Panamá y el valor de la convivencia religiosa
22 de Agosto de 2026
Por: Gustavo Kraselnik
abino de la congregación Kol Shearith Israel
Exclusivo para Contrapeso
En el año 2019, la Asamblea General de las Naciones Unidas instituyó el 22 de agosto como el Día Internacional para Conmemorar a las Víctimas de Actos de Violencia Basados en la Religión o las Creencias, afirmando la responsabilidad de los Estados “de promover y proteger los derechos humanos, incluidos aquellos pertenecientes a las minorías religiosas y su derecho a ejercer su religión o creencia libremente”.
La Asamblea expresó su firme condena frente a toda forma de violencia ejercida contra personas por motivos de religión o creencia, así como frente a los ataques contra sus hogares, bienes e instituciones, y contra los sitios y lugares sagrados que violan el derecho internacional.
Confieso que desconocía esta fecha hasta el momento en que recibí la invitación para escribir sobre ella. Y eso se debe, posiblemente, a que en nuestro país no solo la libertad de culto está garantizada por la Constitución (arts. 19 y 35), sino que la convivencia y la colaboración interreligiosas son una realidad relevante de la vida nacional. De hecho, el nivel de conflictividad por motivos religiosos es muy bajo.
Sin embargo, esta no es la realidad en otras latitudes. Reportes sobre el tema hablan de persecución a cristianos en Corea del Norte, Nigeria y otros países de África subsahariana. Los musulmanes uigures sufren discriminación en China y los bahaís en Medio Oriente, por citar los casos más conocidos, y, en los últimos años, el acoso hacia los judíos se ha incrementado a nivel global.
En ese sentido, es muy importante la labor que realizan las organizaciones interreligiosas internacionales, fomentando la educación y el respeto por las diferentes expresiones de fe, promoviendo el diálogo y el encuentro, y condenando toda forma de violencia religiosa. La organización Religiones por la Paz, de la cual el Comité Interreligioso de Panamá forma parte, hace un trabajo valioso tanto a nivel mundial como regional.
En América Latina predomina la convivencia y la armonía entre las distintas comunidades de fe. La hostilidad religiosa tiene un tinte más bien político o social. Lo vemos, a modo de ejemplo, en la persecución a la Iglesia católica por parte del Gobierno nicaragüense y en las amenazas y asesinatos de los que son víctimas líderes religiosos en zonas dominadas por organizaciones criminales.
Panamá, por su propia historia e idiosincrasia, es un lugar que siempre se ha caracterizado por su diversidad y en el que las personas se cruzan, interactúan y conviven, más allá de sus diferencias, en un clima de armonía. Las comunidades religiosas, varias de las cuales son más antiguas que la República, pasaron de un modelo de coexistencia a uno de cooperación.
Este esfuerzo de promover el encuentro y el diálogo tomó cuerpo primero en las comunidades cristianas, en el marco del Comité Ecuménico, y, a principios del siglo XXI, de manera más amplia, en el Comité Interreligioso, fruto de la iniciativa y el carisma del querido padre Néstor Jaén, de bendita memoria.
Desde entonces, el Comité Interreligioso viene desarrollándose como un espacio de diálogo y cooperación que fomenta el respeto por las diferentes expresiones de fe. No se trata de un sincretismo religioso ni de crear una suerte de religión universal. Somos conscientes y respetuosos de nuestras diferencias, pero trabajamos unidos en la diversidad por aquellos valores que compartimos: la dignidad humana, el bien común de la sociedad panameña y la construcción de una cultura de la vida y de la paz.
En estos años hemos dado testimonio de este compromiso tanto a lo interno de nuestras comunidades como en el marco de la sociedad. Cada vez que hemos sido convocados, asumimos nuestro rol de promotores del diálogo y el encuentro, convencidos de que es conversando y generando empatía como mejor se resuelven los conflictos.
La Semana de Templos Abiertos, cuya cuarta edición acabamos de realizar, es otro ejemplo de una iniciativa educativa que fomenta el entendimiento y el respeto. Doce templos abren sus puertas e invitan a la ciudadanía a visitarlos. Allí se recibe a los visitantes, se les hace una visita guiada y se les comparten las ideas principales de la propia fe. No lo hacemos con fines proselitistas, sino como una oportunidad para que la gente conozca las diversas expresiones de fe como paso inicial para desarrollar el respeto y disminuir los prejuicios.
Esta realidad, que como sociedad nos llena de orgullo, es muy valiosa, pero no podemos darla por sentada. Es menester estar pendientes y condenar los discursos de odio y las manifestaciones discriminatorias que cada tanto aparecen, especialmente en las redes sociales. Hemos visto cómo en otros lugares la situación cambia drásticamente y la polarización y el radicalismo llevan a la intolerancia y luego a la violencia. De ahí la importancia de esta jornada.
En este Día Internacional para Conmemorar a las Víctimas de Actos de Violencia Basados en la Religión o las Creencias, renovemos nuestro compromiso en favor de Panamá y su libertad de culto. Reafirmemos nuestra decisión de seguir construyendo, en el campo feliz de la unión, una sociedad en donde solo reina el amor fraternal: una nación que, en su diversidad étnica, cultural y religiosa, haga que alcancemos por fin la victoria.
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