Cosas que no entiendo de Panamá: ¿en Panamá hay bombas que no han explotado?

26 de Junio de 2026

Por: Esperanza Villalobos

Exclusivo para Contrapeso


En 1997, un domingo por la noche, la cadena CBS presentó el episodio 8 de la temporada 31 del programa estadounidense “60 minutos”. En este episodio, Rick Stauber, exempleado de la escuela de desactivación de bombas del Ejército, acusaba a los Estados Unidos de maquillar informes de una problemática que atenta contra la vida de los estadounidenses que vivían en Panamá. El Comando Sur había realizado pruebas con uranio empobrecido en el polígono de Piña, en Colón, y los residuos de estos proyectiles y otras municiones sin detonar aún estaban en las selvas del país.

Cuando se firmaron los Tratados Torrijos-Carter, no solo regresó a manos panameñas el Canal de Panamá. Regresó a nosotros el control del territorio de la Zona del Canal, incluyendo los polígonos. Un polígono es el campo de entrenamiento militar que utilizaba el Ejército de los Estados Unidos para prácticas con municiones y explosivos. Los estadounidenses abandonaron por completo estas zonas el 31 de diciembre de 1999, pero dejaron atrás armas no detonadas.

Luego del programa, tanto los panameños como los estadounidenses que aún residían en Panamá empujaron a sus gobiernos a conversar sobre el control de daños. Primero estaba el tema de que no valía la pena destruir la selva en busca de municiones que podían no estallar nunca. El polígono de Piña formaba parte de un recinto militar ubicado dentro de miles de hectáreas de densa selva tropical. La obligación de limpiar el desastre era de los Estados Unidos, pero argumentaban que para 1999 no tendrían el tiempo suficiente y que, si debían quedarse más tiempo, probablemente la presencia militar sería un problema.

Cinco años después, el polígono de Piña volvía a ser noticia. El 29 de junio de 2004 murió Sabino Rivera Santamaría, un señor de 42 años, padre de nueve hijos, que, al enfrentar pobreza, se adentró en la selva en busca de guineos cuando pisó un explosivo y falleció en el lugar. Y, a pesar de la indignación, no era la primera víctima.

El periódico The Washington Post, en un artículo llamado “El peligroso legado americano”, cuenta que Panamá ya contaba con más de 20 víctimas fatales de explosivos en zonas militares, un año antes de la entrega del Canal. Esto, sin contar la pérdida de fauna y flora. Para entonces, se informó que se removieron solo 8,500 municiones, pero que quedaban más. Después de todo, estas fueron zonas de práctica militar por casi 90 años, dentro de los que se vivió la Primera y Segunda Guerra Mundial, y los conflictos con Corea y Vietnam.

En 2017, Estados Unidos llevó a cabo un operativo de limpieza en la isla San José y logró destruir ocho bombas y municiones químicas. Pero no se mencionó más acerca de las otras bases. En 2024, el Museo del Canal expuso el proyecto artístico de Alfredo J. Martiz “Bombas no detonadas”. El certificado de defunción de Sabino Rivera Santamaría formaba parte de la muestra. Un recordatorio de los asuntos que quedaron pendientes.

Muchos de los documentos que leí hacían énfasis en que el señor Sabino ignoró las numerosas señales que indicaban que era peligroso cruzar, que la zona tenía explosivos y que podría morir. Como si parte de la culpa fuera de él. Como si no fuera difícil entender que se nos regresaron tierras a las que no podíamos regresar.

Además del de Piña, ¿han escuchado de otros polígonos?

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