Panama Rainforest Discovery Center
12 de Agosto de 2026
Por: Essdras M. Suarez
Fotógrafo panameño ganador de Premios Pulitzer
Exclusivo para Contrapeso
Hay que subir 174 escalones para llegar a uno de los balcones más privilegiados sobre el bosque tropical panameño. A 32 metros de altura, la torre del Panama Rainforest Discovery Center emerge justo por encima del dosel y se ha convertido en la imagen emblemática de este centro administrado por la Fundación Avifauna Eugene Eisenmann. Yo la he subido alrededor de una docena de veces, siempre con la expectativa de qué podría aparecer allá arriba. Pero, como siempre, en la naturaleza no hay garantías. De mis 12 ascensos a la torre, solo he tenido la suerte de fotografiar un halcón murcielaguero y unos arácaris saltando de rama en rama. Hay veces, sencillamente, en que la naturaleza no coopera. Es la suerte del sorteo.
Sin embargo, sería un grave error medir la riqueza del Discovery Center solamente por lo que uno ve desde su torre. A través de los años he fotografiado allí monos aulladores, loros frentirrojos, momotos piquianchos, saltarines, coatíes —incluyendo recientemente una madre con su cría—, insectos exóticos, grandes y coloridos caracoles y una extraordinaria variedad de aves tropicales. En sus bebederos he podido observar ermitaños piquilargos, colibríes pechiazules y jacobinos de cuello blanco, entre otras especies. De hecho, entre seis y siete especies de colibríes frecuentan regularmente el centro de visitantes, donde pasan a escasos centímetros de las personas y, ocasionalmente, hasta se acercan a beber de pequeños alimentadores sostenidos en la mano. Panamá alberga cerca de 60 de las más de 360 especies de colibríes conocidas en el mundo.
El centro ocupa una concesión de 20 hectáreas en la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Soberanía, a la entrada del legendario Camino del Oleoducto. Abrió sus puertas en 2008 y hoy recibe visitantes los 365 días del año, de 7:00 a. m. a 5:00 p. m. Según el centro, durante la temporada alta pueden recibir hasta 100 visitantes al día. Sus senderos atraviesan bosque tropical y diferentes hábitats, ofreciendo la posibilidad de encontrar fauna desde el nivel del suelo hasta las copas de los árboles. Y, como ocurre tantas veces en Panamá, uno nunca sabe cuál será el encuentro memorable del día.
María Zambrano lo sabe bien. Ella es una de las cuatro guías del Discovery Center y trabaja allí desde hace tres años. Cuando le pregunté cuál había sido su experiencia más extraordinaria, no habló de una especie vista desde la torre ni de algún colibrí raro. Me contó que, a apenas 200 o 300 metros de la entrada principal, se encontró una vez con tres jaguarundis sobre el camino. No uno. Tres. Este felino esquivo puede habitar durante años relativamente cerca de nosotros sin dejarse ver, así que encontrarse con semejante escena pertenece a esa categoría de regalos que la selva entrega cuando le da la gana.
Y quizás esa sea la mejor manera de entender el Panama Rainforest Discovery Center. La torre atrae nuestra mirada hacia arriba y nos invita a imaginar qué puede surgir sobre el dosel, pero la verdadera experiencia comienza mucho antes de alcanzar sus 32 metros y continúa mucho después de bajar sus 174 escalones. Puede ser un colibrí suspendido frente al rostro, una familia de coatíes cruzando el sendero, un mono aullador entre las ramas o, con una dosis extraordinaria de suerte, tres jaguarundis en medio del camino. Uno llega buscando naturaleza. Pero en la selva, la verdadera magia está en aquello que aparece cuando uno menos lo espera.
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