La derecha redefine el mapa político de América Latina

26 de Junio de 2026

Por: Rossana Marín
Periodista y politóloga


Exclusivo para Contrapeso

La victoria del abogado y empresario Abelardo de la Espriella en las elecciones presidenciales de Colombia, el pasado 21 de junio, no puede leerse como un hecho aislado. Con un resultado definido por menos de un punto porcentual, uno de los países que en 2022 simbolizó el avance de la izquierda progresista latinoamericana con la llegada de Gustavo Petro al poder redirigió su rumbo hacia una derecha más dura y confrontacional. El triunfo de De la Espriella es, en ese sentido, el capítulo más reciente de una transformación política que, en apenas cuatro años, ha venido redibujando el mapa ideológico de América Latina.

En 2022, la región atravesaba la denominada marea rosa, como se conoce al ciclo de gobiernos progresistas que dominó América Latina a inicios de siglo y que tuvo una segunda expresión en los últimos años. Colombia fue uno de los últimos países en sumarse a esa corriente con la llegada de Gustavo Petro, el primer presidente de izquierda en la historia del país. Para entonces, México, Chile, Argentina, Perú, Bolivia y Honduras, junto a Venezuela, Cuba y Nicaragua, también estaban gobernados por fuerzas de izquierda o centroizquierda.

Cuatro años después, el mapa luce distinto: la derecha avanza desde el Cono Sur hasta Centroamérica, con liderazgos que han hecho de la seguridad, la autoridad y la ruptura con el sistema sus principales banderas.

Pero reducir el fenómeno a un simple "giro ideológico" sería una lectura incompleta. Lo que ocurre en la región se entiende mejor como una combinación de voto de castigo, fatiga institucional, inseguridad persistente y efecto contagio. América Latina no se volvió doctrinariamente conservadora; más bien, dejó de tener paciencia con quienes prometieron transformación y no lograron traducirla en resultados concretos.

El peso del desempeño

Los ciudadanos suelen evaluar a sus gobiernos por resultados concretos y castigar en las urnas aquello que perciben como fracaso. En contextos de bajo crecimiento, inflación, inseguridad o corrupción, el oficialismo paga el costo, independientemente de su signo ideológico.

Esa lógica ayuda a explicar por qué la izquierda avanzó en 2021 y 2022 en países donde la derecha llegaba desgastada por el impacto económico y social de la pandemia del covid-19, la presión inflacionaria global y el deterioro de las condiciones de vida. También explica por qué parte de esa misma izquierda comenzó a retroceder cuando, una vez en el poder, tuvo que gobernar bajo condiciones igualmente adversas y con expectativas ciudadanas cada vez más difíciles de satisfacer.

El antes y después del mapa regional

Para entender la magnitud del giro, basta comparar quién gobernaba en 2022 y quién gobierna hoy en los países de la región:

México: Andrés Manuel López Obrador (izquierda nacionalista) gobernó hasta 2024. Le sucedió Claudia Sheinbaum, también del movimiento Morena, con un perfil más tecnocrático y moderado. La izquierda se mantiene, pero con menor confrontación.

Colombia: Gustavo Petro, primer presidente de izquierda en la historia del país, gobernó entre 2022 y 2026 con una agenda de reformas sociales que chocó con el Congreso y el sector privado. Lo reemplaza Abelardo de la Espriella, del movimiento Defensores de la Patria, en el giro más dramático del ciclo regional, en una elección que se definió por menos de un punto porcentual.

Perú: Dina Boluarte llegó al poder en 2022 tras la destitución de Pedro Castillo (izquierda radical) y gobernó un país en permanente crisis institucional. En junio de 2026, Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, se impuso por apenas 43,000 votos sobre el candidato de izquierda Roberto Sánchez, en lo que representa el retorno del fujimorismo al poder tras 26 años. La proclamación oficial está pendiente, mientras el rival evalúa apelaciones. Un país que ha tenido ocho presidentes en una década cierra este ciclo con otra elección definida por una fracción mínima de votos.

Bolivia: Luis Arce, del Movimiento al Socialismo, fundado por Evo Morales, cerró casi dos décadas de gobiernos de izquierda. En noviembre de 2025, Rodrigo Paz Pereira asumió la presidencia, poniendo fin a ese ciclo, con un discurso de ruptura explícita con los gobiernos anteriores y un acercamiento inmediato a Estados Unidos y Argentina.

Argentina: Alberto Fernández (centroizquierda peronista) entregó un país en crisis económica severa. En 2023 ganó Javier Milei, economista libertario de ultraderecha, con un programa de desregulación radical y reducción draconiana del gasto público.

Chile: Gabriel Boric llegó en 2022 como la expresión más joven de la izquierda latinoamericana. Gobierna aún, pero con popularidad deteriorada tras el rechazo en referéndum de una nueva Constitución progresista.

Brasil: Jair Bolsonaro (derecha radical) perdió en 2022 ante Luiz Inácio Lula da Silva (izquierda), quien regresó al poder por tercera vez. Es uno de los pocos casos donde el movimiento fue en sentido contrario: de la derecha hacia la izquierda.

Venezuela: Caso excepcional y sin parangón en la región. Nicolás Maduro gobernó hasta enero de 2026, cuando una operación militar estadounidense ordenada por Donald Trump resultó en su captura y traslado a Estados Unidos para enfrentar cargos de narcotráfico. El país atraviesa una transición incierta, con Delcy Rodríguez ejerciendo funciones interinas y elecciones democráticas previstas para 2028.

Nicaragua: Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, mantienen el poder desde 2007 en un régimen que ha eliminado toda oposición real, encarcelado disidentes y expulsado a cientos de opositores del país. Es, junto a Cuba, el caso de mayor concentración de poder personal en la región.

Cuba: Miguel Díaz-Canel continúa al frente de un Estado de partido único heredado de la Revolución de 1959. La isla atraviesa su peor crisis económica en décadas, con apagones, escasez generalizada y una emigración masiva sin precedentes recientes.

Honduras: Xiomara Castro (izquierda, Partido Libre) gobernó entre 2022 y 2026, primera mujer presidenta del país. En enero de 2026 asumió Nasry Asfura, del conservador Partido Nacional, respaldado por Donald Trump, con una agenda centrada en frenar el gasto público y atraer inversión extranjera.

Guatemala: Es la excepción más notable de Centroamérica. Bernardo Arévalo, del progresista Movimiento Semilla, asumió la presidencia con un discurso centrado en la recuperación democrática y la lucha anticorrupción, resistiendo una campaña judicial sin precedentes para impedir su llegada al poder. Gobierna hasta 2028.

Costa Rica: Rodrigo Chaves (derecha populista) gobernó hasta mayo de 2026. Le sucedió Laura Fernández, de su mismo movimiento Pueblo Soberano, quien ganó en primera vuelta con más del 48 % de los votos, haciendo campaña sobre el combate al narcotráfico y la continuidad del modelo de su antecesor. Es la segunda mujer presidenta del país.

El Salvador: Nayib Bukele, reelegido en 2024 con más del 80 % de los votos, es clasificado como derecha securitaria, aunque desafía las etiquetas tradicionales. Su modelo de seguridad —estado de excepción y encarcelamiento masivo de pandilleros— es el más imitado de la región.

Panamá: Laurentino Cortizo (centroizquierda) gobernó hasta 2024. Le sucedió José Raúl Mulino, de la coalición conservadora Alianza para Salvar a Panamá, quien asumió en julio de 2024 con una agenda de orden fiscal y mano dura frente al crimen.

República Dominicana: Luis Abinader, del centroderecha Partido Revolucionario Moderno, fue reelegido en 2024 con una de las tasas de aprobación más altas de la región, impulsado por un sólido desempeño económico y una política migratoria restrictiva frente a Haití.

Ecuador: Daniel Noboa, joven empresario de centroderecha, ganó elecciones anticipadas en 2023 y fue reelegido en 2025, consolidando el giro conservador en un país golpeado por el narcocrimen.

Uruguay: Contracorriente regional. En 2024 ganó Yamandú Orsi, del Frente Amplio de izquierda, en uno de los pocos movimientos contra la tendencia dominante.

Paraguay: Mantiene su tradición conservadora. Santiago Peña, del histórico Partido Colorado (derecha), gobierna desde 2023 en un país donde ese partido lleva décadas en el poder casi ininterrumpidamente.

El patrón es claro: donde gobernaba la izquierda con promesas de transformación, la decepción abrió paso a la derecha. Donde ya gobernaba la derecha y fracasó, el péndulo no siempre regresó al progresismo, sino que en varios casos se radicalizó aún más. Las excepciones —Brasil, Uruguay y Guatemala— confirman la regla: el giro existe, pero no es uniforme ni irreversible.

Los casos de Venezuela, Nicaragua y Cuba escapan a cualquier clasificación electoral normal: son regímenes donde el voto dejó de ser el mecanismo real de alternancia.

El centro, en todo el continente, sigue sin encontrar su lugar.

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