¿Provincias o feudos?
22 de Octubre de 2026
Por: Rubén Blades
Exclusivo para Contrapeso
Así como nadie esperaba un maldito terremoto, yo tampoco imaginaba cómo sería mi vida a los 78 años.
He sobrevivido, aunque han muerto otros más jóvenes y sanos que yo, incluyendo los que hacían ejercicio, no fumaban y no comían hojaldras porque contenían grasa. ¿Por qué esto ocurre? No tengo idea.
En el caso del reciente terremoto en Panamá, quizás resulte menos complejo entender por qué algunas consecuencias afectan a unos más que a otros.
Las provincias de nuestro querido Panamá, y esto no debiera ser noticia, siempre han estado abandonadas, no importa cuál sea el gobierno que llegue al poder. Debido a intereses corruptos o criterios desfasados, la idea de atender y desarrollar el vasto potencial provincial no ha formado parte de la propuesta económica nacional, ni siquiera bajo el gobierno de Martín Torrijos, del que formé parte.
Martín, a pesar de sus sinceros ideales y deseo de reforma, fue rehén del PRD y de una corrupción política alimentada por el intercambio de favores e intereses que caracteriza a la política nacional.
No hay manera de que nuestro país pueda prosperar manteniendo el actual paradigma administrativo, y nuestras autoridades y figuras públicas lo saben. Aunque se hagan los pendejos, saben que su protagonismo y sus fortunas dependerán del clientelismo y de la subordinación ciudadana que promueven.
Las provincias de Panamá no forman parte de un programa económico nacional, coordinado y planeado. Son simples feudos, a cargo de gamonales nombrados a dedo desde la capital y controlados por partidos políticos sin intención de solucionar los problemas ni atender las necesidades de sus paisanos.
No es relevante repetir que el «chen-chen» prometido en la pasada elección no llegará a los bolsillos de los que aceptaron votar por el ungido del corrupto: ni siquiera la intención del soborno derrota a la real indiferencia proyectada, desde el centralizado poder capitalino, hacia unas provincias tratadas como dependientes, nunca como protagonistas del progreso. Los representantes provinciales de la partidocracia, siguiendo las órdenes de sus corruptos amos capitalinos, hipotecan el presente y futuro de sus paisanos a cambio de obtener cuotas de poder que favorezcan sus intereses personales. Los explotados en cada provincia contribuyen a su propia desgracia eligiendo una y otra vez a gente que no los representa adecuadamente porque ha olvidado cómo quererse a sí misma, cómo defender a su familia y cómo amar a la provincia donde nació.
El terremoto dejó en evidencia las fallas de este sistema, exponiendo las condiciones medievales bajo las que sobreviven nuestras provincias. Es evidente la falta de previsión, interés y capacidad del Estado para enfrentar emergencias nacionales con respuestas concretas y previamente planificadas. La falta de agua en el país es otra prueba de ello. ¿Por qué sorprendernos ahora?
Un esquema administrativo corrupto e ineficiente jamás funcionará, y esa verdad objetiva deberá ser recordada en todo el país en el 2029, a la hora de votar.
Necesitamos otro paradigma de administración pública y de participación económica, pues el sistema que hoy nos perjudica jamás se reformará a sí mismo.
Panamá no es un país pobre; es un país empobrecido. Los recursos para enfrentar nuestras carencias existen: el problema es que, para llegar a ellos, hay que besar anillos —o fundillos— capitalinos.
¿Hasta cuándo vamos a permitir que al interior del país lo cojan de pendejo?