El espejismo de las laptops
14 de Abril de 2026
Exclusivo para Contrapeso
En el informe El espejismo tecnológico, preparado por la Fundación para el Desarrollo Económico y Social de Panamá y Jóvenes Unidos por la Educación, que será presentado en el día de hoy, se desmantela la creencia de que la entrega masiva de laptops o computadoras portátiles a los estudiantes del sistema público de educación mejora, en forma alguna, los aprendizajes o la calidad académica de dichos estudiantes.
En el informe se presentan estudios comparativos de varios otros países. Se realizó una revisión de 156 investigaciones sobre el vínculo entre laptops y una mejora en los rendimientos académicos, y solo tres de estos estudios informaron de mejoras relevantes estadísticamente. La gran mayoría de la data internacional respalda la conclusión de que repartir laptops masivamente no produce mejoras en los rendimientos académicos, y en casos documentados produjo un empeoramiento de los resultados académicos.
El caso de Perú
El análisis más completo sobre el uso de laptops en el sistema público de educación en América Latina se realizó por un equipo del Banco Interamericano de Desarrollo, que indagó sobre los efectos de la versión peruana del One Laptop per Child (OLPC). La investigación se hizo del año 2008 a 2016.
En Perú se distribuyeron 850 mil computadoras portátiles al 95% de las escuelas primarias del sistema público del país. El resultado de la evaluación reveló que los estudiantes habían adquirido dominio de herramientas informáticas, pero que esto no había tenido efecto alguno sobre su conocimiento de matemáticas o su capacidad de hacer lectura comprensiva. En Perú se hizo una evaluación al azar de los estudiantes de más de 300 colegios primarios en todo el país para entender lo que estaba pasando.
Más casos confirman la tendencia
Otra evaluación realizada en Uruguay, donde se implementó una estrategia OLPC en todas las escuelas primarias a nivel nacional, reveló datos similares a los de Perú. No hubo un impacto significativo en los aprendizajes en matemáticas o lectura comprensiva y, en particular, en Uruguay se registró que hasta un 27% de las laptops estaban en continuas reparaciones que tomaban un promedio de 45 días.
En Colombia se pudo medir a escuelas que habían recibido laptops frente a otras que no las tenían. El resultado fue impactante, dado que aquellas en las que se repartieron laptops desmejoraron sus rendimientos académicos en matemáticas y comprensión lectora frente a las que no tenían computadoras. El análisis de este caso reveló que la tecnología no es neutral y que su introducción puede distraer tiempo y recursos de otras prácticas que mejoran los aprendizajes.
En el caso de India se dio una situación muy interesante. No se repartieron laptops, sino que se invirtió en el desarrollo de un software personalizado a las necesidades de cada estudiante. Se usaban las mismas computadoras disponibles en los centros académicos, y esta metodología permitió que los estudiantes mejoraran su nivel de dominio de las matemáticas, así como su comprensión de idiomas y lectura crítica, más de un año por encima de su grado educativo.
La alerta de Suecia
Suecia es uno de los países más desarrollados del mundo y tiene una economía sumamente innovadora, producto de una población muy bien educada. En Suecia, la data sobre el efecto de las laptops y pantallas en general reveló una tendencia: los resultados académicos desmejoraron. Se estudiaron 168 escuelas en 26 municipios, lo que comprendía a 49,937 estudiantes analizados. Desde el año 2013, Suecia se fue rezagando en la prueba PISA, en la que alguna vez llegó a estar entre los tres primeros lugares.
La evidencia científica se fue acumulando a tal punto que, en el año 2023, el Ministerio de Educación de Suecia empezó a eliminar las pantallas de la educación preescolar y primaria para que fueran sustituidas por libros. Los especialistas suecos concluyeron que los libros facilitaban la concentración, lo que fomentaba el aprendizaje.
La experiencia panameña
El informe El espejismo tecnológico recuenta con lujo de detalles el historial de iniciativas desarrolladas en Panamá para la masificación del uso de laptops en las escuelas públicas del país. Se describe cómo cada uno de los últimos cuatro gobiernos ha tenido su versión de la distribución de estos equipos informáticos. Desde el gobierno de Martín Torrijos hasta el de Laurentino Cortizo, Panamá ha acumulado dos décadas de distribución de laptops y equipos informáticos sin la preparación adecuada, con una carencia en la formación de los educadores y sin un rediseño curricular. Para colmo de males, solo unas 2 mil de las más de 3 mil escuelas públicas tienen acceso a electricidad y, por lo tanto, la posibilidad de una conexión a Internet.
El pico de esta distribución de laptops se dio en el año 2012-2013, cuando el Ministerio de Educación estuvo dirigido por Lucy Molinar. En el año 2015, su sucesora, la ministra Marcela Paredes de Vásquez, encontró 27 mil laptops guardadas en un depósito del ministerio. La única medición realizada según parámetros internacionales que permitiría inferir el efecto de las laptops fue la prueba PISA. En el año 2009, Panamá fue el país 62 de 65 que hicieron la prueba y, para el 2018, el país ocupó la posición 71 de 77 países estudiados. Es decir que, en esa década, Panamá cayó en nueve posiciones. Por decirlo favorablemente, el efecto de las laptops fue insignificante.
Ahora, en 2026, nuevamente con Lucy Molinar como ministra de Educación, volvemos a una compra masiva de laptops por la suma de 273,141,152.50. Sin haber resuelto el problema de más de 1,000 escuelas públicas sin electricidad ni Internet, sin haber modificado la estructura del currículum y sin haber capacitado verdaderamente a todos los educadores del país. No se han dado explicaciones sobre la falta de evaluación del proceso anterior de reparto de laptops, tampoco se ha dicho cómo se van a medir los resultados en esta ocasión. Muy probablemente, el efecto sea el mismo que se descubrió en Perú y en Uruguay, es decir, una repetición de lo vivido en la década pasada.
El informe de la Fundación para el Desarrollo Económico y Social de Panamá y Jóvenes Unidos por la Educación propone opciones para el uso de esos 273.1 millones de dólares. Alternativas como el establecimiento de tutorías individuales o para grupos pequeños, la ampliación de la cobertura de la educación inicial, la modernización de la red de bibliotecas escolares o el fortalecimiento del servicio de alimentación para que cada estudiante tenga un desayuno, una merienda y un almuerzo. Cada una de estas medidas tiene un efecto de 5 a 10 veces mayor en los resultados de los aprendizajes de los estudiantes que las laptops.
Citando un cuestionamiento sin resolver que el informe señala como una de las debilidades de esta iniciativa, los panameños nos enfrentamos a una pregunta: ¿por qué invertir 273 millones adicionales en la misma estrategia que fracasó demostrablemente en 2012-2013 sin siquiera evaluar por qué fracasó?
Por: Rodrigo Noriega
Abogado
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