Las aves de la Plaza de Francia
20 de Marzo de 2026
Exclusivo para Contrapeso
Hay lugares donde la naturaleza se esconde. Y hay otros donde decide hacer espectáculo.
La Plaza de Francia, en pleno Casco Antiguo, es uno de esos escenarios donde, sin previo aviso, la vida silvestre, especialmente la alada, toma el control y convierte un espacio histórico en un teatro de supervivencia, reproducción y competencia.
Hace unas semanas, mientras guiaba a unos clientes de fotografía por el área de Las Bóvedas, notamos un nivel inusual de actividad en un higuerón—uno de esos árboles de raíces enmarañadas y presencia dominante que parecen sostener historias propias.
Desde lejos ya se escuchaba: una cacofonía intensa, caótica, casi ensordecedora.
Al acercarnos, la escena se reveló.
Entre las ramas convivían garcetas coroniamarillas, garzas tricolor, palomas aliblancas, una cantidad absurda de talingos y—para rematar—hasta una gallina que parecía no haber recibido el memo de que esto no era un corral.
Algunas aves llegaban con ramitas en el pico. Otras defendían territorios invisibles. Varias ya estaban estableciendo nidos. Todo ocurría al mismo tiempo.
Pero si había una especie que dominaba la narrativa, eran los talingos.
Oscuros, veloces, ruidosos y omnipresentes, los talingos no solo se peleaban entre ellos, sino que también atacaban a cualquier otra ave que se atreviera a ocupar “su” espacio. Eran el pulso del viviente árbol. El caos hecho plumas.
Regresé un par de veces más.
Y entonces apareció otro actor en escena.
Los pelícanos pardos.
Grandes, pesados, casi torpes en el aterrizaje, comenzaron a utilizar el higuerón como sitio de descanso. Y, fieles a su naturaleza, los talingos los atacaron sin tregua.
Pero esta vez, el tamaño prevaleció.
Poco a poco, los pelícanos se fueron imponiendo. No por agresividad, sino por pura presencia.
Hoy, si hablas con el guardia de seguridad de la Embajada de Francia—el que está en su caseta justo al lado del árbol—te lo dirá sin dudar:
Ese ya no es cualquier árbol. Es el árbol de los pelícanos.
Por: Essdras M. Suarez
Fotógrafo panameño ganador de Premios Pulitzer
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