Vamos: deserciones, poder y carácter.
15 de Junio de 2026
Por: Rubén Blades
Exclusivo para Contrapeso
Nada provoca más pánico entre la corrupción política y sus patrocinadores civiles en Panamá que la aparición de voces que puedan oponérseles exitosamente en la arena pública. Cuando esto ocurre, inmediatamente son movilizadas las fuerzas a su disposición: los medios de comunicación que ellos compran o controlan y las redes sociales desde donde la desinformación y las calumnias se diseminan diariamente para desacreditar a quienes nos oponemos a la deshonestidad administrativa.
Cuando Vamos llegó a la Asamblea, se produjeron varias consecuencias notables. Se probó que existe la posibilidad de que el electorado pueda decidir apoyar a candidatos independientes. Se probó que no es indispensable el patrocinio de la corrupción para llegar a la Asamblea. Se probó que aún existen, entre nuestra población, jóvenes que desean un Panamá diferente y que están dispuestos a servir para que esa posibilidad ocurra. Todo esto ha ocasionado que la corrupta partidocracia nacional intente, por todos los medios posibles, confundir a la ciudadanía y alterar una realidad que amenaza su hegemonía política.
Los 20 candidatos que conformaron la bancada de Vamos no representan una mayoría parlamentaria. La Asamblea Nacional de Panamá está compuesta por 72 diputados y diputadas, y 52 de ellos están bajo las órdenes y el control de partidos políticos tradicionales que solo buscan satisfacer su cuota de interés y oportunidad, y no el bienestar de la nación. A pesar de la obvia discrepancia entre 20 y 52, se ha pretendido hacer ver que Vamos ha “fracasado” en alterar de manera efectiva la conducta corrupta de nuestra Asamblea Nacional; se acusa a Vamos de ser unos “chiquillos” porque no “negocian”, como si fuese posible, para quien no es deshonesto, aceptar ofertas que perjudican la idea de procurar el bien de la población.
Ahora, medios nacionales arman una alharaca por la salida de cinco diputados de la bancada de Vamos y señalan el hecho como prueba de la “inmadurez” e incluso de la insinceridad de la intención expresada por sus miembros de ser un antídoto a la mediocridad que legislativamente mal administra la posibilidad nacional desde hace décadas.
Siempre he dicho que el poder no corrompe, sino que desenmascara. Nadie sabe cómo va a reaccionar hasta el momento en que lo detenta, y es entonces cuando se prueba la sinceridad y la fortaleza de espíritu de la persona. A esos cinco diputados habrá que seguirles la pista y evaluar sus futuras intenciones para determinar el motivo que los llevó a tomar la decisión de salir de Vamos. Faltan aún dos años y medio antes de la elección y tiempo para determinar su carácter. Por lo pronto, el resto de la bancada debe analizar desapasionadamente el asunto y robustecer los vínculos necesarios para mantener cualquier nivel de influencia que posean, dentro y fuera de la Asamblea Nacional.
Sobre el tema de las deserciones conozco bastante porque lo viví dentro del Movimiento Papa Egoró. El único diputado que consideré fiel a nuestro ideal fue Víctor Méndez Fábrega. El resto buscó su propio beneficio, estableció alianzas con la partidocracia que veníamos supuestamente a reemplazar y, despreciando mis consejos, impulsó la alianza con el PRD e insistió en participar en la elección de 1999 para recibir subsidios electorales. Ninguno fue reelecto y su egoísmo produjo la desaparición del MPE. Luego, se inscribieron en partidos tradicionales y terminaron esfumándose del escenario político.
Haría bien Vamos en considerar que las decepciones forman una enorme parte de eso que se denomina “el éxito”. Nada que valga la pena resultó fácil de hacer.
Vamos es el grupo político que mayor nivel de simpatías mantiene dentro de la población, y eso continuará solo mientras practiquen la honestidad y la transparencia demostradas hasta el presente.
Mi recomendación es que continúen avanzando y eviten los “dime que te diretes”. Falta mucho camino aún por recorrer y más alegrías que desencantos por encontrar.