Fiebre fiscal y remedios que no curan
4 de Febrero de 2026
Exclusivo para Contrapeso
Desafinado
¿Hasta cuándo va a pretender nuestro ministro de Economía, el Sr. Felipe Chapman, que Panamá está significativamente "equilibrando ingresos y egresos", para así reducir su actual déficit?
Si a un paciente con alta fiebre se le sumerge en una tina llena de hielo, aunque la temperatura del enfermo descienda uno o dos grados, el problema no desaparece ni el resultado justifica creer que la cura está próxima. Hay economistas expertos en la falacia y en el uso de galimatías para crear argumentos que eviten la suspensión de préstamos con los cuales continuar manteniendo a Estados fallidos por corruptos. Mientras una administración pública se vea sostenida por el clientelismo político, nada va a cambiar. Bajo ese paradigma, Panamá será incapaz de crear un real balance o mejoría en sus finanzas que se traduzca en una mejor calidad de vida para su población.
El ministro Chapman no es un estúpido. Él sabe que el gobierno en el cual labora necesita una reforma integral para poder operar de manera exitosa, coherente y eficiente. El anuncio de que..."Panamá apunta a un déficit fiscal menor del 4% del P.I.B." (Producto Interno Bruto) ni siquiera asegura que ocurrirá esa reducción y solo sugiere la posibilidad de que ocurra, algo así como maquillar a un enfermo para hacerlo ver más saludable.
Pareciera que la realidad económica en Panamá, antes de enfrentar a las calificadoras de riesgo internacionales, visita al "salón de belleza Chapman", un nuevo departamento del Ministerio de Economía en donde la fea inseguridad financiera es transformada en una atractiva oferta para la inversión internacional.
El tema de las farmacias y el costo de las medicinas en Panamá
Creo que hay industrias y servicios que incluso en sociedades capitalistas deben ser exclusivamente administrados por el Estado. La energía, las telecomunicaciones, la producción alimenticia, el cemento, todos son ejemplos de bienes estratégicos que deben estar bajo control estatal. Afirmar tal cosa inmediatamente lleva a ser acusado de comunista, de socialista, de "enemigo de la empresa privada" y todas las “webadas” que argumentan los que no ven problema alguno en crear su felicidad basándola en la infelicidad de los demás. Opino que el tema de los medicamentos debería ser administrado por el sector público y no por particulares.
Un Ministerio de Salud nacional, único y administrativamente integrado, debería contar con un departamento especializado que, independiente de la actividad política y del control del propio sistema médico, se dedique a la identificación, verificación de calidad y uso de medicamentos y regule todo lo concerniente a las medicinas, desde su adquisición y determinación de precios hasta su ofrecimiento al público.
Bajo el actual arreglo, las farmacias manejadas por el interés privado entran en conflicto con la población a la que deben servir, entre otros puntos por el precio alto de las medicinas y por la ausencia de productos para tratar dolencias que, por su infrecuencia, no representan el tipo de ganancia esperada para el vendedor. Si las farmacias, en cambio, fueran manejadas bajo un sistema integral de salud, cualquier necesidad podría ser enfrentada y resuelta utilizando criterios de servicio al público y no una expectativa de lucro, sea personal o corporativo. La diferencia entre la demanda y el precio de medicinas que encontramos de país en país es, en muchos casos, absurda.
Entiendo que factores como el número de pacientes potenciales, regulaciones internas, el tipo de la dolencia y la protección de la patente del medicamento contribuyen a la disparidad en precios, pero enfoquemos la realidad de que no es aceptable que las enfermedades de un pueblo sean objetos de negociados particulares. Es injusto, absurdo e inhumano aceptar que en Panamá se joda al que no tiene dinero con qué pagar las medicinas que necesita, algo más incomprensible aún si atendemos que en provincias como Los Santos y Herrera, entre el diez y el catorce por ciento de su población total ya forma parte de la llamada "tercera edad".
Le corresponde al Estado el deber y la obligación de garantizar y proveer a su población acceso a los medicamentos que la mayor cantidad comprobada de panameños requiera, a precios acordes con la realidad económica de las mayorías de cada una de nuestras provincias.
Otra cosa: en mis tiempos de joven, uno iba a una farmacia a comprar medicinas solamente. Ahora te venden hasta "sándwiches", juguetes y cuanta vaina no médica que puedan despachar.
Para ese tipo de mercancías están las tiendas de barrio y los supermercados, que se ven directamente afectados por esta situación. En mi niñez, nadie podía ir a comprar medicamentos a la abarrotería “Kolokol” en Calle Segunda, Carrasquilla, ni en el supermercado "Yoli", en Calle Primera y Vía Porras. En la época que sea y como se examine, es una competencia desleal.
¿Por qué se permite esto en Panamá?
Por: Rubén Blades