Sobre la libertad de expresión y el derecho a mandar a callar
2 de Agosto de 2026
Por: Rubén Blades
Exclusivo para Contrapeso
Sobre la libertad de expresión y el derecho a mandar a callar
En estos días recordaba una declaración que dio el presidente José Raúl Mulino en octubre de 2025, cuando calificó a sus críticos como “voceros oficiosos de la mentira”, sugiriéndoles: “tienen que meterse la lengua ya saben dónde”.
Retomo el asunto porque presiento que, en las próximas semanas, el tema de la libertad de opinión volverá a convertirse en un tópico candente.
Comienzo por afirmar que el derecho a opinar no incluye la potestad de mentir, y en eso estoy de acuerdo con el ciudadano presidente. La opinión genera responsabilidad para quien la profiere, algo que en Panamá no se exige, ni siquiera cuando un falso parecer es presentado, de forma escrita o verbal, por medios que aseguran constantemente su adhesión a la veracidad de lo que publican.
La opinión es un derecho que debe ser defendido. Eso no quiere decir que toda opinión deba ser respetada. Hay criterios diabólicos, racistas y falsos que deben ser desmentidos y denunciados por atentar contra la sociedad y el bienestar común.
Pero es necesario distinguir entre opinar, informar sobre un hecho y calumniar. ¿Qué ocurrirá cuando asuntos álgidos, como lo de la mina de cobre, sean discutidos a nivel nacional? ¿Cuál será la reacción del oficialismo ante los juicios adversos a su postura?
La reciente declaración de un funcionario del Gobierno, quien alegó razones de seguridad para justificar que no se respondiera sobre el monto y la utilización del gasto público, resulta preocupante. El secretismo oficial debe ser combatido porque impide la transparencia y envenena la confianza que requiere la discusión racional de temas de interés nacional. Utilizar el poder del Estado para coaccionar o demonizar a quienes critican sus posturas es inaceptable.
Espero que en 2026 no se responda a la pregunta incómoda de un ciudadano sugiriéndole, como en 2025, que mejor se meta la lengua en el culo. Tal recomendación, aparte de irrespetuosa, produciría resultados emocionales negativos, algo que no ayudaría a que Panamá continúe siendo considerada “uno de los países más felices del mundo”, según, insólitamente, asegura un informe reciente de la Gallup Global Emotional Poll.
Escribo en Contrapeso porque no lo considero sujeto al control de intereses políticos o económicos, ni a los deseos de accionistas y anunciantes. Nuestro Contrapeso tampoco obedece las órdenes ni los caprichos de la corrupción, civil o política.
Para los medios informativos que obtienen del Gobierno acceso, ventajas y ganancias a cambio de ocultar, desinformar y tergiversar noticias, publicar medias verdades y atacar opiniones que son contrarias al deseo oficial, la desafortunada sugerencia presidencial de 2025 no resulta necesaria: Ce qu'ils écrivent et disent sent déjà la merde.
¡Arriba el Contrapeso!