Empresarios en política: participar sí, capturar no

7 deJulio de 2026

Por: Carlos Barsallo
Abogado


Exclusivo para Contrapeso

● Antecedentes

Creo firmemente que, en una democracia sana, los empresarios, como todos los ciudadanos, no solo tienen derecho a participar en la vida pública: tienen la responsabilidad de hacerlo. El verdadero desafío no es si participan, sino cómo lo hacen sin generar privilegios indebidos, conflictos de intereses imposibles de manejar o, peor aún, la abierta y total captura del Estado.

El pasado 26 de junio participé en un panel sobre este tema, organizado por la Asociación de Secretarios Corporativos de América Latina (ASCLA). El moderador fue Enrique Díaz Ortega, presidente de la entidad, y compartí panel con Roque Benavides (Perú) y Valeria Díaz (Argentina). Agradezco a ASCLA la invitación y destaco la excelente organización del evento, que reunió a más de 70 participantes de 12 países.

El programa incluyó bibliografía relevante y de alto nivel. Entre la bibliografía recomendada destaco dos obras: La captura del Estado en América Latina, de Francisco Durand, y Élites económicas e influencias en América Latina, coordinada por Inés Nercesian, ambas indispensables para comprender los riesgos de captura del Estado y la llamada “puerta giratoria”.

El evento se desarrolló en dos bloques. En el primero se discutió el rol de los empresarios en el contexto político de cada país. En el segundo se aterrizó la discusión en gobernanza corporativa, directorios y gestión de riesgos. A continuación, resumo algunos de los interrogantes más relevantes que surgieron:

Bloque 1. Empresarios, política y contexto país

• ¿Hasta qué punto deben los líderes empresariales asumir roles políticos para cubrir vacíos que deja un Estado ineficiente o ausente, y dónde está el límite de su legitimidad corporativa?

• El financiamiento de campañas: ¿acto cívico, inversión de riesgo o práctica que distorsiona las reglas del juego?

Bloque 2. Rol del directorio, gobernanza y gestión de riesgos

• ¿El directorio de su empresa tiene una política explícita sobre relacionamiento político y financiamiento de actividades públicas?

• Cuando el CEO o el accionista controlador mantiene vínculos personales fuertes con el poder político, ¿cómo equilibra el directorio su función de supervisión?

• ¿Debería el directorio aprobar explícitamente cualquier relación comercial o alianza con actores políticamente expuestos (PEP)?

• ¿Cuánto del discurso empresarial sobre “defensa de la institucionalidad” es relaciones públicas y cuánto es una verdadera estrategia impulsada desde el directorio?

● Tres ideas que resumieron mi intervención

  1. La participación empresarial en política es necesaria, pero debe tener límites claros y reglas transparentes.

  2. El problema no es la relación entre empresa y Estado; el problema es la captura del Estado y los conflictos de intereses que no se gestionan adecuadamente.

  3. La democracia necesita que personas competentes participen, aunque los costos personales y las barreras sean cada vez mayores.

C. Experiencias y lecciones aprendidas

He observado la relación empresa-Estado desde tres perspectivas: como regulador, como candidato a contralor general de la República y como director independiente. Esta combinación me permite afirmar lo siguiente:

a. Las instituciones mejoran cuando atraen talento y ese talento da ejemplo.

Al construir la Comisión Nacional de Valores decidimos que el ejemplo debía comenzar desde arriba. Presentábamos declaraciones patrimoniales, nos impedíamos cuando correspondía y actuábamos con transparencia. Eso generó orgullo institucional y un fuerte sentido de mérito. El comportamiento de quienes dirigen una institución termina convirtiéndose en la cultura de quienes trabajan en ella. Aprendí que las instituciones no cambian solo con leyes: cambian, sobre todo, con liderazgo.

b. Candidatura a contralor general.

Postularme me confirmó dos cosas: que todavía hay ciudadanos dispuestos a servir y que los incentivos y barreras para participar en la vida pública son cada vez más altos. Sabía que no sería elegido, pero consideré importante mostrar que se puede competir con una hoja de vida y no solo mediante acuerdos políticos. El proceso ganó en transparencia y varios diputados apoyaron una candidatura independiente. Participar siempre vale la pena.

c. Sobre la captura del Estado

La influencia del sector privado en la política existe en todas las democracias. La pregunta clave es si esa influencia se ejerce mediante reglas transparentes o a través de relaciones privilegiadas. Cuando las relaciones prevalecen sobre las reglas, hablamos de captura del Estado. Ese es el punto en que el interés público comienza a ceder frente al interés particular.

d. Puerta giratoria y conflictos de intereses

El problema no es la puerta giratoria en sí. El problema es una puerta giratoria sin controles. Sin controles, la experiencia deja de ser un activo y se convierte en una ventaja indebida. La experiencia privada puede enriquecer el servicio público, y la experiencia pública puede fortalecer al sector privado. Para que sea legítimo se requieren reglas claras: declaraciones patrimoniales, períodos de enfriamiento, impedimentos, recusaciones, transparencia y supervisión efectiva.

e. El aspecto humano

A veces me preguntan por qué involucrarse. ¿Por qué seguir participando? Es más fuerte que yo. Quien ha recibido mucho tiene también la obligación moral de devolver algo a la sociedad. Esa convicción sigue siendo más fuerte que el costo de participar. Por eso sigo escribiendo, proponiendo reformas y participando en el debate público.

Si las personas con experiencia, independencia y vocación deciden no participar, otros ocuparán ese espacio. Y luego no deberíamos sorprendernos por la calidad de las decisiones públicas.

D. Conclusión

Las instituciones no mejoran porque aparezcan personas perfectas. Mejoran cuando empresarios y profesionales con experiencia, principios y capacidad deciden involucrarse, aceptando que servir implica renuncias, controles y rendición de cuentas.

En Panamá (y en América Latina) necesitamos más de ese involucramiento responsable y, al mismo tiempo, reglas claras que protejan tanto la democracia como la legitimidad del sector privado. Solo así convertiremos la relación entre empresariado y Estado en una fuerza constructiva para el desarrollo del país.

La calidad de una democracia no depende de que el empresariado permanezca al margen del Estado. Depende de que la relación entre ambos esté gobernada por reglas bien hechas, transparencia de verdad (con consecuencias) y rendición de cuentas, no rendición de cuentos.

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