Las guerrillas panameñistas de 1969

29 de Enero de 2026

Exclusivo para Contrapeso

El golpe militar del 11 de octubre de 1968 puso fin al incipiente tercer gobierno del caudillo panameñista Arnulfo Arias Madrid luego de solo 11 días de mandato. El ascenso del régimen militar enfrentó escollos y desafíos a lo largo de la geografía nacional.

Mientras jóvenes universitarios y profesionales de la Democracia Cristiana y del propio panameñismo intentaron en vano organizar la resistencia civil pacífica en la ciudad de Panamá, San Miguelito y La Chorrera, existió otra línea de resistencia y confrontación al régimen militar, la que quedó en manos de jóvenes y campesinos simpatizantes del panameñismo, por una parte, y por otra, jóvenes militantes de izquierda que optaron por la ruta de la insurrección armada con movimientos guerrilleros en Piedra Candela, en Chiriquí; en Guacas de Quije, en Coclé; y en Cerro Azul, en la provincia de Panamá.

Sin Dios ni patria

La insurrección más organizada y con mayor impacto fue la de Piedra Candela, en las Tierras Altas de Chiriquí. Allí, a finales del mes de noviembre de 1968, una columna guerrillera liderada por Onofre Quintero atacó a los agentes de la Guardia Nacional cerca del cuartel de Piedra Candela, próximo a la frontera con Costa Rica. En el ataque murieron un número desconocido de miembros de la Guardia Nacional, mientras que los guerrilleros salieron incólumes. Inmediatamente se inició la búsqueda de los autores de la masacre y se desató la represión contra simpatizantes conocidos del panameñismo. Con la ayuda del Comando Sur de los Estados Unidos, que suministró sobrevuelos aéreos y asesoría, la Guardia Nacional recogió inteligencia y se preparó mejor para el siguiente ataque.

El 9 de enero de 1969, la guerrilla chiricana atacó nuevamente el cuartel de Piedra Candela, pero esta vez el asalto fue repelido y las bajas más significativas estuvieron del lado de los guerrilleros. En la refriega fue herido el guerrillero Ramón Mojica, quien fue sometido a torturas y su cuerpo fue desmembrado; se tomó una fotografía de sus restos y se sacaron copias que fueron lanzadas desde aeronaves del Comando Sur sobre el territorio que se suponía albergaba a los guerrilleros. Debajo de la foto había una leyenda que decía: “Así mueren los guerrilleros, sin Dios ni patria”.

La guerrilla chiricana fue diezmada y, aunque algunos de sus miembros escaparon a Costa Rica, allá fueron exterminados. Mientras tanto, en Chiriquí, los simpatizantes o sospechosos de simpatizar con el movimiento guerrillero fueron capturados, sometidos a torturas y sus cuerpos fueron desaparecidos. Del listado de los 112 fallecidos o desaparecidos a manos de la dictadura militar, según la Comisión de la Verdad, una veintena fueron vinculados al levantamiento panameñista de los años de 1968 a 1970.

Los constitucionalistas

Con el teatro del frente chiricano encendido, otro grupo de simpatizantes panameñistas, principalmente jóvenes pertenecientes al frente de los “Boinas Negras”, oriundos de la capital y alrededores, emprendió la iniciativa de tomarse el cuartel de la Guardia Nacional de La Yeguada, en la provincia de Veraguas. Para realizar dicha hazaña, la docena de jóvenes que integraba el grupo, que se autodenominó “los constitucionalistas”, llegaría al poblado de Natá para ascender a la cordillera coclesana en Guacas de Quije y así dirigirse hacia La Yeguada. Aunque los dos movimientos tenían motivaciones similares y existían elementos en común con los chiricanos, también existían importantes diferencias. El principal elemento en común que tenían ambos movimientos guerrilleros era su carencia de armas de fuego y su desconocimiento de las tácticas suficientes para llevar adelante una guerra de guerrillas. La gran diferencia de los Boinas Negras con la guerrilla chiricana era que no conocían el territorio donde iban a desarrollar su insurgencia.

La única mujer del grupo, una corredora de aduanas de 26 años de edad, estudiante de la licenciatura de español en la Universidad de Panamá, de nombre Dora Ceferina Moreno Jaén, escribió en su diario el 24 de enero de 1969 que:

“Nos hemos levantado con el fin de volver al régimen constitucional y por la restauración total de nuestro querido Panamá; no permitiremos ni a los militares ni a los aprovechadores de ocasión.

Nuestro grupo está compuesto por 11 jóvenes de 19 a 26 años, a lo sumo. Nuestro jefe está bien entrenado en armas y, a pesar del primer fracaso en el primer día de guerrilla, supo calmarnos y conseguir que no se dispersara el grupo. Un señor de más de 35 años, que había venido a unírsenos, se regresó a la ciudad.

Nuestro grupo cuenta con un equipo casi completo (víveres, armas y ropa), y son muchachos que van a vencer o morir. Todos hemos dejado a hijos, padres, esposos, novios, etc. Pero ninguno se ha puesto sentimental. Nos une un ideal, una causa justa para todo nuestro pueblo, ‘Por un Panamá mejor para todos los panameños’. Esperamos triunfar”.

Unos días más tarde, el 1 de febrero, parte del grupo fue capturado por la Guardia Nacional y sometido a torturas y vejámenes, luego de lo cual fueron asesinados. Allí murieron: Dorita Moreno, Heriberto Manzzo, Javier Guerra, Daniel Heart, José Pimentel y Cesáreo Tejada. Dorita fue sometida a agresiones sexuales, incluyendo la introducción de un fusil en su vagina por parte de un agente de la Guardia Nacional. Luego fue asesinada y su cuerpo fue cubierto con alambre de púas y dejado a la intemperie para asustar a los campesinos del área. Unos días más tarde, un sacerdote, junto con vecinos de la región, procedió a enterrarla.

Según testimonios de campesinos que participaron en el entierro, Dorita y uno de sus compañeros de armas fueron sepultados juntos. En 1982, la familia de Dorita la desenterró y procedió a darle cristiana sepultura en La Chorrera. Cuando la Comisión de la Verdad visitó el área de Guacas de Quije, solo se encontró ropa y otros artículos personales de algunos de los compañeros de Dorita. Sin embargo, los otros cuerpos nunca han aparecido. Se sabe que en Chiriquí la Guardia Nacional desaparecía los cuerpos de los guerrilleros, ya sea lanzándolos al mar o enterrándolos en fosas comunes. Es posible que un destino similar haya sido la razón de que no haya rastros de los miembros de la guerrilla constitucional.

Lección para la historia

Aunque el otro movimiento guerrillero se desarrolló en junio de 1969 en Cerro Azul, no mantenía vínculos tan estrechos como los panameñistas de Piedra Candela y los de Guacas de Quije. Este capítulo, muy poco conocido del siglo XX panameño, merece mucho más estudio y divulgación. Falta mucha información sobre cómo se organizaron realmente estas guerrillas y si tenían coordinación entre ellas. Más allá de los detalles específicos de las historias personales y colectivas de los protagonistas de esos levantamientos, queda claro que los panameños y panameñas han estado dispuestos a derramar su sangre por este país y por sus convicciones democráticas. Si hubieran tenido éxito en 1969, el país que somos sería muy distinto.

Actualmente, en Panamá no hay monumentos, plazas, parques, escuelas o calles que honren a estos panameños. Es importante decir que tampoco se conoce la cantidad ni el nombre de los agentes de la Guardia Nacional caídos en los ataques guerrilleros. Hoy, con un país democrático con grandes defectos y con un Estado de Derecho con pocas virtudes, es muy valioso entender y apreciar que la desesperanza y el arrinconamiento de una ciudadanía atosigada por su realidad cotidiana pueden llevar a procesos sociales inesperados para este país. El recuerdo de las guerrillas panameñistas y su gran coraje deben servir para que cuidemos y respaldemos la democracia panameña y defendamos el derecho de todos y todas a buscar un mejor destino de forma pacífica.

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Por: Rodrigo Noriega

Abogado

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