Más allá del maremoto azul

6 de noviembre de 2026

Por: Rodrigo Noriega
Abogado

Exclusivo para Contrapeso


Estados Unidos amaneció el 3 de noviembre de 2026 con el Partido Demócrata controlando 215 de las 435 curules de la Cámara Baja del Congreso y con 47 senadores de la Cámara Alta, integrada por 100 miembros. El día terminó con una victoria contundente de los demócratas, identificados con el color azul. A la hora de redactar esta nota, los demócratas han obtenido 7 escaños en el Senado y más de 25 en la Cámara Baja.

En estados tradicionalmente conservadores, con un fuerte respaldo histórico al Partido Republicano, los candidatos demócratas lograron sumar a su base tradicional el apoyo de independientes e incluso de republicanos moderados que habían votado por el presidente Donald Trump en 2024. En Texas, la victoria de James Talarico, de ascendencia mexicana, estuvo acompañada por la elección de Gina Hinojosa, primera persona latina elegida gobernadora de ese estado, e impulsó el triunfo de decenas de otros funcionarios estatales y municipales del Partido Demócrata.

Una elección diferente

Las elecciones de medio término para renovar los cargos federales del Congreso de Estados Unidos están establecidas en la Constitución federal. Este año, el proceso electoral culminó el 3 de noviembre con la disputa de 435 curules en la Cámara Baja, 35 escaños en el Senado y más de una treintena de gobernaciones estatales y de otros territorios.

El proceso electoral ya daba señales de una alta participación. Antes del 3 de noviembre se habían emitido más de 60 millones de votos adelantados, tanto de forma presencial como por correo postal. El costo de las campañas electorales superó los 10 mil millones de dólares y tan solo 20 multimillonarios contribuyeron con unos dos mil millones para respaldar a sus favoritos. El mayor donante privado fue Elon Musk, quien aportó más de 450 millones de dólares para favorecer a los republicanos.

Entre los ganadores destacan numerosas mujeres que rompieron el techo de cristal en estados como Carolina del Sur, para el Senado, y Georgia, para la gobernación. También hubo victorias importantes para minorías raciales y étnicas, como las de Gina Hinojosa, en la gobernación de Texas; Byron Donalds, de padre panameño y madre jamaicana, en Florida; y Keisha Lance Bottoms, primera mujer afroestadounidense elegida gobernadora de Georgia.

Además, el abogado y economista Xavier Becerra, hijo de padres mexicanos, se convirtió en el primer latino elegido gobernador de California. La noche se completó con la elección de dos mujeres de ascendencia indígena: Deb Haaland, como gobernadora de Nuevo México, y Peggy Flanagan, como senadora de Minnesota. En ambos casos, es la primera vez que una persona indígena ocupa esos cargos. Por su parte, Chris Pappas, un destacado político con fuertes raíces comunitarias, se convirtió en el primer senador abiertamente homosexual por New Hampshire.

Los perdedores

El gran perdedor fue el presidente Donald Trump, quien hizo una intensa campaña a favor de los republicanos en los estados más disputados, precisamente donde las derrotas fueron más contundentes. Según el New York Times, Trump afirmó en sus discursos, en al menos 45 ocasiones, que “voten como si yo estuviera en la papeleta”. Además de Trump, otro de los derrotados es su vicepresidente, J. D. Vance, quien culpó de los resultados a la guerra de Irán.

Pero no fueron los únicos que perdieron el 3 de noviembre. Entre los derrotados también están Elon Musk y la industria de la inteligencia artificial, que respaldó activamente a los republicanos para mantener las prerrogativas económicas y jurídicas que la favorecen.

El caso del secretario de Estado, Marco Rubio, es interesante desde el punto de vista electoral porque, implícitamente, ha tomado distancia de algunas actuaciones del presidente Trump, por ejemplo, en el caso de María Corina Machado y en lo referente a la guerra de Ucrania.

Por otra parte, figuras republicanas de Florida, como la congresista María Elvira Salazar, simpatizante de Rubio, cuestionaron duramente las políticas de Trump, lo que las benefició con victorias electorales apretadas.

Esto no quiere decir que el secretario Rubio la vaya a tener fácil en los próximos dos años. Con el desarrollo de procesos de auditoría y una mayor supervisión del Congreso sobre el gobierno de Trump, queda por ver si Marco Rubio seguirá desempeñando el papel de fiel escudero o si finalmente decidirá desvincularse del gobierno para salvar su futuro electoral.

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