Comunicación: arma o herramienta

31 de Octubre de 2026

Por: Pedro Crenes Castro,
escritor

Exclusivo para Contrapeso


La comunicación es básicamente «trato», según el diccionario, lo que establece, entre dos o más personas, un nivel de cercanía que requiere un código que les permite generar vínculos. Pero, si una de las partes decide ignorar los códigos, la comunicación deja de ser herramienta para convertirse en arma, provocando crispación y violencia entre las partes. Cuando es el gobierno el que ignora los códigos, se convierte en «maldad política», en «autoritarismo», que se ejerce siempre desde el silencio o la desinformación.

Cuando un político habla en términos de «yo construyo», «yo ordeno», «yo envío ayuda», confundiendo los hechos con el cuento, es decir, creyéndose dueño de los recursos del Estado que los ciudadanos le han confiado para su administración, estamos ante una deriva autoritaria, puesto que el presidente, alcalde o diputado entra en una fase de delirio político peligroso, teniéndose a sí mismo como la ley, el Estado o la autoridad.

No tiene que ser simpático, faltaría más, debe ser capaz de comunicar con claridad qué se está haciendo y qué se va a hacer —se llama transparencia—, y debe ser un comunicador fiable —que no eche cuento—, que prometa y cumpla lo que puede, y lo que no pueda hacer, que lo diga. Que no enrede conceptos, como el de «solidaridad» con el de «ejecutar ayudas», que en Panamá siempre han tergiversado políticos de todos los colores que no saben leer o les falta comprensión lectora.

El gobierno es el que asiste al ciudadano, no el ciudadano al ciudadano, sobre todo cuando el gobierno hace recaer su falta de responsabilidad sobre la solidaridad de la sociedad. Ese cuento, viejo y de muchos colores, es el que tiene en solfa a este país: hay que levantar la voz contra cualquier gobierno, central o local, que repercuta las catástrofes o el mantenimiento de infraestructuras sobre el ciudadano que paga sus impuestos para eso. Un equilibrio cívico es lo correcto, pero estos gobiernos —este gobierno— tienen la cara muy dura.

Que un alcalde decida pagar el viaje a un grupo de estudiantes para viajar a un concurso equis es falta de comunicación, es arma, porque busca taquilla: le piden y da como si fuera suyo y, ¿qué tienen que hacer los demás?, pedirle a él que tiene —que no es suyo, pero cree que sí—, de tal manera que se perpetúe el ciclo de la miseria, como lo de comprar el excedente de queso: eso no es mercado, es patrocinio.

La mala comunicación es un arma que se utiliza para mantener a la opinión pública ignorante, creyendo en hospitales inaugurados con nombres de familiares o en tuneladoras que llegan desde la administración anterior, o hablando de colores de listas cuando no hemos salido de ellas, nos han cambiado a gris y así seguimos sin que haya buenos empleos que generen el ansiado chenchén. Y mientras, comunican que hay miseria en el interior después del terremoto, como si la situación allí no fuera la del total abandono de siempre.

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Viajero frecuente en el Templo de la Literatura