Cosas que no entiendo de Panamá: ¿por qué no podemos bañarnos en las playas de la ciudad?
30 de Enero de 2026
Exclusivo para Contrapeso
El pasado domingo 25 de enero se abrió al público la Playita Las Garzas, cuyo nombre en realidad es Playa Prieta. Parte de un plan de recuperación de espacios públicos para que los habitantes y visitantes de Casco Antiguo disfruten de nuestro mayor orgullo geográfico: las playas. Pero es una apertura parcial, solo la arena. En una entrevista con Telemetro Reporta, el alcalde Mayer Mizrachi hablaba de que era parte del objetivo. Mencionaba que el 90 % de personas que viajan a destinos playeros no se meten a la playa y, aunque no encontramos esa estadística, sí podemos asegurar que existe otro motivo para no poder entrar. Esta playa tiene prohibido el ingreso al mar, como todas las playas de la ciudad, desde 1991.
El 19 de agosto de 1991 se crea el decreto alcaldicio 609, cuando la alcaldesa Mayín Correa prohíbe bañarse en la bahía como resultado de las muestras de laboratorio del agua que revelaban altos niveles de contaminación en los ríos Matasnillo, Curundú, Matías Hernández, Juan Díaz y Tapia; todos ríos que desembocan en la Bahía de Panamá y transportan aguas negras. El decreto habla de contaminación y hace énfasis en la bacteria Vibrio cholerae, productora de cólera. Este decreto ocurre cuando Panamá atravesaba una de sus peores crisis epidemiológicas de cólera, con más de 3,600 casos. El primer artículo prohíbe pescar, nadar o bañarse en la bahía. El tercer artículo menciona las sanciones: multas desde 25 a 100 balboas o arresto. Este decreto es el equivalente a las medidas de la pandemia del COVID del 2020; es como si nunca hubieran permitido quitarnos las mascarillas por más de 30 años sin cuestionarnos el por qué. En este caso la pregunta es: ¿cómo en una ciudad costera nunca nos preguntamos por qué no podemos entrar al mar?
La respuesta es que aún no hemos solucionado este problema. La Universidad de Panamá realizó un estudio en 12 puntos de la Bahía de Panamá en el 2023, desde Costa del Este hasta la Calzada de Amador. El estudio reveló bacterias resistentes a un perfil de 12 antibióticos a las que fueron sometidas y parásitos presentes en todas las muestras de agua. En los lugares donde se encontró mayor prevalencia de parásitos están la mayor parte de las zonas residenciales más costosas de la ciudad, irónicamente. La Cinta Costera, la Calzada de Amador, La Isla y los lujosos edificios con vista al mar son proyectos que nos permiten normalizar y convivir con el problema de nuestro mar contaminado.
Probablemente han oído hablar del Programa de Saneamiento de la Bahía de Panamá; es un proyecto que lleva más de 20 años solucionando este problema y se proyecta culmine su misión en el 2050, permitiendo la completa recuperación de playas con mar incluido. Y esta Playa Prieta es una buena señal de este trabajo. Fernando Díaz Jaramillo, director de la Coalición Comunitaria del Centro Histórico y exdirector de la Oficina del Casco Antiguo, nos contó cómo, con la ayuda del Ministerio de Ambiente, han involucrado a la comunidad con el cuidado de nidos de tortugas marinas que se encuentran aquí, a lo que él me definía como “a unos pasos de los hoteles más lujosos de Panamá”, siendo un mayor atractivo turístico que solo ir a “parkear a la arena”. Esto no es una señal para bajar la guardia; es un llamado a aumentar proyectos en favor del cuidado ambiental.
En conclusión, la apertura a medias de la playita es un cruel recordatorio de las consecuencias reales de la contaminación ambiental, pero un ejemplo para las demás comunidades costeras a involucrarse y, quizás, no tener que esperar al 2050 para meterse al mar. Y a ustedes, ¿les gustaría poderse bañar en la bahía?
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Por: Esperanza Villalobos