Vamos porque vamos

8 de Septiembre de 2026

Por: Rubén Blades

Exclusivo para Contrapeso


Ahora que Vamos ha hecho pública su decisión de convertirse en partido político, han comenzado a surgir todo tipo de comentarios, la mayoría venenosos, vaticinando desastres y descalificando razones.

Pero no importa qué digan, qué hagan o qué piensen. La realidad es que Vamos se plantea como la única posible alternativa política seria para un país hoy en manos de la corrupción civil-político-partidista.

El que a estas alturas crea que la partidocracia tradicional puede autorreformarse y ayudar a que se produzca el Panamá Posible, o está loco o forma parte de la corrupción. Una parte importante de la ciudadanía considera imposible que Panamá pueda librarse del clientelismo y de la mediocridad administrativa.

De paso, fue lo mismo que escuché cuando se planteó la posibilidad de que panameños administraran el Canal de Panamá. Gran cantidad de nacionales veía como absurdo considerar a Panamá capaz de administrar responsable y eficientemente un bien considerado del Primer Mundo.

Muchos han olvidado que, décadas después, cuando se realizó un plebiscito nacional para determinar la ampliación del Canal, un tercio de los votos fueron en contra, entre ellos los de Ricardo Martinelli y Juan Carlos Varela, distinguidos miembros de la partidocracia tradicional.

La costumbre de creernos impotentes para cambiar y reemplazar lo que nos perjudica y debe ser abolido aún existe, y sus raíces, nacidas del complejo colonial y del legado de baja autoestima que este produce, son profundas.

Dicho esto, creo que Vamos tendrá éxito en alcanzar el número de firmas necesarias para constituirse en un partido oficial, lo que le permitirá escapar del cerco que la corrupción legislativa ha ido estrechando para acabar con él, a raíz del susto recibido con los 20 independientes electos en la campaña de 2024.

Mi declarado apoyo a Vamos ha creado especulaciones de todo tipo, y vale la pena desde ahora aclarar algunas.

Nunca he pretendido influir en las discusiones ni en las decisiones de sus dirigentes. Si me consultan directamente, opino, sin demandar obediencia ni esperar una tácita aceptación.

Voy a apoyarlos en todo lo que me resulte posible y a ayudarlos en lo que pueda. Haré campaña por ellos, igual que en 2024. Espero estar instalado en Panamá para 2028 y, con mis giras musicales suspendidas, mi presencia en Panamá será mucho más constante que en el pasado.

Probablemente, a esos que antes airadamente me reclamaban no estar aquí, ahora les molestará que sí lo esté.

En 2028 habré cumplido mis ochenta años. Si tengo salud, Dios mediante, mi esperanza es que, antes de abandonar este mundo, pueda ayudar a sanear la política de mi patria, cooperando con la sangre joven que la heredará y que está representada por Vamos.

Ocuparé el rol en el que pueda resultar más efectivo. Desde ahora disfruto la idea de recorrer las áreas del interior de Panamá que escogí para proponer ideas, conversar con sus habitantes y encontrar maneras de mejorar su calidad de vida y la de sus queridas provincias.

Será una experiencia humana, cívica y política única, que espero ayude a despertar interés y confianza en la posibilidad electoral de Vamos y en la viabilidad de su ejemplo y proyecto para inspirar a otros países.

Creo que el apoyo masivo del interior será decisivo en 2029. Eso y el despertar cívico de los 430,000 ciudadanos que no participan en las elecciones serán determinantes para establecer las bases desde las cuales podamos todos ayudar a crear el Panamá Posible.

Vamos con Vamos y sin culillo. ¡Que empiece la rumba!

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Panamá y su política del “de huevo a huevo”