Panamá y su política del “de huevo a huevo”

27 de Agosto de 2026

Por: Rubén Blades

Exclusivo para Contrapeso


Para empezar, me molesta el uso del término oposición para definir a grupos políticos que no forman parte del gobierno actual. Es absurdo asumir que perder una elección acarrea irremediablemente la posición de antagonista hacia el que la ganó. Política y civilmente, la ciudadanía, que incluye a los militantes de colectivos políticos, debe oponerse solo a lo que no es conveniente y apoyar lo que es beneficioso para el país, venga de donde sea. En Panamá, sin embargo, parece obligatorio rechazar inmediatamente toda propuesta u opinión que se origina del gobierno o de otras personas, si su pensar o actuar no corresponde con, o apoya, la opinión del grupo social al que pertenecemos.

No se atiende matiz alguno, no se examina objetivamente el tema, mucho menos se considera la posibilidad de promover el necesario compromiso que permita a la razón sobreponerse a la emoción.

En nuestra República, tal contraproducente, desafortunada y generalizada actitud se ve aplicada, como indicó Juvenal: “stet pro ratione voluntas”... o, como se dice en panameño, “de huevo a huevo”..., un hecho que contribuye a la cotidiana mediocridad e inefectividad de la administración del interés nacional.

Supuestamente, los partidos políticos que pierden una elección súbitamente se transforman en “opositores”. Es posible que lo que se intentó describir fuera el deber de actuar como supervisores del desempeño del gobierno recién electo. Pero, en el cada vez más poblado demimundo civil y político de Panamá, tal interpretación eliminaría la posibilidad de aceptar sobornos a cambio de participar, pasar “agachados” o atacar el acto oficial, algo inaceptable para quien electoralmente procura protagonismo social y el incremento de fortuna que su oscuridad y ausencia de talento impiden.

Recientemente, el ejemplo del Partido Panameñista al abstenerse de participar en un debate legislativo produjo comentarios “decepcionados” por lo que calificaron como prueba de “incumplimiento del deber”, en este caso legislativo (algo que debiese acarrear algún tipo de sanción). El diputado panameñista “Popi” Varela, en un inaudito arranque de sinceridad, explicó que la participación de su partido en la votación no era necesaria, ya que... “los votos estaban asegurados por parte del gobierno”... Disculpen, pero eso suena a... “no había ganancia para nosotros, así que ¿para qué votar?”...

Por supuesto, la “decepción” por el asunto pasó rapidísimo y se unió a la comparsa de quejas y lamentos que acompañan a nuestro constante carnaval de corrupciones y olvidos.

La mal llamada “oposición” es un término que no opera en ninguno de los frentes utilizados para definirla. Cuando Vamos hizo lo imposible y logró el mayor número de candidaturas independientes electas a la Asamblea, la partidocracia representada por el Panameñismo y Cambio Democrático no consideró crear un frente unido para reformar lo que es necesario alterar y mejorar en nuestro sistema legal y administrativo. La unión con Vamos hubiese producido el número de votos suficiente para hacer realidad lo que dijo preocupar al presidente Mulino: reemplazar “un modelo administrativo agotado”.

Esta prueba fehaciente de la oposición oficial a la creación del Panamá Posible no fue denunciada, exhibida ni confrontada por una población civil que, a cambio de un sueldo como burócratas, vota por ellos.

Vamos ha intentado, una y otra vez, presentar propuestas y proyectos que permitan cumplir con los postulados planteados como razón para su existencia política. Ese noble propósito se estrella con la realidad de que no cuentan con los votos necesarios para ser electos en las distintas comisiones y organismos internos que, en la Asamblea, determinan el éxito o el fracaso de una gestión. Ese hecho no ha impedido que los medios de desinformación al servicio de la corrupción declaren falsamente que Vamos ha fracasado en su intento de adecentar las carencias y deficiencias de la realidad político-administrativa actual. Más triste aún, gran parte de la población parece no comprenderlo o no está interesada en hacerlo, y asume que la postura de Vamos de no negociar con la corrupción es equivocada. Resiente que no reparta sobornos clientelistas y que se oponga a lo que consideran pone en peligro nuestro futuro como nación.

Para el que piensa que solo la corrupción puede brindarle sustento o acceso a la oportunidad, la postura de Vamos resulta imposible de entender. Pero existe una mayoría compuesta por votantes desilusionados y por quienes no participan del proceso electoral; por empresarios preocupados por el aumento de la deuda nacional, la desfachatez del acto corrupto, la selectividad en la aplicación de las leyes y la evidente necesidad de ingresos, públicos y personales, que son reemplazados por préstamos que aumentan un peligroso endeudamiento y dependencia internacional.

El futuro de Vamos necesariamente dependerá del apoyo del electorado nacional a una nueva y original formulación de acciones administrativas no basadas en el clientelismo, la corrupción y la mediocridad fomentadas por la tradición politiquera. Para evitar ser eliminados por los que hoy detentan el protagonismo político, Vamos necesita transformarse en un colectivo político que le permita participar electoralmente con una posibilidad de triunfo. Eso requerirá la creación de un partido formal, decisión que conlleva todo tipo de dificultades y riesgos. La organización nacional para cumplir con las normas legales que condicionan la existencia de un colectivo será clave. Pero igualmente importante resulta explicar por qué es necesaria la transición de Vamos, de un exitoso movimiento nacional a su formación oficial como organismo político, y qué se pretende alcanzar con esa transformación.

Mi sugerencia es siempre decir la verdad, actuar con total transparencia y confiar en que la población panameña reaccionará de manera positiva a lo planteado. El nunca decir mentiras al pueblo es el antídoto más eficaz contra el veneno de la corrupción política. No prometer lo imposible. Identificar lo que se requiere cambiar, explicar por qué debe ser reformado, cómo y con qué hacerlo; hay que sustentar cómo será financiado lo propuesto para que pueda ser considerado posible por la población.

La tremenda organización de la corrupción nacional solo puede ser enfrentada y derrotada haciendo lo que para ellos resulta imposible: decir la verdad. La partidocracia no podrá explicar cómo va a crear efectivamente una diferencia en la calidad de vida del ciudadano en el 2030, algo que jamás ha logrado por la ausencia de voluntad para hacerlo sostenidamente. El ejemplo del abandono del interior de nuestro país, de nuestras provincias y de sus potenciales humanos y naturales resulta claro y obvio, y debe constituirse en un elemento importante de la propuesta electoral de Vamos, en mi opinión.

Lo he dicho antes y lo repito: para la elección del 2029 contribuiré en lo posible al éxito de Vamos:

La peor pesadilla para la corrupción política en Panamá es un Vamos convertido en partido político, y todos debemos hacer lo necesario para lograr que ocurra.

A los que me han reclamado no estar allá les digo:

Quod peccavi, nunc corrigo, quod male fecit, nunc emendo.

Y a los corruptos, que antes criticaban mi ausencia y ahora lamentan mi regreso:

Fiat justitia, ruat caelum!

Vamos todos con Vamos. Nunca es demasiado tarde para ser feliz.

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