SENNIAF: la tragedia que nunca acaba
10 de Febrerro de 2026
Exclusivo para Contrapeso
La Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (SENNIAF) fue creada por medio de la Ley 14 del 23 de enero de 2009. La institución tiene una de las misiones más difíciles e importantes del Estado panameño: la enorme tarea de proteger los derechos de niñas, niños y adolescentes en todo el país. La SENNIAF conoce todo el rango de conductas y riesgos que representan amenazas contra los menores de edad, desde la pobreza, el abandono escolar y la violencia doméstica, hasta las agresiones sexuales, las adicciones, los conflictos familiares y cualesquiera otros eventos o procesos sociales que requieran la intervención del Estado para preservar el interés superior del menor.
La SENNIAF, al igual que la Secretaría Nacional de Discapacidad, la Secretaría Nacional de Adultos Mayores, el Ministerio de la Mujer y los demás entes encargados de la protección social, tienen una carencia crónica de fondos, un personal saturado y excedido por los requerimientos de sus servicios, y un conjunto de barreras burocráticas y jurídicas que dilatan las adopciones y desincentivan a las familias de acogida, que, sumado al desconocimiento y a la desidia de la sociedad, han condenado a los menores de edad tutelados por la SENNIAF a una vida de ultrajes, abusos y de institucionalización prolongada, que consume sus jóvenes existencias.
Los albergues
Como es clásico en Panamá, las instituciones públicas tienen conflictos de interés y debilidades en su mandato. La SENNIAF gestiona un puñado de centros en los que hay menores de edad en situación de riesgo social y, a su vez, debe supervisar unos 50 albergues privados, de los cuales aproximadamente 40 reciben subsidios del Estado. Con anterioridad, fueron estos albergues los que generaron historias de terror de explotación sexual y maltrato de menores de edad panameños. Esos escándalos produjeron una actuación decidida del Ministerio Público y han llevado a las 15 condenas conocidas hasta la fecha.
Sin embargo, no se produjo la consiguiente reforma de la institucionalidad encargada de atender a los menores de edad más vulnerables. El filósofo francés Michel Foucault llamó a todo ente en el cual se priva de libertad a un ser humano “una institución de secuestro”. Esto incluye orfanatos, asilos, cárceles, hospitales psiquiátricos y, por supuesto, los albergues para menores de edad. En esas instituciones el ser humano es despersonalizado y convertido en un objeto de las peores prácticas del poder, detrás de una racionalidad que lo justifica todo.
¿Por qué SENNIAF no funciona? ¿Por qué el Aeropuerto Internacional de Tocumen funciona? La respuesta es que una entidad atiende a los pobres y marginados y la otra genera riquezas. El aparato de protección social panameño es posiblemente una de las últimas prioridades de la clase política. No importa cuál sea el partido político en el poder, la realidad es que lo único para lo que sirve la institucionalidad social es para repartir cheques y transferencias “condicionadas” que nunca erradican la pobreza, pero que sirven para maquillar las estadísticas del país.
Este nuevo escándalo de la SENNIAF terminará con el despido de algunos servidores públicos, algunos procesos penales y quizás hasta algunas condenas a prisión. Lo más importante es que los niños, niñas y adolescentes de Panamá seguirán en el olvido. Si sobreviven, muy probablemente cambien de institución de secuestro para caer en una cárcel, un hospital psiquiátrico o vivir la muerte lenta de convertirse en pobladores de calle. Esos que ignoramos, esos a los que les entregamos una limosna o les damos la espalda para evitar mirarlos. Esa parece ser nuestra opción ciudadana: actuar como si no existieran.
Por: Rodrigo Noriega
Abogado
Más de Ojo al dato