Ante lo equivocadamente correcto

11 de Marzo de 2026

Exclusivo para Contrapeso

Ya expresé antes la necesidad de crear escuelas para desaprender, con la misión de examinar y eliminar las mentiras, exageraciones, complejos, medias verdades, inseguridades, ansiedades, estereotipos, racismos, antisemitismo, xenofobia, misoginia, homofobia, transfobia y la generalizada intolerancia existente en nuestras sociedades de forma abierta o cubierta.

Aunque en Panamá algunos creen que no existe el discrimen racial, solo porque en un bus ven personas de distintas etnias ocupando los asientos sin atacarse o insultarse, las apariencias engañan. Nos equivocamos los que asumimos que el tema del racismo en Norteamérica había sido superado con la elección de un afroamericano como presidente de un país que una vez se enfrentó en una guerra civil para determinar o no la continuidad de la esclavitud. Solo bastó la exitosa aparición de un político demagogo, sociópata, narcisista y carente de empatía para regresar de un golpe al público despliegue de la sinrazón modelada hace 161 años atrás y a una nueva división moral, social y política que pone en duda la denominación "Estados Unidos de América".

La complejidad de nuestro existir resulta abrumadora. La verdad, como un resultado que produce, condiciona y refleja objetivamente a la realidad, nunca ha existido concretamente. Cada persona crea su verdad personal, su verdad política, su verdad religiosa. Pero al margen de las interpretaciones, existe una verdad objetiva derivada del hecho probado. Y aun así, encontramos situaciones donde podemos estar, aunque suene contradictorio, equivocadamente correctos. Utilicemos como ejemplo el reciente ataque a Irán.

El gobierno panameño correctamente ha condenado las incursiones militares conjuntas de Estados Unidos e Israel, que han causado, entre otros efectos, la muerte del máximo líder religioso iraní, el ayatolá Alí Khamenei. Las ha señalado como actos unilaterales bélicos que transgreden las normas del derecho internacional y eso es cierto, al igual que ocurrió en el caso del secuestro del dictador Nicolás Maduro. Fue un acto ilegal que produjo una consecuencia positiva: el fin de un dictador, aunque no el de la dictadura por él encabezada.

A ese ejemplo ahora se suma el ataque a Irán por Israel y los Estados Unidos. Irán, que ha sido identificado como aliado, patrocinador y encubridor de grupos terroristas como Hamas y Hezbollah, aún persiste en su intención de continuar enriqueciendo uranio y de evadir una supervisión comprobada de su actividad. Aunque las autoridades iraníes hayan declarado que su propósito es el de la pacífica utilización de la energía nuclear, es imposible descartar su intención de crear una bomba atómica. Un arma tan devastadora, en poder de una nación dominada por un grupo religioso y extremista que interpreta a su manera los dictados del Corán, representa un peligro real no solo para el Medio Oriente, sino para el planeta.

La negativa iraní para consentir y aceptar la debida e imparcial supervisión de su programa atómico creó la excusa o justificación para acciones drásticas que resultan contrarias a los principios de no intervención acordados en tratados y normas internacionales. Y aunque todo conflicto bélico producirá una merecida condena, pues ninguna explicación justifica la muerte de inocentes ni mitiga o resuelve el dolor de los familiares, simultáneamente se equivoca aquel que no entienda o soslaye el peligro que representaría para la estabilidad mundial un Irán dotado de poderío atómico.

Hoy resulta común la contradicción de invocar o considerar alternativas "equivocadamente correctas" como respuestas a problemas políticos que debieron haber sido resueltos hace décadas, de manera justa y adecuada.

En El Salvador escogieron a un presidente que prometió brindar seguridad social al país deteniendo el control y operación de las pandillas que aterrorizaban a la población y destruían su posibilidad de una mejor calidad de vida. A cambio, la ciudadanía aceptó controles a la libre expresión, limitaciones a sus libertades civiles, produciendo el debilitamiento de la posibilidad y estructura democrática nacional.

Ya se reportan en ese país encarcelamientos sin el proceso debido, denuncias por la aplicación de torturas a detenidos, cierres de medios informativos y exilios forzosos que producen trauma emocional y pérdidas materiales para los perjudicados, hechos que recuerdan las dictaduras militares de un pasado que asumimos había sido superado.

No olvidemos que Bukele ganó la elección de manera contundente. No olvidemos que triunfó enfrentando tanto a candidatos de la izquierda como de la derecha. No olvidemos que muchos de los que lamentan el "efecto Bukele" en la democracia salvadoreña eran o son miembros de los partidos que apoyaron dictaduras de la derecha o de la izquierda y que no hicieron absolutamente nada por mejorar las condiciones del pueblo y país al que representan y dicen querer.

De la misma forma, si el gobierno salvadoreño se limita solo a esforzarse por el control de la criminalidad sin atender exitosamente necesidades básicas de la población tales como la salud, la educación, el trabajo y la vivienda, y no mejora la situación económica nacional, entonces el presente apoyo a Bukele podría transformarse en una mayoritaria y ruidosa oposición que se vería enfrentada con una brutal represión, como ocurre tradicionalmente en países que sufren dictaduras de izquierda o derecha.

En Panamá, la Corte Suprema de Justicia finalmente declaró inconstitucional un contrato turbio y pésimo que nunca debió haber sido aceptado por gobierno nacional alguno, pero lo hizo décadas más tarde y por eso el Estado panameño ahora enfrenta demandas legales billonarias y proyecta la negativa impresión de un país en donde la seguridad jurídica es inexistente.

Como diría "Cantinflas": vivimos "subiendo pa'bajo y bajando pa'rriba", una de las extrañas características que distinguen nuestra existencia en el mundo actual y que nos conduce a la contradicción de considerar como solución para un problema la aplicación de una acción legalmente prohibida y moralmente equivocada. En nuestra Latinoamérica, el asunto adquiere una dimensión aún más metafísica. Como dije hace años, los europeos tuvieron que inventar el "surrealismo", pero bajo el subdesarrollo en que sobrevive Latinoamérica, esa vaina es el estado natural de todos los días.

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Por: Rubén Blades

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