Correlación no es causalidad (ni neutralidad)¿Quién gana, quién pierde y por qué el modelo no cambia?

28 Abril de 2026

Por: Carlos Barsallo
Abogado


Exclusivo para Contrapeso

Panamá crece. Aproximadamente 4.4 % en 2025. Panamá es un país de altos ingresos conforme al Banco Mundial. Panamá sigue atrayendo capital, principalmente depósitos bancarios de ciertos países de la región, por ejemplo: Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, entre otros.

Y, sin embargo, Panamá mantiene niveles de percepción de corrupción que no son consistentes con ese resultado. Panamá obtuvo 33/100 en el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2025 de Transparency International. La posición 116 de 182 países. Sin mejora.

Y Panamá ya no atrae inversión extranjera directa (IED) como antes.

Hasta aquí, el diagnóstico.

En mi columna El nuevo excepcionalismo panameño: crecemos por grasa, no por músculo, publicada el 24 de marzo de 2026, planteé una hipótesis: que parte del crecimiento financiero de Panamá podría explicarse más por su función como refugio de capital en dólares que por su capacidad de generar inversión productiva sostenida.

Los datos concretos aportados en mi columna anterior señalan que los depósitos bancarios externos crecieron fuertemente en 2025 (alrededor del 11 %) y que Colombia sigue siendo el principal origen, mientras la IED productiva se desploma.

Luego vino el comentario técnico, muy correcto, de un lector especialista en la materia: correlación no es causalidad.

Muy de acuerdo.

Pero hay una segunda advertencia que rara vez se hace y que creo importante hacer en este artículo de seguimiento: los modelos económicos no son neutrales.

El punto que faltaba. Esto no ocurre solo.

En Panamá está cayendo la inversión extranjera directa. La inversión extranjera directa cayó 63 % al cierre de 2025 frente a 2024: de US$2,454 millones en 2024 a US$905 millones. Para las autoridades económicas esto se debe a la reinversión de utilidades. Y es un tema cíclico.

Cuando vemos que la inversión productiva cae, la institucionalidad no mejora, pero los activos financieros crecen, la pregunta no es solo qué está pasando.

La pregunta es: ¿quién tiene incentivos para que esto siga pasando?

Porque los modelos económicos no se sostienen solos. Se sostienen porque benefician a alguien.

Dos economías, dos lógicas y dos grupos de interés

Ya vimos que hay dos tipos de capital:

  1. El que construye (IED)
    ● requiere estabilidad
    ● exige reglas claras
    ● invierte a largo plazo

  2. El que se estaciona (capital financiero)
    ● busca refugio
    ● busca liquidez
    ● se mueve rápido

Hasta aquí, economía. Pero ahora entra la política económica.

¿Quién gana con el modelo actual?

Panamá sigue siendo un país de altos ingresos relativos en la región, con crecimiento superior al promedio latinoamericano.

El modelo “de grasa” ha generado riqueza y resiliencia (dolarización, Canal de Panamá, hub aéreo).

El desafío no es que no funcione, sino que funciona de forma sesgada y poco inclusiva.

Si Panamá funciona, aunque sea parcialmente, como refugio financiero, hay actores que se benefician de eso: intermediarios financieros, servicios profesionales vinculados al movimiento de capital y sectores que viven de la circulación, no de la producción.

No hay nada ilegal en esto.

Pero sí hay algo importante: estos actores no necesariamente tienen incentivos para cambiar el modelo.

El capital financiero no es solo “estacionado”; genera empleo en banca, servicios legales y profesionales, impuestos y estabilidad macro.

Panamá ha evitado crisis cambiarias gracias a su dolarización y atractivo como refugio.

¿Y quién pierde (o gana menos)?

El sector financiero sí genera empleos formales y de alto valor, pero son relativamente pocos y con alta calificación.

El modelo basado en captación financiera, si no se traduce en inversión productiva, genera:

menos empleo formal del esperado
menor diversificación económica
mayor vulnerabilidad a shocks externos
estancamiento institucional

En Panamá, el crecimiento no se traduce en empleo formal suficiente. El desempleo, en 10.4 %, es un problema en la actualidad en Panamá, con más de 227 mil personas afectadas a septiembre de 2025.

Panamá tiene un problema estructural de informalidad alta (aproximadamente 784 mil personas). El desempleo afecta más a mujeres y jóvenes.

Es decir: el país puede crecer sin fortalecerse.

El modelo no es un accidente

Aquí está el punto medular.

Si el modelo persiste en el tiempo, a pesar de señales claras, es razonable pensar que:

No es un error. Es un equilibrio.

Un equilibrio donde algunos ganan de forma clara, el costo se distribuye de forma difusa y el cambio requiere afectar intereses concretos.

¿Qué explica los flujos financieros? y ¿qué explica la inversión productiva?

La teoría enseña que la inversión productiva responde más a la institucionalidad; los flujos financieros responden a otra lógica.

Ese desacople no es solo económico. Es también político.

Entonces, ¿por qué no cambia?

Porque cambiar el modelo implica: afectar rentas existentes, redistribuir beneficios, asumir costos de transición.

Y eso tiene nombre: decisiones.

Decisiones que alguien tiene que tomar. Y que alguien más tiene incentivos para evitar.

Cambiar el modelo implica costos de transición reales. Por ejemplo: posible salida de capital, pérdida de competitividad en ciertos servicios.

¿Quién impulsa la alternativa?

Aquí está el vacío más importante del debate.

Se habla mucho de diagnóstico. Se habla poco de agencia.

Un cambio de modelo requiere: actores dispuestos a perder, actores que ganen con el cambio, liderazgo político y presión social bien informada.

Sin eso, el modelo no cambia.

El modelo se adapta, muta, se maquilla, se justifica.

Y hay razones para ello.

Como sucede en la política, pasa igual en la política económica. Las élites con poder de decisión prefieren lo conocido antes que lo incierto. Esto es un problema universal de los equilibrios de bajo nivel institucional y Panamá no es una excepción exótica.

José Luis Antúnez lo resume bien para la política y la democracia: “El factor de las élites cómplices es quizás lo más subvalorado: las democracias mueren cuando las élites económicas y políticas calculan que les conviene más un autócrata amigo que una democracia incierta”.

Yo lo extiendo a la política económica.

La pregunta correcta

La discusión no es si el modelo funciona.

Funciona. Pero ¿para qué y para quién?

Hay que equilibrar la atracción de IED productiva sin dañar el núcleo financiero.

El problema panameño parece más de calidad institucional y diversificación productiva que de rechazar el modelo financiero per se.

Hay pistas concretas sobre qué reformas institucionales serían prioritarias. Por ejemplo, la justicia lenta y selectiva y las reglas de contratación pública, donde se abusa de las excepciones, actúan como cuellos de botella críticos para la IED seria y de calidad. La educación técnica y vocacional mantiene una enorme brecha entre lo que pide el mercado y lo que produce el sistema educativo.

Panamá tiene ventajas estructurales envidiables conocidas, como, por ejemplo: la dolarización, la posición geográfica, el Canal, los servicios financieros, que le han permitido crecer por encima del promedio latinoamericano y alcanzar estatus de alto ingreso.

Sin embargo, ese crecimiento es frágil y sesgado si no viene acompañado de inversión productiva sostenida, mejora institucional y diversificación hacia sectores de mayor valor agregado.

El riesgo real es el de un “equilibrio de bajo nivel” institucional, es decir, un sector financiero que funciona bien para ciertos intereses (y para la macroestabilidad), pero que no presiona suficientemente por reformas profundas porque no las necesita tanto.

Mientras tanto, el resto de la economía sufre desempleo elevado, informalidad y corrupción percibida alta, lo que desalienta la IED de calidad.

Esto no es único de Panamá. Muchos países con rentas fáciles, por ejemplo: petróleo, turismo masivo, centros financieros, caen en trampas similares. Pero en Panamá es especialmente visible por la dolarización: no hay crisis cambiaria que fuerce ajustes dolorosos, lo que puede prolongar el statu quo.

Correlación no es causalidad, pero una divergencia persistente como la que describimos en mi columna anterior, con activos financieros que crecen, productividad que cae e institucionalidad estancada, sí sugiere una estructura de incentivos que vale la pena cuestionar.

No se trata de rechazar el modelo financiero, sino de elevar la calidad institucional para que atraiga más capital “que construye” sin sacrificar el que “se estaciona” de forma legítima.

Conclusión

Correlación no es causalidad. Pero tampoco es casualidad.

Y, sobre todo: no es neutral.

Cuando dos variables divergen de forma persistente, no solo revelan un fenómeno económico.

Revelan una estructura de incentivos.

Entenderla es el primer paso. Cambiarla es otro.

Y no depende de artículos.

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Sustancia económica: entre la ficción, la lógica y la realidad.