El Niño nos agarró sin agua y sin plan
27 de Agosto de 2026
Exclusivo para Contrapeso
Panamá tiene una crisis crónica de estrés hídrico que se agrava con El Niño. El problema tiene que ver con la ausencia de gobernanza de las 52 cuencas y cuerpos hídricos del país y con un fracaso institucional en la gestión del agua. La principal prueba es Azuero, donde, casi 15 meses después del inicio de la crisis del río La Villa, el agua que llega a los hogares aún no es apta para el consumo humano. Aunque pueda parecer excepcional, Azuero evidencia una crisis mucho más amplia. El problema no termina allí.
En numerosas comunidades del área metropolitana, el servicio ininterrumpido de agua potable las 24 horas es un lujo. Familias de bajos ingresos deben pagar para que camiones cisterna lleven agua a sus hogares, un negocio que intenta llenar, de forma intermitente, el vacío del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN). Mujeres embarazadas, adultos mayores o adolescentes incluso deben pagar a vecinos para cargar el agua. En otros casos, las propias comunidades reúnen dinero para alquilar un cisterna ante la inoperancia del IDAAN.
La mala calidad del servicio también llegó a barrios de clase trabajadora y media que hasta hace pocos años tenían agua todo el día. Basta el ejemplo de Hato Pintado, en Pueblo Nuevo, donde residentes reportan que ahora reciben agua apenas unas horas durante la madrugada. Las consecuencias para la vida familiar, la salud y la economía de los hogares son evidentes. Donde antes había patios con juguetes, hoy hay tanques de agua y bombas esperando llenarse mientras todos duermen.
El castigo de El Niño
Panamá no está preparado para enfrentar El Niño 2026-2027. La declaratoria de estado de emergencia nacional es importante, pero está enfocada principalmente en reaccionar y contratar rápido. Como en ocasiones anteriores, la respuesta en provincias centrales y Chiriquí será perforar pozos cada vez más profundos, muchas veces sin suficiente coordinación o planificación. Y el agua subterránea es especialmente delicada: puede contaminarse con facilidad y su extracción exige conocimiento técnico, monitoreo y análisis de calidad.
Además de los pozos, hay que prepararse para mitigar la mortandad de vacas, cerdos y aves de corral por falta de agua y exceso de calor. Si el Ministerio de Desarrollo Agropecuario actúa con tiempo, puede reducir parte de ese impacto. Y si el daño sobre los animales será serio, la afectación de cultivos como frutales, frijoles, especias, maíz y arroz también puede ser significativa.
En materia de alimentación, el gobierno del presidente José Raúl Mulino tendrá que estar muy alerta. El Niño puede reducir la producción local y, al mismo tiempo, afectar a países de los que Panamá importa alimentos. Estados Unidos, por ejemplo, tiene su inventario ganadero en el nivel más bajo en 75 años. En distintas regiones de Asia, El Niño amenaza cultivos mediante sequías, calor extremo y alteraciones de las lluvias. Todo esto puede presionar los precios internacionales y terminar golpeando el bolsillo de los panameños. La inflación alimentaria no se resolverá únicamente con ferias y tiendas del IMA.
El calor y las hidroeléctricas
El Niño está generando olas de calor que interactúan con el calentamiento global. Julio de 2026 estuvo entre los meses más calientes registrados a escala mundial. En Europa, estimaciones preliminares atribuyen a las olas de calor de este verano más de 10 mil muertes, especialmente entre adultos mayores.
Aunque julio y agosto se han sentido muy calientes en Panamá, el mayor reto podría llegar entre enero y mayo de 2027. El Estado debe prepararse con espacios de hidratación y refrigeración y asegurar suficiente disponibilidad de agua y energía.
Más calor también significa mayor consumo eléctrico. Según informó a TVN la ingeniera Luz Graciela Morales de Calzadilla, directora del Instituto de Meteorología e Hidrología de Panamá (IMHPA), los bajos niveles de algunos embalses están afectando la generación hidroeléctrica. Changuinola y Fortuna se benefician de las lluvias de la vertiente del Caribe.
Hay que conservar la mayor cantidad de agua posible en esos embalses, lo que también implica ahorrar energía. Ese es un elemento ausente en la declaración de emergencia: las campañas de educación. La ciudadanía necesita saber que debe ahorrar agua y energía. Sin ese componente, mucho de lo que haga el gobierno será menos efectivo.
La gran oportunidad
El Niño no es excepcional ni tiene una periodicidad fija. Históricamente aparece en intervalos irregulares, generalmente cada dos a siete años. Panamá tendrá que volver a enfrentarlo, aunque hoy no podamos saber exactamente cuándo ni con qué intensidad.
Para enfrentar mejor el episodio de 2026-2027 estamos tarde: faltan reservorios, sigue pendiente una gobernanza adecuada del agua y hemos debilitado condiciones naturales —como la cobertura boscosa— que podrían ayudarnos frente a la sequía y el calor.
La Autoridad del Canal de Panamá proyecta iniciar la construcción del proyecto de río Indio en 2027 y extender las obras hasta 2031. Hemos perdido años valiosos para garantizar una mayor seguridad hídrica para el área metropolitana, Panamá Oeste y Colón, además del agua necesaria para la operación del Canal. La ACP está empujando el proyecto y, con el diálogo social adecuado, río Indio deberá convertirse en una realidad. Pero no basta.
Panamá necesita acabar con la telaraña institucional de entes y mandatos que hoy administran el agua. Debemos eliminar el IDAAN y transformarlo en una Autoridad Nacional del Agua o en una empresa autónoma que no quede prisionera del negocio de los camiones cisterna ni de la repartidera de puestos políticos.
La mayor presión hídrica se concentra en la vertiente del Pacífico. En las provincias centrales y Chiriquí hacen falta proyectos importantes de riego agrícola. Para Coclé, Herrera y Los Santos, una alternativa que merece estudiarse es un embalse en el río Santa María que refuerce las reservas de las potabilizadoras que abastecen a Penonomé, Aguadulce, Antón, Chitré, Parita, Las Tablas, Guararé y La Villa de Los Santos. Otra opción que merece evaluación técnica es la desalinización.
Una vacuna verde
Los próximos episodios de El Niño pueden ser cada vez más difíciles de enfrentar en un planeta más caliente y con mayor presión sobre el agua. Parte del problema también es responsabilidad nuestra: hemos transformado decenas de miles de hectáreas de bosques en concreto, urbanizaciones, autopistas y potreros.
Recuperar cobertura forestal, promover bosques urbanos y avanzar hacia una agricultura y ganadería más sostenibles puede ayudar a reducir el impacto del calor.
Pero eso requiere planificación y presupuesto.
Panamá también puede avanzar con un marco regulatorio más favorable para la energía solar. Si más viviendas y edificios públicos y privados tuvieran paneles solares, se podría generar electricidad en las horas de mayor demanda y reducir presión sobre la red y otras fuentes de generación. Además del beneficio ambiental, estaría el “chen chen” del ahorro energético para hogares, empresas y el propio Estado.
La declaración de estado de emergencia nacional puede ayudar a coordinar instituciones y acelerar contrataciones. Pero no sustituye la planificación. Panamá necesita una entidad que ordene la gestión del agua, campañas educativas, soluciones reales para el agua potable y el riego agrícola, y una visión de largo plazo.
El Niño volverá. La pregunta es si Panamá seguirá reaccionando cada vez como si fuera la primera.
Por: Rodrigo Noriega
Abogado
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