El Niño visita a un país sin resiliencia
9 de Julio de 2026
Por: Rodrigo Noriega
Abogado
Exclusivo para Contrapeso
La primera vez que escuché sobre el fenómeno de “El Niño” fue en 1982, en la clase de ciencias de tercer año en el IPA. La profesora Roma Altuna siempre nos mantenía informados sobre los más importantes acontecimientos científicos y nos explicó en detalle qué era y lo que podía causar esa corriente caliente en el océano Pacífico. Recuerdo haber leído que el Canal de Panamá intentó sembrar nubes en esos años para atender el desafío de El Niño. Durante los años de 1982-1983, el mundo enfrentó un fenómeno de “El Niño” particularmente duro que provocó sequías, incendios forestales y escasez de alimentos en una parte del planeta, mientras que en la otra producía inundaciones.
En 1997, yo era el director general de Relaciones Económicas Internacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores. Entre mis tareas, quizás la más importante era ser uno de los puntos focales de la cooperación internacional que Panamá les solicitaba a otros países y a algunos organismos internacionales. Ese año recibí una alerta de mis colegas suramericanos de que venía un fenómeno de “El Niño” muy severo. Para entonces, otras entidades del gobierno ya estaban mirando el asunto.
Coordinamos un plan focalizado esencialmente sobre el sector agropecuario y, con la abundante generosidad de países como España, Taiwán e Israel, principalmente, enfrentamos las necesidades agrícolas con máquinas perforadoras de pozos, pacas de paja para el ganado, abono de alta calidad para compensar el clima seco y hasta algún equipamiento para atender incendios forestales. Se le dio atención especial a la posible desnutrición que enfrentarían poblaciones campesinas e indígenas por la falta de alimentos. Aunque el Canal de Panamá tenía un administrador panameño, su respuesta al fenómeno de “El Niño” fue autónoma frente a lo que el Estado estaba realizando.
Más que una corriente caliente
Técnicamente, el nombre de “El Niño” es El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), por hacer referencia a una corriente marina que calienta el océano Pacífico al nivel ecuatorial y que, de esta forma, afecta al planeta entero. Su nombre proviene de unos pescadores peruanos que detectaron una corriente caliente en el mar durante el mes de diciembre, próxima a la Navidad, y, por lo tanto, la denominaron “El Niño”. Desde el siglo XVI se conoce la existencia de esta corriente y se han registrado eventos muy fuertes de El Niño en 1578, 1877-1878, 1982-1983 y 1997-1998. El evento de 2023-2024 se destaca como uno particularmente fuerte.
De acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial, los eventos de “El Niño” pueden durar, usualmente, de 8 a 13 meses. El término de su recurrencia puede ser de 1 a 6 años, luego de lo cual sigue una etapa neutral y aparece entonces el fenómeno contrario, denominado “La Niña”, el cual puede durar hasta 3 años consecutivos. Según un estudio de investigadores de la Universidad de Dartmouth, en los Estados Unidos, publicado en 2020, el fenómeno de “El Niño” tiene un alto costo para la economía global que permanece hasta 5 años después.
Se estima que “El Niño” de 1982-1983 le costó al mundo 4.1 trillones de dólares. El de 1997-1998 alcanzó la cifra de 5.7 trillones de dólares. Como el estudio es de 2020, no calculó el costo de “El Niño” 2023-2024, pero los investigadores han señalado que la pérdida global en todo el siglo XXI, por el efecto de “El Niño”, puede superar los 84 trillones de dólares, es decir, unas tres veces el producto interno bruto de los Estados Unidos para el año 2025.
El costo para Panamá
El fenómeno de “El Niño” 2023-2024 fue sumamente costoso para el país. Por ejemplo, el Canal de Panamá enfrentó una disminución del 21 % del tránsito de los barcos de alto calado, lo que representó una reducción de ingresos potenciales por unos 800 millones de dólares. Esos barcos faltantes significaron una menor venta de combustible marino, menos actividad de los proveedores de suministros a estos barcos y, por supuesto, menos gastos por los marinos que no pasaron por Panamá. Además, están las pérdidas del sector agrícola, que fueron desde menores rendimientos en las cosechas, baja de peso en el ganado vacuno, aumento de costos para la cría de aves de corral, menos empleo de jornaleros para sembrar y cosechar, y aumento en costos como abonos y plaguicidas. En el resto de la economía, “El Niño” de 2023-2024 significó más aire acondicionado, más enfermedades respiratorias, menos productividad en aquellas actividades que requieren trabajo físico al aire libre, entre otros costos no contabilizados. Es posible pensar que “El Niño” 2023-2024 le costó a la economía panameña entre 1.5 % y 2 % del producto interno bruto. Buco de chen chen perdido por una corriente de agua caliente.
Y las respuestas son…
La Autoridad del Canal de Panamá disminuyó el calado de los barcos que pueden usar la vía interoceánica. La empresa de transmisión eléctrica, S.A., redujo la exportación de energía eléctrica a Centroamérica en 200 MWh. El Ministerio de Desarrollo Agropecuario está adoptando un conjunto de medidas para los distintos rubros de la agroindustria panameña. Los productores de arroz han disminuido la superficie sembrada ante la inminente falta de agua, por lo que, entre otras razones, el gobierno importará 786,000 quintales de arroz en cáscara para prevenir una posible escasez de este grano.
Las medidas arriba mencionadas son importantes, pero todas son reactivas. Panamá tiró la toalla en materia de planificación, y eso es, en parte, la razón de tanta vulnerabilidad. Luego del escándalo del proyecto de riego de Tonosí, la obra no ha sido completada y otros importantes proyectos de riego en el país están encarpetados entre telarañas y el olvido burocrático. En términos reales, Panamá no tiene una política forestal que promueva una reforestación estratégica, sobre todo para proteger los ríos y quebradas, así como para mejorar la cobertura en los potreros. Con tanto sol en este país, existen demasiadas barreras para la cogeneración eléctrica con base en la energía solar, que nos abarataría el costo de la vida y ahorraría mucha agua de las hidroeléctricas.
¿Qué pasó con el ahorro de energía y agua? Todos en este país, incluyendo al gobierno, a la empresa privada y a la ciudadanía en general, podemos hacerlo mucho mejor en materia de consumo de energía y de agua potable. Use el aire acondicionado menos tiempo y aumente su temperatura de funcionamiento. Si usted lo disfruta a 16 °C, a 20 °C todavía sigue siendo agradable. Encienda el aire una hora más tarde y apáguelo una hora más temprano. Lo mismo con el agua potable. No se necesitan los culecos de Las Tablas para bañarse, y el lavado del carro con manguera se puede hacer más inteligentemente.
Lo que viene en los próximos meses va a ser fuerte y nos va a someter a prueba. Necesitamos tomar decisiones como país porque, en el futuro cercano, esto se va a poner más caliente. Debemos conciliar a todos los sectores para hacer el embalse multipropósito de río Indio, ya que es una necesidad vital para el área metropolitana y para el Canal de Panamá. Además, hay que impulsar los proyectos de riego en las provincias del interior de la República. Es necesario que se rompa con el yugo que estrangula a la energía solar en Panamá y que le impide a esta solución alcanzar su presencia óptima en el país. Es imperante viabilizar una política de reforestación y de recuperación de espacios verdes. Los árboles no son adornos, son vida. ¿Y usted qué va a hacer para mitigar los efectos de “El Niño”?
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