Para las niñas madres, no hay día de celebración.

8 de Diciembre de 2025

Exclusivo para Contrapeso

Un estudio del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), por sus siglas en inglés, documentó que en el año 2003, las madres adolescentes, es decir, todas las menores de 20 años, fueron 11,921. En el año 2012 esta cifra alcanzó las 15,206, y para el año 2022 la cifra bajó a 9,531. La tendencia desde el año 2018 ha sido la disminución de los embarazos adolescentes. A pesar de esto, en el año 2022 la tasa de embarazos de adolescentes en Panamá era de 68.5 por cada mil mujeres, más alta que el promedio de América Latina que era de 52.1 por mil mujeres, y mucho más alta que el promedio mundial, que fue de 41.8 por cada mil mujeres.

La cualificación de “madre adolescente” tiene muy serias consecuencias para la trayectoria de vida de la mujer y su familia. La brecha de ingresos entre las madres adolescentes y las mujeres que fueron madres en etapas posteriores representó para la economía panameña 1,590 millones de dólares en el año 2023. Casi un 2% del Producto Interno Bruto.

En términos humanos esto se puede entender de otra forma: el 43% de las madres no adolescentes llegó a tener un grado universitario, mientras que solo el 14% de las mujeres que fueron madres adolescentes alcanzaron este nivel educativo. Vale comparar que el ingreso promedio de una mujer universitaria fue de 14,138 dólares anuales, mientras que una mujer con educación secundaria solo obtuvo 6,126 dólares de ingresos en el año 2023.

La tragedia de las niñas madres

De acuerdo con la información del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) de la Contraloría General de la República, en el año 2023 unas 340 niñas de menos de 15 años se convirtieron en madres. Contrario a lo que se piense, este fenómeno no es solo propio de las comarcas indígenas, en las cuales se dieron 71 de estos casos. En el distrito de Panamá hubo 34 niñas madres; en el distrito de San Miguelito, 8; mientras que en la provincia de Bocas del Toro se dieron 45; en Coclé se presentaron 20 casos; en Colón, 16; en la provincia de Chiriquí, 48; en Darién, 15; en la provincia de Herrera, 7; en Los Santos, 2; en la provincia de Panamá, incluyendo los dos distritos ya mencionados, fueron 48; en Panamá Oeste, 16; y en la provincia de Veraguas, 18 casos.

Por definición, en el derecho penal panameño cada uno de estos casos fue una violación, dado que legalmente una menor de las edades comprendidas por la estadística no puede dar su consentimiento para tener relaciones sexuales. En el año 2010, el Ministerio Público recibió 660 denuncias de casos de abuso sexual, cifra que para el año 2022 alcanzó las 1,393 denuncias. Esta estadística debe ser complementada con otro aspecto que evidencia los riesgos de esta realidad. En el año 2023 hubo 7,173 defunciones fetales, de las cuales el 91.2% ocurrió antes de las 20 semanas de embarazo. Las estadísticas panameñas no dicen la edad de la mujer embarazada, pero probablemente una proporción muy significativa de estas muertes fetales haya ocurrido por embarazo de adolescentes. No se conoce la cifra de abortos ni de suicidios en razón de un embarazo de una adolescente.

Las salidas

Al profundizar en los datos panameños, de acuerdo con la UNICEF, el 59% de las adolescentes embarazadas son indígenas, el 21% afrodescendientes y otro 20% no se identificó racialmente. A su vez, el 61% habita en las zonas rurales y el 39% en las urbanas.

A pesar de que el fenómeno de las adolescentes embarazadas ha tenido una disminución importante, Panamá está lejos del nivel de países con un desarrollo similar. Por ejemplo, Costa Rica tuvo 4,055 nacimientos de madres adolescentes en el año 2024 y Uruguay 2,390 casos.

Este problema tiene dos dimensiones: una preventiva y otra correctiva. Las herramientas de prevención son harto conocidas: educación en salud reproductiva, acceso a actividades culturales, deportivas y científicas posteriores a la educación formal para fomentar más oportunidades a las adolescentes y, por supuesto, mucha más incidencia y atención a las necesidades de estas jóvenes. Es necesario visibilizar su vulnerabilidad y conformar una coalición público-privada que acompañe a las niñas y a las jóvenes para que puedan alcanzar su máximo potencial.

En cuanto a las medidas correctivas, hay que reincorporar a las madres adolescentes a la educación. Según UNICEF, el 61% de las madres adolescentes entre 15 y 17 años ni estudian ni trabajan, por lo que dependen de terceros y están obligadas a sostenerse precariamente. Es necesario fortalecer la red de guarderías a nivel nacional y generar los espacios educativos para que estas jóvenes completen su educación secundaria.

¿Cuántas universidades e instituciones de formación técnica superior tienen guarderías para permitir que estudiantes, que son madres adolescentes, puedan seguir estudiando? Esa respuesta revela el grado de compromiso que tiene esta sociedad con las madres más vulnerables del país.

La gran tarea pendiente para Panamá es que la maternidad no sea una condena para una niña o una carga perpetua para una mujer, sino una opción libre, voluntaria y planificada. Así, el Día de la Madre será una fecha de felicidad y buenos recuerdos para todas.

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Por: Rodrigo Noriega

Abogado

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