desacreditar o descalificar a su antagonista y, en vez de vociferar "hijo de puta", gritan "comunista" o "socialista" a cualquiera que no comparta el mismo "boudoir" ideológico. Otros, sin autoexamen o análisis alguno, utilizan el término "capitalista" para cagarse en la reputación de cualquiera que tenga materialmente más que ellos, aunque muchos de los que condenan al rico quisieran tener lo que esa persona posee, preferiblemente gratis y sin esfuerzo alguno, aun a expensas de contradecirse por ingresar al círculo que antes decían detestar.

Vivimos en una sociedad capitalista, no importa dónde residamos ni el tipo de gobierno que tengamos. En Cuba, después de 65 años de ininterrumpido adoctrinamiento, la necesidad humana de expresar iniciativa y desarrollar ideas que produzcan provecho y beneficio personal no pudo ser eliminada, ni siquiera con represión.

La mayoría de los seres humanos tenemos un imperativo genético que nos impele, en el mejor de los casos, al desarrollo de nuestra iniciativa y esperanza de mejoría personal y, en el peor de los casos, al egoísmo, a la falta de solidaridad y a la acción antisocial.

Para protegernos de la imperfección humana, hay áreas de servicios sociales cuya operación y propiedad no deben ser permitidas a la especulación privada. Me refiero a específicas necesidades estratégicas que el Estado tiene el deber de proteger y avanzar para garantizar el bien común. Una de ellas, quizá la más importante, es la salud. Un país con vastos recursos naturales y humanos no podrá prosperar si no tiene la oportunidad que brinda la salud, porque un organismo enfermo no avanza ni prospera. Hay industrias que deben ser exclusivamente administradas por el Estado, y señalo cuatro: la energía, las telecomunicaciones, el cemento y los medicamentos. Ceder al sector privado la capacidad de controlar, negociar y lucrar con el costo de las medicinas me parece absurdo, contraproducente y cruel. La posibilidad de tener buena salud no debe depender de la capacidad económica de una persona.

Hoy, el sector privado decide qué medicinas son rentables para su negocio y cuánto cobrar por ellas, atendiendo a la fórmula de la demanda y la oferta. Factores como el número de habitantes, la cantidad de pacientes en necesidad de un determinado medicamento, el pago de regalías por marcas y la protección de los derechos de autor determinan el costo final de las medicinas y la ausencia de medicamentos para enfermedades poco comunes, que no producen ganancias por ser escasos los pacientes. Pero ¿y qué de la persona que necesita la medicina? Pues que se joda, que la consiga si puede en Colombia o México, o que se busque una bruja o un brujo en Chilibre.

Defiendo la creación de un organismo único que se encargue de todo lo relacionado con la salud nacional, un ente administrativo que no sea politizado, dominado e infiltrado por la corrupción político-partidista y su aliada: la corrupción civil y empresarial. Esa entidad estatal se encargaría, además, de identificar los tipos de medicamentos que necesitamos en Panamá, su adquisición, oferta y distribución a la ciudadanía, a precios cónsonos con la realidad económica, a nivel nacional.

El Estado panameño es quien debe estar a cargo de ordenar la importación y venta de medicinas, no el sector privado. Hay muchas maneras y vías para ganar dinero en una sociedad capitalista. La necesidad o desgracia ajena no debe ser una de ellas, y menos un importante bien estratégico como es la salud de un pueblo.

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Por: Rubén Blades

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"¡Ay, tú sabes cómo somos los panameños!"