Mirador de los Humedales de la Bahía de Panamá

1 de Abril de 2026

Exclusivo para Contrapeso

Al final del puente marino del Corredor Sur, entrando a Costa del Este por el Paseo del Mar y justo después del puente sobre el río Matías Hernández, se esconde una joya que muchos pasan por alto: el Mirador de los Humedales de la Bahía de Panamá. Este punto, discreto pero poderoso, es en realidad un punto de acceso a la parte alta de la Bahía de Panamá, uno de los sistemas de humedales más importantes del continente. Según eBird, aquí se han registrado más de 300 especies de aves. No es casualidad: la Sociedad Audubon de Panamá y organismos internacionales han reconocido esta zona como un sitio clave para aves migratorias a nivel hemisférico. Para un lugar tan accesible, eso no es común... es extraordinario.

Aguja jaspeada / Limosa fedoa

Playero occidental / Calidris mauri

Pelícano pardo / Pelecanus occidentalis

Aquí no hay nada preparado. Lo que hay es naturaleza en estado puro.
He visto una garza capturar y matar un playero y desaparecer con él en el pico. Cangrejos pelear contra su depredador hasta su último aliento. Cormoranes neotropicales sumergirse y emerger con peces aún luchando. Cocodrilos patrullar las aguas en busca de alimento. Y en el aire, pelícanos pardos lanzándose en picada con precisión quirúrgica. Este no es un lugar de contemplación pasiva; es un escenario donde la vida y la muerte se desarrollan sin filtros.

Zarapito trinador / Numenius phaeopus

Garza azul / Egretta caerulea

Cocodrilo americano / Crocodylus acutus

Cormorán neotropical / Nannopterum brasilianum

La riqueza de este sitio radica en su mezcla: aves residentes, migratorias y visitantes ocasionales convergen en un mismo espacio. Garzas, ibis, espátulas rosadas, playeros, cigüeñas americanas, playeros aliblancos y chorlitos comparten este lienzo natural, creando oportunidades constantes para observar comportamiento e interacción. Y cuando llegan los migratorios —playeros, zarapitos y agujas— este lugar deja de ser bueno... y se convierte en uno de clase mundial. Es un lugar donde, si uno está atento y observa en la dirección correcta, se revela una verdadera abundancia de aves. Y para los más aventureros —siempre atentos a las mareas— caminar la marisma en marea baja durante el verano puede exponer encuentros que dejan huella: como el esqueleto de una tortuga golfina, víctima de las hélices de una embarcación.

Garza grande / Ardea alba

Espátula rosada / Platalea ajaja

Zarapito trinador / Numenius phaeopus

Tortuga golfina / Lepidochelys olivacea

El río Matías Hernández desemboca justo al lado del mirador, arrastrando consigo desechos desde río arriba —desde plásticos hasta objetos grandes, incluso refrigeradoras—. Y aun así, la vida insiste. Las aves siguen llegando, alimentándose y coexistiendo en este entorno. El mirador cuenta con bancas donde parejas se sientan, tomadas de la mano, mientras el cielo cambia de amarillo a anaranjado, luego a rojo y finalmente a ese azul penumbral antes de la oscuridad. Y al final del día, si uno se detiene en el puente justo antes del mirador, puede ver cientos de aves regresar a tierra firme para pasar la noche.

Playero aliblanco / Tringa semipalmata

Reinita de manglar / Setophaga petechia erithachorides

Cigüeña americana / Mycteria americana

Y tal vez eso es lo más poderoso de este mirador: su accesibilidad. No hace falta internarse en la selva ni viajar horas para presenciar escenas que resumen la crudeza y belleza del mundo natural. Basta con detenerse, observar con intención... y dejar que la

WhatsApp Compartir en WhatsApp

Por: Essdras M. Suarez

Fotógrafo panameño ganador de Premios Pulitzer

Siguiente
Siguiente

Las aves de la Plaza de Francia