El otro camino llegó hasta Martinelli por la puerta de atrás
21 de Septiembre de 2026
Por: Rubén Blades
Exclusivo para Contrapeso
En el Panamá aparente, el escenario político y sus actores han sido convulsionados por la noticia de que el prófugo y convicto Ricardo Martinelli se reunió en Colombia, su actual refugio, con Ricardo Lombana, el presidente del partido Movimiento Otro Camino (MOCA).
Aunque el viaje ocurrió semanas atrás, es ahora cuando se hizo público que el expresidente y el excandidato se habían visto y conversado, aunque, al momento, la mayoría del país ignora los temas tratados. Imagino que los más afectados por el anuncio son aquellos que jamás creyeron que el “otro camino” planteado en el discurso político del candidato Lombana lo llevaría a reunirse con la persona a la que, en incontables ocasiones, ha denunciado y catalogado como corrupta.
El tardío anuncio emitido por Mario Pinzón, secretario oficial de MOCA, más que aclarar dudas, lo que ha hecho es promover todo tipo de especulaciones y preguntas. Por ejemplo: ¿por qué no anunciaron el viaje antes y explicaron a la ciudadanía públicamente sus motivos y objetivos? ¿Acaso creyeron que en Panamá no se iban a enterar de semejante encuentro, que no lo reportarían?
La explicación ofrecida por MOCA es que... «escuchar no es pactar»..., que el motivo de la reunión fue para... «conversar sobre las modificaciones propuestas dentro del paquete de reformas al Código Electoral»... y que ese encuentro forma parte de... «un ciclo de acercamientos con presidentes de otros partidos políticos y expresidentes».
Pregunto: ¿ese ciclo de «acercamientos» ha continuado? De ser así, ¿con quiénes, cuándo y cuál ha sido el resultado? ¿Con qué otro «expresidente» se ha reunido Lombana? ¿Por qué el misterio y no la transparencia sobre reuniones políticas que dicen solo buscar aclaraciones y propuestas que ayuden al país a luchar contra la corrupción a la que MOCA dice oponerse?
El comunicado indica que... «el encuentro no constituye un acuerdo político ni alianza electoral»... y con eso pretende ignorar varios puntos importantes que se desprenden del encuentro entre Lombana y Martinelli.
Primero: la reunión entre un excandidato presidencial, que ocupó el segundo lugar en la pasada elección nacional panameña, con un expresidente declarado corrupto, convicto, prófugo de la justicia e inhabilitado políticamente al presente, le confiere al reo una legitimidad institucional de la que oficialmente carece, no importa su «popularidad» entre un sector de la población. Martinelli debiera estar entre rejas, no «conversando» o brindando opiniones legales y consejos a Lombana.
Segundo: el comunicado de MOCA se lee como un intento de reparar el daño causado por el inicial ocultamiento de la reunión y sugiere un embarazoso nivel de estupidez en los más altos niveles directivos.
Tercero: más que demostrar amplitud y visión, lo que se proyecta es chanchullo y sumisión.
Aun con el partido de Martinelli en poder de la Asamblea, la justificación de que Lombana estaba motivado por las reformas al Código Electoral no explica por qué MOCA no anunció y explicó que su máximo líder y representante iba a reunirse con el prófugo con ese propósito, ni explica la ausencia de un reporte de lo conversado. El secretismo ha envenenado cualquier aclaratoria porque, no importa cómo se trate de pintar o interpretar el asunto, la reunión política clandestina de un declarado enemigo de la corrupción con un representante público de esa corrupción, con el supuesto propósito de producir un resultado que acabe con la corrupción, en este supuesto caso legislativa, es algo difícil de aceptar o entender.
En abril de 2023, Ricardo Lombana dijo que él y Martinelli eran Ricardos Alberto y querían lo mejor para Panamá. Luego, tras una avalancha de críticas, dijo: «no haremos pactos ni alianzas con corruptos».
¿Qué esperaba Lombana como consecuencia de esa reunión política? Según el comunicado de MOCA, nada, solo «escuchar». Quizás lo que le dijo su tocayo y no ha comunicado aún resultará más positivo para él y sus aspiraciones que las mandadas a la mierda a MOCA que ya han empezado a circular.
Y es que la opacidad y la falta de transparencia anulan el principio noble invocado por Lombana para justificar reuniones con la corrupción, más aún cuando ni siquiera hubo una rendición de cuentas. Conversar «en la sombra», alegando necesidad política, es aceptar los términos de la corrupción y someterse a ella.
No se puede alegar virtud ni integridad aceptando las reglas que impone la maldad de la corrupción.