¿Reflexiones sobre Panamá y su rol histórico?

16 de Septiembre de 2026

Por: Ricardo J. Bermúdez D.

Exclusivo para Contrapeso


¿Qué papel ha jugado a lo largo del tiempo esta franja que surgió del fondo del mar hace más de 3 millones de años y que generó un evento geológico fundamental al separar los océanos Atlántico y Pacífico, creando con ello un gran impacto dentro del clima global?

¿Y qué decir del intercambio biótico que se produjo al unir las Américas, convirtiéndose en sitio imprescindible para el trasiego de vida, bienes y culturas de pueblos y la biodiversidad del continente entero?

El primer español llegó en 1501, y desde entonces el istmo se convirtió poco a poco en colonia cardinal para la conquista, empezando con Santa María la Antigua del Darién, el descubrimiento del océano Pacífico y la fundación de la ciudad de Nuestra Señora de la Asunción de Panamá en 1519.

El despojo andino comenzó inmediatamente, y luego del saqueo surgió un sistema de extracción más organizado, siendo la plata el motor de la economía colonial gracias al descubrimiento de la mina de Potosí en 1545.

Mientras tanto, en Panamá se construían dos rutas importantes para el transporte de mercancías desde el Pacífico hacia el Caribe: el Camino Real, que unía la ciudad de Panamá con Nombre de Dios y Portobelo, y el Camino de Cruces, que utilizaba tanto el río Chagres para el transporte fluvial como tramos terrestres para conectar ambos puntos terminales.

El rol principal de Panamá durante la mayor parte de los siglos XVI al XVIII fue la gestión de tránsito y almacenamiento de bienes. Estas funciones fueron la esencia para el desarrollo del istmo durante más de 300 años y precedentes indiscutibles para importantes infraestructuras a futuro.

La Aduana de Portobelo se completó en 1634, y de ahí en adelante fueron surgiendo diversos componentes que apuntalaron aún más el tránsito a través de Panamá.

En 1855, el ferrocarril unió el istmo de norte a sur, dando paso al surgimiento de los puertos de Cristóbal y Balboa, la apertura del Canal de Panamá, la carretera Boyd-Roosevelt, la Zona Libre de Colón, el oleoducto transístmico entre Chiriquí Grande y Charco Azul, además de otros elementos complementarios hasta llegar a la ampliación del Canal, así como 2 aeropuertos, centros de transbordo y proyectos de nuevos puertos, gasoductos y embalses planificados para garantizar el funcionamiento de nuestra vocación a futuro.

Consolidar, pulir y aglutinar estas ventajas de manera coherente —incluyendo el resto de las actividades propias de autosuficiencia nacional, como alimentación, salud y educación, entre otras más— debiera ser nuestro norte para explotar a cabalidad este único don continental, convirtiendo dicho propósito en genuino plan estatal para todas las administraciones de gobierno en los años por venir.

Hoy, sin embargo, pareciese necesario para algunos reestructurar el concepto original donde se ha cimentado nuestro desarrollo por siglos y adicionar un componente que, lejos de complementar nuestra actividad histórica, introduciría elementos que bien pudiesen trastocar el necesario perfeccionamiento y total aprovechamiento de ella: la minería.

Varios estudios evaluaron la posibilidad de minería extensiva a partir de 1956 con el descubrimiento de yacimientos en Cerro Colorado y Petaquilla, y aunque hubo la iniciativa de proceder con la explotación en la década de los 70, la misma no prosperó, principalmente, por razones económicas y socioambientales.

Sin embargo, la actividad minera se fue afincando desde 1990 con la exploración de oro y, recientemente, con el desarrollo de proyectos cupríferos. Acto seguido, iniciaron operaciones las minas El Remance, Santa Rosa y Molejón, y en 1997 se otorgó un contrato de concesión inicial a la entonces empresa Petaquilla S.A. —hoy Minera Panamá, filial de First Quantum Minerals— para la exploración y explotación de cobre y oro a cielo abierto en Donoso, provincia de Colón, con un área total de 13,600 hectáreas (136 km²).

El tipo de minería que esta empresa ha desarrollado dentro del área mencionada es a cielo abierto, es decir, “se realiza en la superficie a través de excavaciones a tajo expuesto en lugar de túneles, e implica remover la capa superficial del suelo y el material estéril para acceder al mineral utilizando maquinaria pesada y explosivos”.

Este yacimiento se encuentra dentro del Corredor Biológico Mesoamericano, y su explotación ha provocado impactos ambientales significativos al suelo, recursos hídricos, flora y fauna. Aparte de réditos realmente vergonzosos para el país, los dos contratos que sustentaron su operación fueron declarados inconstitucionales por la Corte Suprema de Justicia de Panamá en 2017 y 2023.

De igual forma, la concesión minera para explotar 14,000 hectáreas a cielo abierto en Cerro Quema, provincia de Los Santos, fue cancelada retroactivamente por el Ministerio de Comercio e Industrias (MICI) en diciembre de 2023 debido a la Ley 407, que “prohíbe el otorgamiento de concesiones para la explotación, extracción, transporte y beneficio de la explotación de la minería metálica en todo el territorio nacional”.

Ambas operaciones funcionan con tinas de lixiviación, embalses de agua que existen en las operaciones mineras donde se procesa roca molida con químicos para extraer el producto, procedimiento peligroso por los posibles desbordamientos de materiales tóxicos, tal como ocurrió con el derrame de cianuro en la mina Santa Rosa en 1999.

Tomemos como escenarios potenciales la mina de Donoso, en la provincia de Colón, y la de Cerro Quema, en la provincia de Los Santos, recordando que la República de Panamá tiene una extensión de 75,517 km² y que en 2024 el 67.15% del territorio panameño seguía cubierto por bosques y rastrojos.

Según cifras oficiales del Ministerio de Comercio e Industrias, al momento de la promulgación de la Ley 407 existían un total de 199,112 hectáreas alrededor del país (93 concesiones) para proyectos mineros, tanto metálicos como no metálicos.

En el primer escenario, la mina de Donoso está dentro del Corredor Biológico Mesoamericano, cerca del proyectado lago de Río Indio y de otras opciones que la ACP ha identificado como posibles reservorios para garantizar el funcionamiento del Canal y el creciente consumo humano en las áreas metropolitanas de las ciudades de Panamá y Colón.

En el probable caso de que una tina de lixiviación falle, la contaminación en ríos, suelos y fuentes de agua subterránea no solo afectará ecosistemas existentes y comunidades colindantes, sino también el agua que almacenará el futuro embalse y su conexión con el lago Gatún, corazón operativo del Canal y la principal fuente de agua potable para las provincias de Panamá, Colón y Panamá Oeste.

Además, cualquier polución que obligue a detener el trasvase desde Río Indio hacia Gatún menoscabaría las finanzas del país y el comercio global al reducir el volumen de agua útil y, por ende, el calado y los tránsitos disponibles para los barcos que sirven diversas rutas mundiales.

Similar situación pudiese suceder con la mina de Cerro Quema luego de lo ocurrido en la región de Azuero a mediados de 2025.

En los ríos La Villa y Estibaná se generó una fuerte contaminación por coliformes y nemátodos, producto de vertidos de origen agroindustrial, principalmente residuos porcinos, agroquímicos, aguas servidas y el vertedero municipal de un poblado del área, que afectaron las plantas de Chitré, Los Santos, Macaracas y Llano de Piedra.

Aunque la crisis se limitó a la incapacidad de las potabilizadoras para operar de manera adecuada, quedó demostrado que existe un grave problema de contaminación hídrica en la región aún sin resolver adecuadamente.

Dicho lo anterior, pregunto: ¿qué tal si este desastre hubiese contado, adicionalmente, con el derrame de una tina de lixiviación en el supuesto de que la mina de Cerro Quema estuviese en operación? ¿Adicionar cianuro y otras sustancias altamente tóxicas a los ríos y campos de esta región agrícola hubiera justificado semejante riesgo?

¡El cobre —junto al oro, la plata y demás metales valiosos que puedan existir en Panamá— ni se pudre ni se va! ¡Está allí aumentando su valor cada día que pasa, esperando por métodos extractivos mucho menos dañinos al medioambiente y la salud nacional que los que se emplean hoy día!

¡Hemos construido nuestro desarrollo aprovechando la vocación y ventajas geográficas probadas que ha tenido Panamá desde su nacimiento para ahora cambiar el rumbo hacia bonanzas transitorias que, al final, dejarán más daño que provecho!

El fallo unánime de inconstitucionalidad emitido por la Corte Suprema de Justicia el 29 de enero de 2026 referente a los puertos de Balboa y Cristóbal abrió una ventana de ilimitadas oportunidades afines a nuestro genuino e histórico papel mundial, aparte de cerrar un capítulo de casi 6 lustros de vergonzosa iniquidad, tolerados también por 6 administraciones gubernamentales consecutivas a partir de que entrara en vigor la Ley 5 de 16 de enero de 1997.

Por lo tanto, ignorar o dar un trato diametralmente opuesto a 2 sentencias de inconstitucionalidad de la Corte Suprema de Justicia contra el contrato de Minera Panamá, filial de First Quantum Minerals, junto a las disposiciones de la Ley 407 de 3 de noviembre de 2023 respecto a la minería en general, sería un error temerario y que dejaría al descubierto una incoherente discrecionalidad gubernamental respecto al fondo y forma dentro de documentos normativos, legislaciones y fallos emitidos sobre el tema que brevemente he analizado hoy.

Es hora ya de que los panameños entendamos que el bienestar general deberá privar siempre sobre la prosperidad individual, particularmente por el pequeño tamaño de nuestro país, su vocación histórica y el cuidado de su principal activo, además del respeto al medioambiente como fuente de recursos para las actuales y próximas generaciones, cuyas necesidades actualmente desconocemos.

Un plan sensato de cierre que cumpla con todos los estándares internacionales para la mina de Donoso es lo que conviene hacer. Los informes que se presenten no podrán encubrir los daños causados y el peligro ambiental que esta actividad representa, además de la caja de Pandora que esta permisibilidad abriría a otros desarrollos similares a lo largo y ancho del país, convirtiendo este desatino en una imperdonable infamia contra Panamá y su gente.

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