El deterioro mental de Trump

10 de Septiembre de 2026

Por: Rubén Blades

Exclusivo para Contrapeso


Cada vez se hace más errática la conducta del presidente de los Estados Unidos. No solo resultan preocupantes las continuas amenazas contra un aliado, Canadá. También lo son su orden de cambiar el nombre del lago Ontario por “Lago América”; su reciente sugerencia de reemplazar el nombre del estado de New Mexico por “New America”; la destrucción de la parte este de la Casa Blanca para crear lo que originalmente calificó como un “salón de baile” y ahora proclama como... “centro de inteligencia, con una sala de baile encima”...; su alucinada insistencia en que la NFL debe cambiar su nombre porque otro deporte ya tiene asignada la palabra “football” (soccer); la súbita decisión de cambiar el color de su cabello; y su absurda creación de un “ranking” presidencial en el que Trump se ubica a sí mismo en la primera posición como “el mejor” (“greatest”), mientras Washington, Lincoln, Roosevelt y Andrew Jackson son simplemente “buenos” (“great”). Son ejemplos que claramente apuntan a que su egocentrismo, exhibido durante décadas, está degenerando rápidamente hacia una total alienación.

Que una descomposición emocional y mental tan obvia no se haya convertido en motivo de seria consideración en Estados Unidos me parece incomprensible. El poder que otorga la presidencia de ese país es inmenso, y las consecuencias de su mala aplicación serían catastróficas.

Durante demasiado tiempo, los medios de información norteamericanos han preferido interpretar los continuos exabruptos de Trump como muestras de una supuesta capacidad de negociación, una “estrategia” brillante destinada a confundir a los enemigos, reales o percibidos, del Coloso del Norte. Sus mentiras y exageraciones han sido explicadas por muchos como actos de un narcisista que demanda constantemente la atención del público para satisfacer un profundo sentido de inferioridad.

Sus constantes locuras han sido consideradas cómicas, divertidas e inofensivas excentricidades y utilizadas por medios de información en búsqueda permanente de escándalos que ayuden a generar audiencias y elevados “ratings”.

Los actos de Trump deben dejar de provocar risa y burla y empezar a producir más inquietud y desasosiego. Cuando una persona con semejante responsabilidad y poder se desmorona mentalmente a plena luz pública, el tema deja de ser político-partidista y se transforma en una situación de inminente peligro que afecta no solo a Estados Unidos, sino al mundo entero.

La doctrina del “Clear and Present Danger” ya no debería limitarse a la protección de la libertad de expresión; debe aplicarse literalmente al riesgo inmediato para la estabilidad mundial que plantea la inestabilidad emocional de quien hoy lidera la mayor potencia militar y una de las economías más grandes del planeta.

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