Trump y sus desvaríos

15 de Abril de 2026

Exclusivo para Contrapeso

Resulta extraordinario que todavía existan personas que uno asume serias e inteligentes apoyando las locuras, vulgaridades, contradicciones y mentiras que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, emite diariamente a través de su red social y en sus intervenciones públicas, discursos y respuestas a preguntas de periodistas. Cada día parece más evidente el deterioro de la capacidad cognitiva de Trump.

Su carácter narcisista y su baja capacidad intelectual, responsables de sus constantes incoherencias, le han servido para disfrazar el avance de su enfermedad actual. La gente podía atribuir sus expresiones a su manera usual de ser. Pero su creciente nivel de alucinación, la frecuencia de sus exabruptos y el peligro nacional e internacional que estos estimulan han hecho que hasta sus más fanáticos seguidores noten que algo no está bien con su ídolo.

Las secuelas del ataque a Irán han demostrado varias cosas: desde una total falta de previsión sobre la capacidad de reacción de Irán, algo que ha sido comprobado por su exitoso control e interdicción de barcos que transitan el estrecho de Ormuz y un alegado cobro por el permiso para hacerlo, hasta un total desconocimiento de la realidad geopolítica, al no comprender que para el Estado de Israel la guerra posee una importancia de vida o muerte. Siguiendo esta premisa, si sus fuerzas militares no aprovechan la oportunidad para eliminar a Hezbollah y evitar futuros ataques desde territorios considerados hostiles, léase el sur del Líbano, entonces difícilmente podrá Netanyahu declarar que la acción israelí ha sido “exitosa”.

Para Trump, el asunto siempre ha sido más frívolo: demostrar que él, y solo él, posee el poder para imponer su voluntad sobre la del mundo, disfrazando sus actos como un servicio al interés nacional, aunque su propósito real sea satisfacer las demandas de su insaciable narcisismo. Para Israel y sus dirigentes militares, la intención primordial descansa en la milenaria necesidad de proteger y garantizar la supervivencia de su existencia como Estado y la integridad de sus fronteras.

El resultado de la guerra hasta el momento es mixto. Es indudable que la capacidad militar de Irán ha sido drásticamente afectada y disminuida, al igual que su capacidad para patrocinar grupos a su servicio, como Hezbollah en Líbano y Ansar Allah (hutíes) en Yemen. Es probable que el intento iraní de lograr la producción de un arma atómica se haya visto irremediablemente afectado, aunque no pueda asegurarse la desaparición de su uranio ya enriquecido, debido a la cantidad de contradicciones con que Trump ha descrito pasadas acciones militares dirigidas a ese fin.

Por otro lado, a pesar de las declaraciones de Trump que describen una “victoria total”, Irán continúa determinando exitosamente qué o quién transitará por el estrecho de Ormuz, incluso después del supuesto “arreglo” y “cese del fuego” anunciados públicamente por Estados Unidos. Los recientes anuncios sobre aviones estadounidenses derribados sugieren que también son falsos los anuncios de la total eliminación de la capacidad defensiva iraní hechos por Pete Hegseth, el menos preparado y más incompetente “secretario de la Guerra” de todos los tiempos.

La cantidad de faux pas cometidos por Trump y sus acólitos es realmente impresionante y ha creado un rechazo mundial que incluye incluso reprimendas del actual papa, Robert Francis Prevost, un norteamericano de Chicago. Resulta patética la constante y enredada caracterización de la guerra y de sus resultados hecha por Trump y sus portavoces, máxime cuando lo que afirman ser cierto es pública y casi inmediatamente expuesto como una exageración o una evidente mentira.

¿Cómo va a terminar el sainete? Imposible pronosticarlo, más cuando se trata de una persona emocional y mentalmente enferma, rodeada de gente que lo adula, halaga y empodera, y que no tiene compunción alguna en apoyar sus excesos y equivocaciones a cambio de proteger sus intereses políticos y de protagonismo social.

Lo cierto es que cada día más personas en Estados Unidos, incluso los más exaltados paladines de Trump en el pasado, están aceptando finalmente el error de continuar defendiendo y justificando los actos del sociópata narcisista que apoyaron por una década.

Pero todavía falta mucho camino por recorrer. Aunque a Trump le quedan aún mil días de mandato, nuestra esperanza es que el Órgano Judicial y las Fuerzas Armadas de Estados Unidos mantengan su independencia y, con eso, protejan la continua existencia y hegemonía de la Constitución de ese país.

Esos dos contrapesos constituyen la única defensa mundial contra los actos de un enfermo mental y emocional que exige que se le otorgue el premio Nobel de la Paz mientras amenaza con “aniquilar a toda una civilización”, niños no combatientes incluidos, si sus rabietas e irracionales designios no son inmediatamente atendidos y aceptados.

Cuando un orate con capacidad nuclear llega al punto en el cual cree que él es Jesús, es hora de llamar al sanatorio y separarlo.

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Por: Rubén Blades

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