¿Hacia dónde va la democracia en América Latina?
7 de Febrero de 2026
Exclusivo para Contrapeso
Esta es una pregunta que usualmente se plantea en los necesarios pero generalmente inconsecuentes foros de discusión que de tanto en tanto celebramos en nuestros subdesarrollados países. La pregunta pretende encontrar una respuesta que será imposible de lograr a menos que se enfrente objetivamente la realidad de nuestras poblaciones, algo que no se encuentra con la frecuencia necesaria en este tipo de eventos.
Primero, consideremos lo siguiente. ¿Cómo sostener la posibilidad de la democracia en América Latina si los hechos indican:
Poca o cero responsabilidad cívica. Para muchos, la democracia significa ir a votar cada “X” cantidad de años y consideran cumplida su labor ciudadana una vez escogen a representantes administrativos. Esta es una noción equivocada. Se requiere el ejercicio diario de la vigilancia y la participación constante de la población para asegurar que sus derechos se protejan y sus expectativas se vean respetadas por la administración política.
Cero voluntad oficial de servicio. En muchos casos, es el clientelismo político el que determina la dirección de la administración gubernamental. La corrupción política crea representantes administrativos corruptos, ineficiencia administrativa y bajo nivel de satisfacción ciudadana.
El pueblo se inscribe en partidos políticos, vota por sus candidatos corruptos y no cree ser capaz de alterar el ciclo del cual se queja. Sin posibilidad de recibir respuestas satisfactorias dentro del sistema por el cual vota, la gente abandona la opción electoral ofrecida por la democracia y considera otras alternativas, como regímenes dictatoriales, autoritarios o abiertamente corruptos, con tal de que ofrezcan seguridad y una sensación de "orden".
Corrupción civil. Casi siempre señalamos la corrupción del político en el gobierno, pero convenientemente obviamos atender la otra parte de tal realidad: ¿quién lo escogió para dirigir? ¿Quién acepta su corrupto actuar? Y la masa votante: los que no votaron por el corrupto, ¿qué hacen? En la gran mayoría de los casos, solo quejarse y buscar maneras de solucionar un problema que nace a causa de su indiferencia y/o corrupción cívica.
Cero credibilidad. Ni el gobierno ni sus instituciones y voceros poseen credibilidad a nivel nacional. Tampoco tienen efecto los comentarios del sector independiente, porque no hay apoyos de la ciudadanía de tipo físico, económico o moral que permitan avanzar políticamente a los que no son miembros participantes. Solo hay burlas, descalificación, apatía o incredulidad para los que presentamos propuestas diferentes.
Como resultado, cada vez nos acercamos más a una "solución" autoritaria, tiránica, con una masa dispuesta a consentir que un gobierno le ordene qué hacer y qué no hacer, a cambio de garantizar una seguridad física básica y las más elementales respuestas existenciales. En Panamá, tal resignación y renuncia a la responsabilidad que exige el civismo está ejemplarizada a través del absurdo dicho "robó, pero hizo".
¿Será posible revertir la presente desidia cívica en nuestra nación? No lo sé, pero debemos continuar intentándolo. Por Panamá.
Por: Rubén Blades