Apuntes desde la esquina: se acabó el 2025
28 de diciembre de 2025
Exclusivo para Contrapeso
2026
Hoy, la expectativa de vida para el sexo masculino en los Estados Unidos es de 78.4 años. En Panamá, la edad promedio está entre 79.8 y 80; y ese estimado, extrañamente superior al de un país del primer mundo, tiene que ser atribuido precisamente a las presiones, costumbres y situaciones del diario acontecer, que impactan a los que en ese nivel existen.
En el “Sub-D” (subdesarrollo) nos morimos por falta de acceso a necesidades básicas, mientras que en el mundo económico superior muchos mueren precisamente por abusar de su abundancia.
Hoy cuento, para mi gran sorpresa, con 77 años y cinco meses de edad cumplidos. Los que estamos en esa etapa, entrando a los últimos dos “furlongs” de la carrera, sabemos que no hay necesidad ya del “fuete” y que lo correcto es dar palmaditas al cuello del caballo que hemos montado y así demostrar nuestro agradecimiento.
Cuando yo tenía doce años (1960) y leía las fantásticas novelas de Julio Verne y de su menos conocido colega y compatriota, Michel de Zévaco, jamás imaginé que aún podría hacerlo en el 2025. Según las tramas de películas, para esa época estaríamos viajando por toda la galaxia, viviendo incluso en ciudades bajo el mar. No habría guerras (Ucrania, Gaza, Sudán...), ni pestilencias (Covid, malaria, dengue...) y habríamos evolucionado hasta convertirnos en seres pacíficos, honestos y solidarios (Trump, Putin, Martinelli).
Nada de esto ha ocurrido, al menos no de forma general y permanente, aunque sí ha habido sorpresas y momentos súper especiales, desde la elección de un presidente de origen afroamericano en Estados Unidos, a pesar del racismo allí existente, hasta la venta de bolsas del Riba Smith con tres hojaldres listos para ser calentados, una invención que, junto al “Air Fryer”, le ha dado un sentido más justo y positivo a mi existencia: de simples satisfacciones se componen los días para los que somos considerados ancianos por nuestra edad.
El 2026 que se aproxima está lleno de posibilidades y oportunidades, incluso para los que han sido condenados por robarle al Estado y/o aprovechar su cargo público para satisfacer su interés y egoísmo. Indultos vienen, prescripciones esperan y la justicia en Panamá, que no es ciega pero sí muda, no ve en el nuevo año que se avecina cambios que la obliguen a expresarse con sonoridad. Como cantó Julio Iglesias en 1969, “La vida sigue igual”, y nuestra parálisis cívica probablemente continuará, como la mina.
En el 2025 se estrenó un documental titulado “The Age of Disclosure”, donde miembros de instituciones militares de Estados Unidos aseguran que naves e inteligencias extraterrestres visitan la Tierra y que todos debemos prepararnos para aceptar el hecho. Por favor, que alguien le avise al gobierno, al ministro Acha y a nuestra Asamblea Nacional, por si los alienígenas preguntan cómo mucha gente en la política panameña no puede justificar la plata que tiene y aun así la posee, la expande y la expone diariamente.
Entre lo que llegan nuestros parientes celestiales, continúo preparando mi transición hacia Panamá, donde espero estar de vuelta de forma cuasi permanente a más tardar en dos años. La mejor inversión de mi vida han sido mis amigos; tengo muchos allá y quiero compartir con ellos antes de que nos mudemos todos “al otro barrio”. Anhelo recrear rutinas pasadas, que incluyan jugaderas de dominó, conversaderas interminables y paseos con un futuro guau-guau, heredero de mi querida y siempre recordada “Milagro”.
Por Panamá aún albergo la mayor de las esperanzas y por eso apoyaré a Juan Diego, Gabriel Silva y a “VAMOS” en su proyecto político hacia el 2029. Ya mi esposa, Luba Mason, tiene la intención de crear una academia de teatro y de baile para ayudar a las muy mejoradas perspectivas del sector en Panamá. Estoy trabajando con Roberto Delgado y la Orquesta, y con Enrique Becerra y el “Paraíso Road Gang” en nuestros próximos álbumes musicales, entre ellos un septeto cuyo material dará mucho de qué hablar, al igual que su título. En el 2026 debe ser exhibido el film que hice en el 2024 en México, dirigido por Jonás Cuarón y producido por su padre, Alfonso. En febrero habré empezado otro film, del que aún no puedo comentar, y también sabremos el resultado de nuestra nominación al Grammy norteamericano.
Como no me veo haciendo giras musicales de “salsa” a los 80 años, es posible que en el 2026 vayamos a Europa, dependiendo del estado de nuestra salud general, por supuesto. El libro que escribí está previsto a presentarse después de cinco años de “trepa que sube”, y tengo tantos proyectos pendientes que no sé si podré organizarme para cumplirlos, aunque trataré de hacerlo; total, la gran definición del fracaso es “no tratar”. Por eso, ya sea el 2026, el 2029 o el 2035, lo importante es no ser indiferente y continuar intentando contribuir a crear una mejor y más justa sociedad.
Como ese caballo que corre la última carrera antes de su retiro, la meta no me asusta y, por el contrario, me recuerda lo necesario que es agradecer a todos los que hicieron posible para mí las innumerables alegrías y experiencias recibidas en estas casi ocho décadas de existencia. Se acaba el 2025, las hojas blancas siguen cayendo, como dice El Gran Combo de Puerto Rico.
¡Felicidades a todos, mucha salud y oportunidades en el 2026 y, dondequiera que estén, sigan creyendo que se puede!
Por: Rubén Blades