¿De quién es la Luna?

9 de Abril de 2026

Exclusivo para Contrapeso

El 3 de mayo de 1493, un poco más de 6 meses después del descubrimiento accidental del continente americano por el almirante Cristóbal Colón, el papa Alejandro VI emitió su primera bula Inter Caetera, en la que dividió la jurisdicción sobre las nuevas tierras “descubiertas” hasta entonces por España en el continente americano y Portugal en el continente africano, de forma tal que cada una de las respectivas potencias navales europeas obtuvo el dominio exclusivo sobre el territorio descubierto bajo la obligación de convertir a sus residentes a la fe católica.

Lo establecido por el papa Alejandro VI sirvió de inspiración para el Tratado de Tordesillas en 1494, firmado entre los reyes de España y Portugal. Se estableció una línea imaginaria al oeste de la cual las tierras descubiertas pertenecerían a España y, al este, serían del dominio de Portugal. Por esa razón, Brasil quedó bajo el dominio portugués y el resto del continente americano era parte del dominio español. Todo lo que había allí, incluyendo a los seres humanos, animales, plantas, minerales, ríos, lagos, valles, montañas, desiertos y selvas, era propiedad de las dos potencias navales de la península ibérica.

La colonización del espacio

Cuando se desarrolló la primera carrera espacial en la década de 1960, las superpotencias estaban dirigidas por líderes como John F. Kennedy y Nikita Khrushchev. Ambos habían evitado una Tercera Guerra Mundial e impulsaron importantes acuerdos multilaterales en materia de control de armas y de protección del espacio exterior. Así, en 1967, cuando era evidente que alguna de las dos potencias llegaría a la Luna, se aprobó el tratado “Sobre los principios que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes”, que entró en vigor el 10 de octubre de 1967. Este tratado, en su artículo II, dice así: “El espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, no podrá ser objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera”. Esto significa que la Luna es un bien común de toda la humanidad, inalienable y no está sujeto a derecho de propiedad alguno.

Este tratado también prohíbe el emplazamiento de armas nucleares o de destrucción masiva en el espacio exterior, incluyendo a la Luna, y también excluye el establecimiento de bases militares en el espacio exterior o en cualquier cuerpo celeste. Lo más parecido en la Tierra al régimen aplicable en la Luna es el Polo Sur, la Antártica, que también tiene un tratado multilateral que lo hace un espacio desmilitarizado no sujeto a reclamos territoriales.

La minería lunar

El lado oscuro de la Luna es sumamente interesante porque es el menos estudiado. Por esta razón, la nave espacial Artemis II concentrará sus estudios científicos sobre esta cara de la Luna. Lo que se busca en realidad son dos hallazgos: un sitio para el aterrizaje seguro de futuras misiones espaciales en 2028 y yacimientos de hielo, es decir, agua congelada. Si hay suficiente hielo, quiere decir que hay alguna fuente de agua que pudiera, en teoría, sostener vida humana en el satélite de la Tierra.

Una colonia lunar permanente permitiría a Estados Unidos y a China extraer minerales como titanio, platino, rodio, paladio, entre otros metales sumamente raros y esenciales para el funcionamiento de las modernas economías avanzadas. Dado que China había anunciado públicamente que pondría una misión tripulada en la Luna para el año 2030, Estados Unidos se vio obligado a impulsar su propio proyecto lunar con aparente éxito hasta el momento.

El tratado de 1967 tiene un gran defecto. En un sistema verdaderamente multilateral, se habría creado una autoridad o agencia de las Naciones Unidas para el espacio. No se hizo y se le dio a cada Estado la responsabilidad de cumplir y hacer cumplir el tratado. Esa lección se aprendió en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar en 1984, en la cual sí se estableció una autoridad independiente para el control del fondo del mar y las actividades económicas que allí se pueden realizar. Esta agencia independiente se llama la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos.

El espacio exterior y, en particular, la Luna necesitan con urgencia un mecanismo como el de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos. De esta forma, cada gramo de material que Estados Unidos, China o alguna empresa privada saque de la Luna debe generar un beneficio real y tangible para toda la humanidad. Es inadmisible que la comunidad internacional tolere el retorno al mundo del Tratado de Tordesillas. El espacio exterior y la Luna no son bienes del dominio de Estados Unidos o de China. Estos bienes son de usted, de sus descendientes y de los descendientes de sus descendientes y de toda la humanidad.

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Por: Rodrigo Noriega

Abogado

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