La doctrina Donroe en acción

15 de Enero de 2026

Exclusivo para Contrapeso

El 2 de diciembre de 1823, el entonces presidente de los Estados Unidos, James Monroe, en su discurso al Congreso de la Unión, advirtió contra cualquier intento europeo de reconquistar a las naciones independientes de América Latina y el Caribe. Su expresión “América para los americanos” fue recibida como un espaldarazo simbólico a las luchas independentistas en el sur del continente. Los Estados Unidos de entonces no tenían la capacidad de enfrentarse directamente con las potencias europeas en un conflicto militar para proteger la independencia latinoamericana.

Por varias décadas posteriores a la enunciación del presidente Monroe, las potencias europeas hicieron su agosto en América Latina, desde la invasión de las Islas Malvinas por parte de Inglaterra en 1833 hasta el intento francés de colonizar México para imponer a Maximiliano y Carlota como emperadores entre 1861 y 1867. Con el paso de los años, el desarrollo económico de los Estados Unidos y el consiguiente incremento de su poderío militar llevaron a adiciones a la doctrina Monroe. Estas adiciones se conocen como corolarios.

El primer corolario es de 1880 y fue emitido por el presidente estadounidense Rutherford B. Hayes, quien afirmó: “Para evitar la injerencia de imperialismos extracontinentales en América, los Estados Unidos deberían ejercer el control exclusivo sobre cualquier canal interoceánico que se construyese”. En 1904, el presidente Theodore Roosevelt agregó un segundo corolario a la doctrina Monroe, por el cual los Estados Unidos tenían el derecho a intervenir militarmente en América Latina y el Caribe si los intereses y el patrimonio de ciudadanos o empresas estadounidenses eran afectados, o si los desórdenes internos de los países latinoamericanos requerían tal medida para proteger los intereses de los Estados Unidos. Con estos dos corolarios, la interpretación de la doctrina Monroe pasó a ser: América para los estadounidenses.

Una nueva visión

“¿Por qué es importante esta región? Con todos sus ricos recursos y elementos de tierras raras; tienes el triángulo del litio, que es necesario para la tecnología actual. El 60 % del litio del mundo está en el triángulo del litio: Argentina, Bolivia, Chile. Tienes las reservas de petróleo más grandes, crudo ligero y dulce descubierto en Guyana hace más de un año. Tienes los recursos de Venezuela también, con petróleo, cobre y oro. Tenemos el Amazonas, ‘los pulmones del mundo’. Tenemos también el 31 % del agua dulce del mundo en esta región. Quiero decir, es fuera de lo común. Tenemos mucho que hacer. Esta región importa. Tiene mucho que ver con la seguridad nacional y tenemos que intensificar nuestro juego”.

Las palabras anteriores no las dijo Donald Trump ni algún alto funcionario de su gobierno. Esa expresión fue emitida por la general Laura Richardson en el año 2023, cuando era jefa del Comando Sur de los Estados Unidos. El discurso que contenía esta expresión fue dado ante el Atlantic Council, mucho antes de que Donald Trump hubiera sido candidato presidencial. Esas palabras representan lo que ya era el consenso de la visión geopolítica de los Estados Unidos hacia América Latina y el Caribe. En esa visión, la principal regla es ganar la competencia geoestratégica contra China.

Aunque el actuar del gobierno estadounidense pueda estar matizado por una capa ideológica, en el fondo es una estrategia meramente económica. China, como comprador y como inversionista, aumentó su influencia en todo el planeta. El gobierno de China no pone mayores condiciones para los préstamos o las inversiones; no le interesa si un gobierno latinoamericano es corrupto o si viola los derechos humanos. China se comporta como se comportó Estados Unidos durante gran parte del siglo XX. El riesgo es que el estudiante supere al maestro.

Trump

Concluidas las primeras 51 semanas del segundo periodo del presidente Donald Trump, el mandatario sabe que está trabajando contra el tiempo. En noviembre de este año habrá una elección legislativa de las dos cámaras del Congreso de los Estados Unidos. Es probable que el Partido Republicano de Trump pierda la Cámara Baja a manos del Partido Demócrata y que varios escaños senatoriales en manos de los republicanos pasen a la oposición. Eso significaría investigaciones, restricciones presupuestarias y rendición de cuentas. La fiesta puede acabarse dos años antes del 2029.

El presidente Trump está acelerando procesos geopolíticos y económicos para favorecer a los sectores que tradicionalmente dominaban la economía de los Estados Unidos. Con su política migratoria y sus altos aranceles, Trump persigue el mismo propósito: que el trabajador blanco, sin acceso a educación universitaria, mejore su nivel económico y aumente su orgullo cultural por su pertenencia a la cultura dominante de los Estados Unidos.

El ascenso de China, con todos sus defectos, así como la articulación de una nueva sociedad estadounidense formada por una mayoría compuesta de minorías, representan en el fondo la misma amenaza. El corolario de Trump a la doctrina Monroe la está transformando en una doctrina de dominio absoluto. Ya no se trata solo de los recursos estratégicos o de los intereses de las empresas de los Estados Unidos, sino de impedir que cualquier negocio o actividad de otra potencia, en este caso China, tenga futuro en América Latina y el Caribe. Esa es la doctrina “Donroe”.

Con su forma de actuar, Trump ha tenido importantes victorias en la región, siendo el triple salto mortal de Venezuela sin Maduro, pero sin democracia, su mayor triunfo. La victoria del trumpismo es de muy corto plazo. A menos que Estados Unidos invierta significativamente no solo para obtener los recursos estratégicos que busca, sino también para reducir la desigualdad, la pobreza y la problemática ambiental regional, el escenario será inestable. No es por vía de la impagable deuda externa que se va a corregir el legado de la inequidad latinoamericana, sino por medio de una mayor cooperación y una generosa dotación de recursos que abra las mayores oportunidades posibles a los latinoamericanos en la propia América Latina y el Caribe.

Un escenario alternativo

Durante el gobierno de otro republicano, Ronald Reagan, se creó la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (CBI, por sus siglas en inglés). Este fue un plan concebido por Henry Kissinger para aumentar las inversiones, hacer crecer las exportaciones, educar a una nueva generación de líderes e innovadores latinoamericanos y fomentar una era de esperanza y optimismo. Si el gobierno de Trump no quiere que otra vez millones de latinoamericanos migren a su territorio, es vital que se generen grandes oportunidades para las inversiones de empresas estadounidenses, así como facilidades para que las pequeñas y medianas empresas latinoamericanas puedan crecer. América Latina y el Caribe no pueden seguir siendo el patio trasero de los Estados Unidos. Ese patio, que no está a la vista de la calle, puede terminar convertido en un muladar, un verdadero basurero.

Una posdata

El pasado martes 13 de enero, en el Club Económico de Detroit, el presidente Trump volvió a mencionar al Canal de Panamá: “El canal de Panamá fue la mayor inversión que este país haya hecho jamás, relativamente hablando. Es el equivalente a billones de dólares. Y [el exmandatario estadounidense] Jimmy Carter lo regaló por un dólar”. La afirmación es inexacta. Aunque el Canal de Panamá fue una inversión muy arriesgada del gobierno estadounidense, otras inversiones, como la represa Hoover o el proyecto Manhattan, fueron significativamente más costosas que el Canal de Panamá. Por supuesto, Jimmy Carter no lo vendió por un dólar.

El hecho de que Trump haya expresado semejante afirmación el mismo día que el ministro de Relaciones Exteriores Javier Martínez Acha, el ministro del Canal José Ramón Icaza y el embajador de Panamá ante los Estados Unidos, José Miguel Alemán, visitaron a Marco Rubio, secretario de Estado, llama poderosamente la atención.

Puede parecer coincidencia que Trump mencione al Canal de Panamá y que el ministro del Canal forme parte de una delegación que visita al secretario de Estado. El gobierno nacional, por enésima vez, debe aclarar lo dicho por Trump y explicar claramente lo conversado con el secretario Rubio. Todavía no conocemos el texto completo de los tres memorándum de entendimiento firmados con los Estados Unidos el año pasado.

Es evidente que el intento de BlackRock de comprar los 43 puertos operados por CK Hutchinson fracasó. Salvo que la Corte Suprema de Justicia panameña anule la concesión por inconstitucional en un corto plazo, continuará la presión diplomática, abierta y encubierta, para obtener mayores favores por parte del gobierno panameño. El Canal de Panamá no es negociable y eso lo debe comunicar claramente la administración del presidente José Raúl Mulino. La creciente presencia militar en lo que solían ser bases estadounidenses en el área del Canal es un indicio bastante preocupante.

Panamá no puede dejar pasar los comentarios de Trump porque permite que esa narrativa se apodere de los medios de comunicación, las redes sociales y la opinión pública. La mejor respuesta frente a la doctrina Donroe no es el entreguismo ni el silencio, sino el alineamiento inteligente de los intereses del país con aquellos intereses de los Estados Unidos que sean convenientes para Panamá. Para las demás intenciones, es necesario dejar claro que no hay cabida para ningún sacrificio de soberanía panameña. Trump puede amenazar todo lo que quiera, pero sus propias instituciones no le van a permitir cruzar la línea roja con ningún país democrático e indefenso en América Latina.

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Por: Rodrigo Noriega

Abogado

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