¿Qué patria estamos celebrando?

7 de Noviembre de 2026

Por: Rubén Blades

Exclusivo para Contrapeso


En Panamá, y en muchos países latinoamericanos, la ausencia de interés en fiscalizar los actos de los funcionarios públicos ocurre porque la ciudadanía rehúsa creer en el inmenso poder que contiene su dormida voluntad política. Esa ignorancia generalizada impide la solidaridad social necesaria para crear un proyecto común que produzca propuestas y soluciones a problemas socialmente compartidos.

La mayoría del país parece considerar imposible eliminar la corrupción en el manejo administrativo del bienestar público. ¿Quizás por eso no protestamos ante el reciente y público anuncio de un presupuesto estatal cuyos millones de dólares solo buscan sostener el innecesario gasto del clientelismo y, así, mantener la corrupción partidista? Esa masa, que ha probado ser mayoritariamente indiferente al abuso y a la mediocridad administrativa, se apresta a celebrar las denominadas «fiestas patrias» mientras mantiene un silencio cómplice ante el despilfarro de nuestro patrimonio nacional.

La contradicción apenas es notada.

Es como si aceptáramos que la irresponsabilidad forma parte de nuestro ADN nacional y que nuestra baja autoestima, sumisión ante la injusticia y pesimismo solo pueden desahogarse descalificando a los demás o negando la realidad.

¿Qué es lo que celebramos el 3 de noviembre? ¿Nuestra libertad? ¿Nuestra democracia? ¿Nuestra esperanza de un país con oportunidades y justicia para todos?

¿Cómo regocijarnos por la supuesta independencia de una república hoy controlada por una minoría de antipatrias que, con malsanas y egoístas intenciones, aprovechan el poder que les ha sido otorgado electoralmente para burlarse de nosotros?

¿Acaso no es evidente que estamos administrativamente controlados por la corrupción, la mediocridad, la ausencia de justicia y un paradigma fallido? ¿Cómo aún dudarlo?

La respuesta a escritos como este probablemente será de rechazo: «¡Coño, Rubén! ¡Di algo bueno, deja de repetir la misma cosa! ¡Hazte el pendejo como nosotros, tómate un trago y agita tu banderita!».

Desde 1964, cuando a los 15 años comprendí lo que es ser panameño, he agitado mi bandera. Y si escribo estas dolorosas líneas es porque adoro a mi patria y no puedo aceptar que abusen de ella.

Como lo hago cada noviembre, saludo a mi Panamá, a mi pueblo, y celebro su existencia con toda mi alma, sin abandonar la racionalidad que fundamenta el criterio.

Creo posible amar a Panamá sin caer en la demagogia, sin usar las anteojeras de los caballos del hipódromo para pretender que no ver la verdad ayuda a entender mejor la dirección que, como ciudadanos y panameños, debemos emprender.

Que estas fiestas patrias nos ayuden a entender y a defender eso que escribí hace décadas:

«Patria son tantas cosas bellas».

Agitemos esa idea como bandera todos los meses del año.

Nunca es demasiado tarde para ser feliz.

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