¿Para qué Shirley Castañeda?

2 de Julio de 2026

Por: Rodrigo Noriega
Abogado


Exclusivo para Contrapeso

El año pasado, la elección de la máxima autoridad de la Asamblea Nacional fue un espectáculo público que mezcló una comedia de errores con la evidente intención del gobierno del presidente José Raúl Mulino de lograr la elección de la diputada Shirley Castañeda. Este año, el deseo del presidente Mulino se cumplió.

La abogada penalista Shirley Castañeda ha tenido entre sus clientes al expresidente Ricardo Martinelli, al capo Jorge Camargo Clarke, “Cholo Chorrillo”, y a Carlos Everardo Herrera, alias “Calito Herrera”, entre otros. Su trayectoria como diputada en el actual periodo ha sido, esencialmente, la de una fiel soldado que cumple al pie de la letra la línea de su partido.

El cálculo de Mulino

Al presidente José Raúl Mulino no le fue mal con el diputado Jorge Herrera, del Partido Panameñista, como presidente de la Asamblea Nacional. El mandato de Herrera fue conciliador y muy poco controversial. Lo que se esperaba que fuera un liderazgo virulento de la oposición en el Órgano Legislativo terminó siendo más “armónica colaboración” que otra cosa. Bajo la presidencia del diputado Herrera, aumentaron tanto la planilla como el presupuesto del Legislativo; los proyectos de leyes anticorrupción quedaron estancados, y la reforma al Reglamento Interno de la institución apenas alcanzó el primer debate en las postrimerías del periodo de Herrera. Así, si una Asamblea Nacional en manos de la oposición no fue una amenaza para el gobierno de Mulino, entonces, ¿por qué la preferencia por la diputada Castañeda?

Si se construyera un árbol de problemas sobre este enigma, se podrían elucubrar tres hipótesis no necesariamente en conflicto. La primera es que la elección de la diputada Castañeda le quita al presidente Mulino mucha presión proveniente de los partidarios de RM que buscan empleos o prebendas de alguna naturaleza. Con la presidencia de Castañeda, muchas de estas peticiones podrían ser canalizadas al Órgano Legislativo. Una segunda hipótesis es que el presidente Mulino requiere una Asamblea particularmente dócil para empujar iniciativas controversiales, como la derogatoria de la Ley de Moratoria Minera o la aprobación de una ley para convocar a la elección de una Asamblea Constituyente, aunque este último tema no fue mencionado por el mandatario en su discurso ante la Asamblea Nacional.

Una tercera hipótesis es que el presidente Mulino haya realizado un pacto con el expresidente Martinelli, y que la manifestación de dicho pacto sea la elección de la diputada Castañeda. En este nuevo año de funciones, la Asamblea deberá debatir las reformas al Código Electoral, en las que se fijarán las reglas de las elecciones de 2029. Además, con la diputada Castañeda como presidenta, el Órgano Legislativo podría debatir un proyecto de ley de amnistía para beneficiar al expresidente, actualmente en el exilio en Colombia.

Aplicar una amnistía disponible solo para delitos políticos a un delito común, como el blanqueo de capitales, enfrentaría un desafío muy difícil en la Corte Suprema de Justicia, que ha establecido jurisprudencia sobre este tema. No obstante, el tema de la ley de amnistía está subyacente en esta reflexión.

El daño colateral

El proceso de elección de la diputada Castañeda ha tenido su impacto más importante en la otrora coalición de oposición. Los panameñistas se abstuvieron de respaldar a sus colegas de Moca y Vamos, lo que constituye una apuesta muy arriesgada, porque en un futuro no tan lejano podrían necesitar esos votos. Los disidentes del partido Cambio Democrático (CD), que en 2025 apoyaron a la coalición de oposición, regresaron al redil. Mientras tanto, sigue el goteo de Vamos, que inició en 2024 con 19 diputados en su coalición y ahora cuenta con 15.

En materia de transparencia, lucha contra la corrupción y gestión eficiente del gasto público, no hay mucho que esperar de los nuevos encargados de la Asamblea Nacional. Los antecedentes inmediatos en estos temas dan señales claras del camino que viene. Durante el año de mandato del diputado Herrera, los diputados del partido RM, en particular Luis Eduardo Camacho, bloquearon las iniciativas legislativas anticorrupción y de mejoramiento de la transparencia e integridad pública. Por otra parte, la Comisión de Presupuesto, que volverá a ser el botín más codiciado, no dio muestras de un cambio fundamental y hasta dio su visto bueno a un aumento del presupuesto de la Asamblea Nacional sin la convocatoria del pleno de dicha comisión.

La hoja de ruta del acuerdo para llevar a la diputada Shirley Castañeda a la presidencia de la Asamblea Nacional es sumamente inestable. Recordemos que esa bolsa de gatos de RM, PRD, CD y otros que la pusieron en la presidencia de la Asamblea va a pedir sus contraprestaciones, que, por supuesto, incluyen nombramientos, cupos de taxi, libretas de lotería, partidas de la descentralización y alguna que otra iniciativa legislativa con nombre y apellido. Con una resistencia aminorada de Vamos y Moca, la codicia de los diputados oficialistas puede convertirse en gula y en un dolor de cabeza para el gobierno del presidente Mulino.

¿Qué pasará cuando las peticiones de los diputados de la Asamblea sean libertades adelantadas y canonjías para algunos delincuentes? En ese punto se crearán fuertes fricciones con el discurso de seguridad del presidente Mulino. Pero cuando una iniciativa de gobierno impopular o problemática esté a punto de perecer en una comisión o en el pleno de la Asamblea Nacional, ¿qué estará dispuesto a aceptar el gobierno del presidente Mulino para conseguir esos votos? Sin tomar conciencia de lo que acaban de hacer, los políticos panameños han puesto al país en una etapa de sorpresas y sobresaltos que pueden poner a prueba las instituciones democráticas y el Estado de derecho.

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