El gobierno del desencanto
12 de Mayo de 2026
Por: Rubén Blades
Exclusivo para Contrapeso
Absolutamente nada parece justificar un motivo para creer que van a mejorar las cosas.
Todas las semanas intento inútilmente encontrar alguna razón que motive mi optimismo y contribuya a que escriba algo positivo sobre la administración encargada de gobernar Panamá.
Ni siquiera provoca suficiente alegría el reportado hecho de que las entradas económicas de nuestro Canal de Panamá han registrado significativos aumentos, a raíz de la guerra entre Estados Unidos e Irán. Mientras tales recaudaciones sigan siendo dirigidas y utilizadas para sostener al Estado clientelista, a su corrupción e incapacidad administrativa, la noticia no provocará reacciones de satisfacción.
Absolutamente nada parece justificar un motivo para creer que van a mejorar las cosas.
El problema del suministro efectivo de agua potable a nivel nacional, algo que debiese ser considerado por el presidente José Raúl Mulino y por las autoridades como una urgente emergencia de salud, continúa sin ser resuelto y sin un público plan de acción para remediarlo; a estas alturas debe resultar obvio que no existe un genuino interés para hacerlo. El presidente prosigue con su "show" mediático, que incluye frecuentes viajes, para tomarse fotos con gente importante y disminuir su sentimiento de futilidad social, continuar prometiendo que pronto habrá empleo con mucho "chen-chen" y, debido al déficit fiscal, solicitando préstamos que, aunque aumentan nuestra deuda internacional, le permiten sostener, "a paso firme", el Estado fallido que él representa.
El juicio de Odebrecht sigue su accidentado tránsito, con tantas posposiciones que el público está más enredado que nunca acerca de cuál será el desenlace. Entre tanto, personas judicialmente acusadas y que forman parte del proceso andan por la calle, tan frescos como la lechuga en el supermercado Riba Smith, algunos incluso escribiendo artículos de opinión en donde brindan consejos sobre temas económicos, a pesar de haber sido señalados como vulgares ladrones de "cuello blanco".
Por otro lado, el juicio a los ex prófugos acusados de haber espiado ilegalmente a rivales políticos del convicto expresidente, hoy asilado en Colombia, sigue interrumpido y nada parece sugerir que será reanudado mientras los ardides legales de abogados en Panamá garanticen continuas interrupciones, lo suficientemente prolongadas como para producir desde amnesias hasta prescripciones.
La situación de la mina de cobre, aunque continúa en un aparente "limbo", seguramente ha sido decidida en los pasillos del Ejecutivo. A nadie deberá sorprender el anuncio de su reapertura cuando se produzca.
La relación diplomática entre Panamá y China se reporta que "ha mejorado", aunque es difícil creerlo mientras continúen las presiones contra barcos de bandera panameña por parte de Pekín como represalia por la expulsión de la Hutchinson del área canalera.
No sé si se ha hecho un reporte público sobre los beneficios que ha producido para Panamá el establecimiento de relaciones con el régimen comunista chino, pero si existe, por favor anúncienlo. Lo único que he visto es "rofeadera", críticas e intervención en asuntos internos de nuestro país.
Deseando decir algo positivo para cerrar mi escrito, busqué en redes sociales y encontré que se vendieron 21 mil nuevos autos en los primeros cuatro meses del 2026, y que en el futuro podría instalarse en nuestro territorio "una planta de ensamble, prueba y empaque de semiconductores" para "atraer inversiones tecnológicas" a Panamá (hoy existe la capacidad para almacenaje), y la Autoridad de Turismo de Panamá reporta que proyecta cerrar el año "con 3 millones 200 mil turistas".
Amén, y ¡ojalá podamos complacerlos cuando nos pidan agua!