Cómo apoyar a una persona en riesgo
19 de Mayo de 2026
Por: Vali Maduro de Gateño,
Doctora en Psicología
Exclusivo para Contrapeso
Enfrentar la realidad de que un amigo o familiar está contemplando el suicidio es una situación profundamente dolorosa y abrumadora. Es natural experimentar miedo, ansiedad y una fuerte necesidad de revertir su sufrimiento de inmediato. No obstante, en estos momentos críticos, la intervención más eficaz no proviene de intentar ser un salvador o de tener todas las respuestas, sino de ofrecer un acompañamiento empático, estructurado y orientado a la búsqueda de ayuda profesional. Esta guía tiene como objetivo brindar herramientas concretas para transitar este proceso con la seriedad y la compasión que requiere, protegiendo tanto la vida del individuo en riesgo como el bienestar de quien lo acompaña.
El primer y más crucial paso es abordar el tema de manera frontal y honesta. Existe un mito persistente y peligroso que sugiere que hablar abiertamente sobre el suicidio puede inducir a la persona a cometerlo. La evidencia clínica demuestra sistemáticamente lo contrario: nombrar el suicidio disminuye la angustia, valida la experiencia del individuo y rompe el aislamiento en el que se encuentra. Para abrir esta conversación, es vital usar un tono calmado, libre de juicios y directo. Puede utilizar frases como: “He notado que has estado pasando por mucho dolor últimamente y me preocupas de verdad. ¿Has tenido pensamientos sobre quitarte la vida?” o “A veces, cuando las personas se sienten tan abrumadas como tú pareces estarlo, piensan en el suicidio. ¿Es algo que te esté pasando a ti?”.
Una vez planteada la pregunta, el siguiente paso es escuchar activamente y validar las emociones. Ante la expresión de un dolor tan profundo, el instinto de los seres queridos suele ser ofrecer soluciones rápidas o apelar al valor de la vida. Frases como “tienes mucho por lo que vivir”, “piensa en el daño que le harías a tu familia” o “te prometo que todo va a estar bien” pueden resultar contraproducentes. La persona puede interpretarlas como una minimización de su sufrimiento o, peor aún, sentir culpa por no poder ver el lado positivo de su existencia. En su lugar, el objetivo debe ser validar su dolor emocional. Ejemplos de frases empáticas incluyen: “No me puedo imaginar cuánto duele lo que estás sintiendo, pero estoy aquí contigo”, “Lamento mucho que estés cargando con este peso tan grande” o “Gracias por tener la valentía de confiar en mí y compartirme esto; quiero que sepas que no estás solo”.
Si la persona confirma que tiene pensamientos suicidas, es prioritario evaluar su seguridad inmediata con serenidad. Esto implica hacer preguntas directas sobre si existe un plan estructurado, si han determinado un momento específico y si tienen acceso a los medios para hacerlo. Puede preguntar directamente: “¿Has pensado en cómo o cuándo lo harías?”. Si la persona tiene un plan y los medios a su disposición, se trata de una urgencia médica inminente. En este escenario, la regla fundamental es no dejar a la persona sola en ninguna circunstancia. Es necesario, actuando con cautela y sin generar pánico, retirar de su alcance cualquier objeto peligroso, medicamentos o sustancias tóxicas, y mantener un entorno seguro mientras se busca intervención externa.
Es imperativo comprender que la red de apoyo familiar o de amistades sirve como puente, no como tratamiento definitivo. La responsabilidad de sanar la ideación suicida excede las capacidades de un acompañante no clínico. Su rol fundamental es conectar a su ser querido con profesionales de la salud mental. Ofrezca apoyo práctico para superar la barrera de la inacción que suele generar la depresión severa. Frases útiles en esta etapa son: “Quiero ayudarte a encontrar a un profesional que pueda darnos las herramientas para superar esto. ¿Me permites llamar a un médico por ti?” o “Voy a acompañarte a urgencias para que te evalúen, no te voy a dejar solo en este proceso”. En Panamá, puede marcar la línea 147 de apoyo emocional o ir a las salas de urgencia ante una crisis inminente.
El acompañamiento es un proceso continuo que no finaliza cuando el individuo inicia su tratamiento psicológico o psiquiátrico. Durante la recuperación existirán fluctuaciones en su estado de ánimo. Mantener un contacto regular y no invasivo demuestra un interés genuino y sostenido. Un simple mensaje que diga “Pensando en ti hoy, ¿cómo te sientes?” puede marcar una diferencia vital. Paralelamente, es indispensable que usted proteja su propia salud mental. Acompañar a alguien en riesgo suicida genera un desgaste profundo. Distribuya la responsabilidad con otros familiares de confianza y considere buscar apoyo psicológico para procesar el impacto de esta experiencia; su propia fortaleza es necesaria para seguir siendo un pilar seguro.
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