Gamboa Salvaje

29 de Julio de 2026

Por: Essdras M. Suarez
Fotógrafo panameño ganador de Premios Pulitzer

Exclusivo para Contrapeso


A menos de una hora de la ciudad de Panamá existe un lugar donde un huésped puede despertarse rodeado por más de un centenar de especies de aves, mientras monos, ñeques, gatos solos, ardillas, reptiles y otros habitantes del bosque se desplazan a pocos metros de su habitación. El Gamboa Rainforest Reserve es un hotel moderno, pero también un refugio de extraordinaria biodiversidad, ubicado a orillas del río Chagres, cerca del lago Gatún y del cauce del Canal de Panamá.

A principios de la década del 2000 regresé a Panamá para realizar un reportaje sobre el futuro de las áreas que habían sido revertidas al país tras décadas bajo la administración de la antigua Zona del Canal. Entre aquellos terrenos y estructuras se encontraba el antiguo club de golf de Gamboa, parte de una comunidad canalera creada para albergar a trabajadores y familias vinculadas al funcionamiento de la vía interoceánica. En esos predios se levantó, entre finales de los años noventa y el año 2000, el Gamboa Rainforest Resort, hoy conocido como Gamboa Rainforest Reserve. Su edificio principal fue una construcción nueva, inspirada arquitectónicamente en el histórico Hotel Tívoli, mientras que algunas de sus villas conservaron antiguas residencias de la época canalera.

Desde aquella primera visita quedé enamorado de la propiedad. En ese entonces, mi atención como fotoperiodista estaba concentrada en documentar el uso que se les estaba dando a las áreas revertidas, pero aun así recuerdo haber quedado impresionado por la abundancia de vegetación y vida silvestre que rodeaba al hotel. Existe incluso una historia local según la cual el actor Sean Connery sentía un cariño especial por Gamboa, aunque no he encontrado una fuente publicada confiable que confirme que llegó a llamarlo “su lugar favorito en el mundo”. Lo que sí está documentado es que Connery visitó Panamá en 2003 y manifestó su deseo de regresar.

Ahora, más de un cuarto de siglo después, he tenido la oportunidad de volver para colaborar en la creación de una serie de comederos destinados a atraer y observar aves dentro de los terrenos del hotel. El proyecto me ha permitido pasar mucho más tiempo recorriendo sus jardines y senderos, donde me he encontrado con murciélagos tolderos comunes (Uroderma bilobatum); tangaras-hormigueras rosadas (Rhodinocichla rosea); ranas de hojarasca de cabeza ancha (Craugastor megacephalus); gallinetas moradas (Porphyrio martinica); mariposas morfo azules (Morpho spp.); anhingas americanas, también conocidas como patos aguja (Anhinga anhinga); titíes de Geoffroy (Saguinus geoffroyi); martines pescadores grandes (Megaceryle torquata); saínos de collar (Dicotyles tajacu); espatulillas comunes (Todirostrum cinereum); ardillas centroamericanas (Sciurus variegatoides); tangaras azulejas (Thraupis episcopus); coatíes de nariz blanca, conocidos en Panamá como gatos solos (Nasua narica); caracaras crestados (Caracara plancus); boas comunes o boas constrictoras (Boa imperator); momotos gritones (Momotus subrufescens); y zorros cangrejeros (Cerdocyon thous). Todo esto ha estado siempre allí, compartiendo el espacio con huéspedes que muchas veces no imaginan la cantidad de vida que se mueve a pocos metros de sus habitaciones.

Hace poco, justo antes del amanecer, nos encontramos cara a cara con otro de esos misterios. Un cánido de apariencia silvestre cruzó frente a nosotros y desapareció casi de inmediato. Las fotografías que logré hacer quedaron borrosas y pixeladas, salvo una, pero ninguna fue lo suficientemente clara como para resolver por completo la interrogante: ¿era uno de los animales que algunos residentes llaman coyotes, un zorro cangrejero o simplemente un perro doméstico que se había internado en el bosque? Hablé con un amigo biólogo y su veredicto fue que se trataba de un zorro cangrejero. Pero el simple hecho de que un animal tan misterioso todavía pueda aparecer en los predios del Gamboa Rainforest Reserve demuestra que allí existe todo un mundo por explorar.

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Entre gusanos y cucarachas