Viajero frecuente en el Templo de la Literatura
24 de Octubre de 2026
Por: Pedro Crenes Castro,
escritor
Exclusivo para Contrapeso
El presidente de la República estuvo hace unas semanas por Vietnam y allí, qué casualidad, quizás por su reconocimiento como miembro honorario de la Academia Panameña de la Lengua, fue recibido, junto a la primera dama —condecorada por la Asamblea—, por el subdirector de Cultura, Deporte y Turismo de Vietnam y por el director del Templo de la Literatura. Es irónico que fuera justo allí, porque parece que nuestro «viajero frecuente» sigue sin abrir el diccionario para aprender el significado de tres términos fundamentales en política: nepotismo, chenchén y disenso.
Por mucho que tu hermano o cuñado estén capacitados para un cargo público, si eres el presidente de la República no los puedes nombrar; es nepotismo, lo dice el Diccionario de la lengua española, pero el inquilino de las Garzas le tuerce el brazo a la palabra y lo hace, «al margen del principio de mérito y capacidad», porque a los otros, tan válidos como ellos, no los consideró siquiera. Esta falta de comprensión lectora provoca recelo y pérdida de confianza institucional porque, en muchos «charcos de rebusca» (léase, «cargos públicos»), los nombrados están vinculados de una u otra forma al presidente.
El chenchén no llega, ni el dominicano en forma de comida ni el panameño en metálico. Entre viajes para ir a buscar inversiones y recursos (cero y van casi uno al mes desde que se comenzó este gobierno), las inauguraciones de los «mercaditos de miseria» (léase «tiendas del pueblo») y las muy takilleras «ferias de empleo», los panameños ya están deseando quitarse de encima a este gobierno, continuista en sus políticas de embudo y arrogante en su trato con el disenso, otro de los términos que el viajero frecuente malentiende por conveniencia.
Con un silencio arrogante, incumpliendo su promesa de comparecer ante los medios cada semana (dijimos en su momento que esa «buena costumbre» no duraría), el firme gobierno ha decidido desde hace rato enfrentar a todos los que no le den la razón: ante el disenso, palo o maledicencia y, peor aún, indiferencia, que es como se enfrían los movimientos de protesta, más una mano larga en la represión en las calles. Y aunque el diccionario no lo diga, en democracia, disentir es un derecho.
Hasta el Templo de la Literatura lo que no viajan son las letras panameñas, alicaídas, mal viajadas o llevadas en muy pequeñas dosis. El viajero frecuente no lleva libros, lleva séquito, y los resultados de tanta buscadera de oportunidades no terminan de llegar a la mesa de los ciudadanos. Vuelan los millones de dólares, vuelan las partidas discrecionales hasta para el despacho de la «primera dama», pero nada de las grandes soluciones a los grandes problemas de siempre.
¿Será que alguien nos puede hacer el favor de ponerle una vela a la Literatura en aquel templo vietnamita? Es tan compleja nuestra circunstancia que cualquier ayuda es buena, y no nos vendría mal que Santa Cultura nos hiciera el milagro de que la comprensión lectora del viajero frecuente mejore cuanto antes.
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