7 de septiembre de 1977: el día que Panamá empezó a recuperar lo suyo

7 de Septiembre de 2026

Por: Rodrigo Noriega

Abogado

Exclusivo para Contrapeso


La historia oficial reconoce a 16 hombres como los negociadores de los Tratados Torrijos-Carter, firmados en la sede de la Organización de los Estados Americanos, en Washington, el 7 de septiembre de 1977. Estos negociadores fueron: Rómulo Escobar Betancourt, Adolfo Ahumada, Arístides Royo, Carlos Alfredo López Guevara, Diógenes de la Rosa, Juan Antonio Tack, Nicolás González-Revilla, Jaime Arias Calderón, Nicolás Ardito-Barletta, Edwin Fábrega, Augusto Zambrano, José Antonio de la Ossa, Flavio Velásquez, Arnoldo Cano, Rodrigo González y Omar Jaén Suárez.

A este listado le hacen falta dos nombres que, por honestidad histórica, merecen ese reconocimiento. El primero es el de Gabriel Lewis Galindo, quien ocupaba el cargo de embajador de Panamá ante los Estados Unidos durante el periodo final de las negociaciones y empujó la ratificación de esos tratados en el Senado de los Estados Unidos, literalmente consiguiendo los votos de escépticos senadores. El otro nombre faltante es el del propio general Omar Torrijos Herrera, quien era, en el fondo, el director de la orquesta de negociadores. Es un mérito histórico haber enfocado su energía y su tiempo para conseguir esos tratados. Ese fue el logro más importante del gobierno militar que Torrijos dirigió.

En una conferencia en la Universidad de Georgetown, el maestro de la diplomacia estadounidense Henry Kissinger reconoció que Panamá obtuvo las grandes concesiones en los Tratados del Canal porque tenía un equipo de negociadores jóvenes y con mucha energía. Aunque ese elemento es totalmente cierto, el equipo de negociadores panameños tuvo una cualidad excepcional y no repetida en la historia reciente de Panamá. Ese grupo de negociadores combinaba empresarios con intelectuales, hombres de pensamiento de izquierda con hombres de pensamiento de derecha. Esa mezcla no solo le dio legitimidad, sino que fortaleció la capacidad negociadora panameña.

Las negociaciones vivas

Los Tratados del Canal fueron sometidos a un plebiscito que los aprobó mayoritariamente. Dentro del conjunto de votos en contra se incluían las voluntades de quienes repudiaban la dictadura de Torrijos, así como las de aquellos panameños que temían que el dólar se fuera del país. Incluso votaron contra los Tratados Torrijos-Carter quienes pensaron que la fecha del 31 de diciembre de 1999 estaba muy lejos y que eso les daría oportunidad a los Estados Unidos de incumplir o cambiar los Tratados del Canal de Panamá.

Una vez entrados en vigencia, el 1 de octubre de 1979, las sucesivas reversiones de instalaciones y tierras a manos panameñas opacaron la realidad de que el cumplimiento de los Tratados se siguió negociando. Primero fue la igualdad salarial y de otros derechos de los trabajadores panameños. El tema del futuro de la reversión del Canal se dificultó en 1989, cuando la dictadura del general Manuel Antonio Noriega designó a Tomás Gabriel Altamirano Duque para ser el primer panameño en administrar la vía interoceánica a partir del 1 de enero de 1990. La invasión militar estadounidense, ocurrida el 20 de diciembre de 1989, impidió el cumplimiento de esta designación y, en su lugar, el subadministrador del Canal de Panamá, Fernando Manfredo Jr., se convirtió en el primer administrador panameño, aunque interino, hasta que el ingeniero Gilberto Guardia fue designado para ese cargo.

Un reconocimiento que debemos hacer los panameños a la memoria del presidente Guillermo Endara es su defensa de la soberanía nacional. El Canal de Panamá, después de la invasión, pudo tener la misma suerte que el petróleo de Venezuela en la actualidad. Guillermo Endara se negó a salir del país durante el periodo posterior a las elecciones de mayo de 1989, lo que evitó que la invasión produjera un gobierno interino. Aunque tomó posesión como presidente de la República en una base militar, la administración del presidente Endara no renegoció los Tratados del Canal ni pactó la presencia militar estadounidense después del 31 de diciembre de 1999.

La matraca

Para mediados de la década de 1990 era evidente que el gobierno estadounidense había adoptado una actitud de entregar el Canal de Panamá en franco deterioro. Un grupo de panameños que ocupaban cargos destacados dentro de la administración canalera empezó a documentar las necesidades de mantenimiento y actualización que se acumulaban para el Canal. El temor era repetir lo sucedido con el ferrocarril o con otras instalaciones ya revertidas, que en realidad eran chatarra. Este colectivo de valientes panameños y panameñas se autodenominó “La Matraca” y estuvo compuesto por: Jorge Luis Quijano, Lina Boza, Lilibeth de Langoni, Julio Cisneros, Henry Sánchez, Antonio Grenald, Alfonso Regis, Rodolfo Lammie y Franklín Castrellón.

El ingeniero Quijano, junto a Rodolfo Sabonge, se reunió en 1995 con el canciller Gabriel Lewis Galindo para compartirle sus preocupaciones. El canciller Lewis Galindo las asumió como propias y, junto con el embajador de Panamá ante los Estados Unidos, Ricardo Alberto Arias, y con el liderazgo del ingeniero Alberto Alemán Zubieta, se negoció con el gobierno estadounidense la realización de una auditoría por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos, enfocada en verificar las condiciones de la infraestructura canalera y sus necesidades de mantenimiento y modernización. El resultado de esa auditoría fue un proyecto de 2 mil millones de dólares para la modernización del Canal de Panamá, que se convirtió en la antesala de la ampliación del Canal. Esa fue la última gran negociación canalera que tuvo éxito.

7 de septiembre de 2026

Como un homenaje a aquel 7 de septiembre de 1977, se estableció en la Ley Orgánica del Canal de Panamá que los administradores y subadministradores del Canal de Panamá tomaran posesión en esa fecha. Hemos tenido cinco distinguidos varones como administradores del Canal de Panamá: Fernando Manfredo Jr., Gilberto Guardia, Alberto Alemán Zubieta, Jorge Luis Quijano y Ricaurte Vásquez Morales. Todos ellos con un historial personal y profesional de probidad e integridad, así como una alta formación académica. A esa lista se agrega el nombre de la primera mujer, en los 112 años de existencia del Canal de Panamá, que asume la responsabilidad de administrar la vía interoceánica. La ingeniera Ilya Espino de Marotta no solo ha roto un techo de vidrio sumamente importante, sino que también asume las riendas de la Autoridad del Canal de Panamá en un momento sumamente crítico desde el punto de vista de la geopolítica mundial, desde la perspectiva ambiental y desde la dimensión de la enorme presión de la competencia regional en materia logística.

El Canal de 2026 no habría sido posible sin el sacrificio de todas las generaciones de panameños y panameñas que pusieron su granito de arena o que dejaron sus sueños y sus vidas truncadas para alcanzar la recuperación de la soberanía del país. Con estos 18 hombres de derecha y de izquierda, que hicieron posibles esos Tratados del Canal de Panamá, tenemos la obligación moral de defender ese legado y de proteger la institucionalidad y la gobernanza, la integridad territorial, el Estado de derecho y la función ecológica de la cuenca hidrográfica que alimenta al Canal. Ese es uno de nuestros tesoros nacionales y uno de los legados más importantes que pasaremos a las próximas generaciones. El 7 de septiembre de 1977 se concretó un sueño, y la responsabilidad de mantenerlo vivo es de todos y todas.

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