La nacionalidad de Dios

de Octubre de 2026

Por: Pedro Crenes Castro,
escritor

Exclusivo para Contrapeso


Quizás de los pregones (esas breves sentencias en forma de coro de canciones o eslóganes sentenciosos) que más se escuchan estos días es ese que dice que «Dios es panameño», fiando toda nuestra suerte a una proyección de la divinidad que es un calco de nuestra desastrosa moral, puro sacrilegio populachero para intentar explicarnos el «milagro» del pasado día 9 de octubre de 2026.

La sacudida fue terrible, según se ve en los videos publicados en todas partes, y se nota en la voz temblorosa de los que por teléfono reportan que están bien, pero sigue temblando, y que dicen no recordar cosa semejante en la historia del país. El miedo se ha instalado en el corazón y la mente de los panameños, hay una carga de inseguridad y estrés en muchas personas que llevan días durmiendo regular o mal en función de su experiencia del pasado viernes: la primera emergencia, la salud mental, sin duda.

La nacionalidad de Dios revela que el Todopoderoso es igual de corrupto y nepotista que nosotros, que a los suyos los trata con cariño mientras que a los otros les manda huracanes, terremotos, sequías y todas las plagas que aquí no llegan. Dice el refrán que «piensa el ladrón que todo son de su condición», y eso es más verdad que lo de Dios y su nacionalidad tricolor istmeña. Estas construcciones mentales, en forma de «sabiduría popular», drenan el criterio que debemos mantener en esta crisis y en las que vayan a venir.

Estamos todos bien, asustados, sensibles, receptivos, y por eso no debemos bajar la guardia. No ha ocurrido un «milagro», como algunos dicen con mejor o peor intención: es el resultado del bien hacer de un grupo de profesionales que, llegada la prueba de estrés de su trabajo, han pasado la prueba: seguimos en pie. Milagro será que el gobierno no olvide a los que han perdido sus casas y negocios; milagro será que no tomen esta urgencia para usarla como rédito político; milagro será que algunos «religiosos», con Dios o sin él, no utilicen el miedo como arma para manipular conciencias. Dejemos de ser sacrílegos e ingenuos: necesitamos una sociedad madura, bien nutrida de criterio y alerta a lo que viene.

Con esto de que Dios es panameño, los de siempre se han aprovechado de los paisanos de Dios. Han conseguido que al final nadie tenga la culpa de lo que pasa, nadie más que Él, porque a los sinvergüenzas del Ejecutivo, Legislativo y Judicial los ha puesto el Todopoderoso, ellos mismos lo dicen, y afirman que solo Él podrá quitarlos de allí y, claro, cómo votar en contra de la voluntad de Dios, el panameño, nuestro paisano. Y así estamos, con la conciencia ciudadana prendida a un pregón sacrílego e ingenuo. No me resigno a creer en otro famoso pregón: «Así es mi país, y así es mi gente...».

Panamá tembló, pero seguimos en pie. Tengamos la conciencia clara de que todo lo bueno que ocurra después de esta crisis, venga de cualquier parte del gobierno, es su deber, es su trabajo, no un bien que nos hacen de forma altruista. Aquí los que son panameños son los funcionarios del Estado, todos ellos, y su deber es cumplir y hacer cumplir la Constitución de este país, y si no lo hacen, que no olviden de quién es la voz del pueblo.

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