¿Por qué se debe mantener el centavo?

16 de Marzo de 2026

Exclusivo para Contrapeso

En febrero del año 2025, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció que ordenó al Departamento del Tesoro de su país dejar de acuñar centavos, porque cada uno costaba 3.7 centavos para ser fabricado, pero su valor facial era de apenas un solo centavo. En noviembre de 2025 se puso pausa a la producción de centavos en los Estados Unidos, con la intención de ahorrar 56 millones de dólares.

Era evidente que si Estados Unidos dejaba de acuñar centavos, Panamá, cuya moneda metálica imita a la estadounidense, también lo haría. El pasado 10 de marzo, Javier Carrizo, gerente general del Banco Nacional de Panamá, informó que para junio de este año dejaría de acuñarse la moneda, cuyo nombre oficial es el “un centésimo de balboa”. Se desconoce el monto del ahorro que tendría el Estado panameño con esta medida.

El poder de los centavos

Cuando la República de Panamá empezó a acuñar monedas fraccionarias se optó por la misma forma y peso de la moneda metálica estadounidense. En 1904 se estableció que Panamá acuñaría monedas fraccionarias por “un peso”, equivalente a 50 centésimos de balboa; “medio peso”, equivalente a 25 centésimos de balboa; “un quinto de peso”, equivalente a 10 centésimos de balboa; “un décimo de peso”, equivalente a 5 centésimos de balboa; y un “vigésimo de peso”, equivalente a dos y medio centésimos de balboa. El centavo aparecería en 1935 y el “cuartillo”, equivalente a 1,25 centésimo de balboa, apareció en 1940. La acuñación de balboas no fue constante y, para conmemoraciones o colecciones numismáticas, se acuñaron monedas metálicas de oro de hasta 500 balboas. Con el avance del tiempo se dejaron de acuñar los cuartillos y medios.

En la década pasada, debido al cambio en el diseño del balboa tradicional por una moneda más liviana y a la excesiva emisión de la misma, popularmente se le denominó como el “Martinelli”, en reconocimiento de la administración gubernamental que la acuñó. Esa moneda metálica todavía sigue en circulación a pesar de la molestia ciudadana con la misma.

Un estudio de la Reserva Federal de los Estados Unidos revela que quienes serán los más afectados por la desaparición del centavo en los Estados Unidos son precisamente los más vulnerables: adultos mayores y personas de bajos ingresos. En Panamá no existe ninguna circunstancia que haga pensar que aquí será distinto.

El centavo es, ante todo, el medio de pago de los pobres y de las personas de la tercera edad. Es común que en las filas de las farmacias se encuentre a un adulto mayor pagando sus costosas medicinas centavo a centavo. Igual pasa en toda clase de negocios de venta al por menor, desde los minisúper, pasando por panaderías, lavanderías y hasta almacenes de marca. Recientemente, un domingo en la mañana estuve haciendo la fila en un importante almacén de la Vía España, y un adulto mayor, delante mío, pagaba su club de mercancía con moneda metálica, principalmente centavos.

El Departamento del Tesoro de los Estados Unidos ha indicado que en ese país hay 114 mil millones de centavos en circulación. Si el Producto Interno Bruto de los Estados Unidos es, según el Fondo Monetario Internacional, unas 333 veces mayor que el de Panamá, entonces podríamos asumir que aquí en Panamá podrían circular unos 342.3 millones de centavos, aplicando una simple regla de tres. El centavo cumple una función económica de inclusión y acceso al mercado de consumo que todavía no ha podido ser sustituida en nuestra economía.

Los desafíos

El gerente general del Banco Nacional de Panamá indicó que se estaría presentando un proyecto de ley para el redondeo en las compras. La regla del redondeo sería así: si el monto de la compra termina en “0” o “5”, no habrá redondeo. Si el monto de la compra termina en “1” o “2”, la compra se redondea hacia abajo al número redondo más cercano. Si el monto de la compra termina en “3”, “4”, “6” y “7”, el pago se redondeará a “5”. Si el monto de la compra termina en “8” y “9”, el redondeo sería hacia arriba hasta el siguiente “0”.

Un ejemplo aclara mejor esta regla: si una cuenta es por 1 dólar 92, el redondeo será a 1.90; si la cuenta es por 1.93 hasta 1.97, la cuenta será de 1.95; y si la cuenta es por 1.98 o 1.99, el redondeo será a dos dólares. Esta regla solo se aplicará en las transacciones en efectivo, lo que en la práctica significa que habrá dos cuentas distintas: una para el pago con tarjeta por vía electrónica y la otra, más cara, para el pago en efectivo.

El efecto del redondeo será un aumento de precios. Los especialistas de mercadeo procurarán que los precios de los bienes y servicios sumen hacia arriba. El minúsculo ahorro que tendrá el Estado palidece con el efecto inflacionario y la erosión en el poder adquisitivo de las personas más vulnerables de Panamá. No todo el mundo tiene el dinero, el conocimiento o la capacidad para operar con pagos electrónicos; si así fuera, existiría una cuenta de Yappy por cada panameño y panameña, pero estamos muy lejos de tener esa realidad. De acuerdo con el Banco Nacional de Panamá, en el año 2025 solo el 35% de las transacciones en las ciudades de Panamá y Colón fueron digitales.

El centavo tiene mucho más valor económico que el costo de su acuñación. Aunque su valor para intercambio de mercado sea de solo 1 centésimo de balboa, el centavo no es un bien perecedero, ya que puede durar más de 20 años. Es decir que un mismo centavo se puede usar infinitas veces. Si la racionalidad para eliminarlo recae sobre el hecho de que el costo de acuñación supera su valor facial, lo mismo pasa con el real, cuyo costo es de 14 centavos por acuñación en los Estados Unidos.

Si el criterio del costo financiero fuera el determinante para las obras del Estado, no tendríamos Metro de Panamá ni Metro Bus; tampoco el IDAAN, y proyectos como el Tren Panamá-David, el hospital de mascotas o la Villa Diplomática tampoco tendrían sentido. El Estado debe hacer algunas inversiones que carecen de rentabilidad financiera, precisamente porque tienen rentabilidad económica y su beneficio social es mucho mayor que su costo.

Si Panamá necesita acuñar hipotéticamente 100 millones de centavos todos los años, y esto cuesta 4 millones de dólares por año, que así sea. En el Presupuesto General del Estado hay mucho de donde recortar, todo menos recortarle el tamaño de los bolsillos a los más pobres y vulnerables del país.

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Por: Rodrigo Noriega

Abogado

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