¿Puede la CSS impulsar el negocio del bioetanol?

6 de ABRIL de 2026

Exclusivo para Contrapeso

Los fondos de pensiones a nivel mundial son grandes inversionistas en empresas y proyectos innovadores. De esta forma, se genera un círculo virtuoso por medio del cual el fondo de pensiones gana rentas provenientes de la empresa o proyecto en el cual invirtió y, a la vez, se generan más empleos que pagan más impuestos y aportan más a los fondos de pensiones. En verdad es un ganar/ganar.

Panamá tiene su fondo de pensiones: se llama la Caja de Seguro Social (CSS). En el pasado, la CSS fue bien utilizada para realizar inversiones estratégicas del Estado, como el Aeropuerto Internacional de Tocumen, por el presidente Enrique Jiménez (1945-1948); el desarrollo urbano con fines sociales, como la construcción del barrio de Betania; y otras inversiones, como el original y magnífico Hotel Panamá Hilton, que luego sería destazado por un rejuego financiero con el Banco Nacional. Existe también el otro conjunto de ejemplos en los que los fondos de la CSS fueron usados para financiar empresas camaroneras de los allegados al poder en la década de 1950, o el infame programa colectivo de viviendas de la década de los 1980, del cual heredamos la frase: “...hasta las últimas consecuencias”, que significó que el entonces procurador general de la Nación, Rafael Rodríguez, quien dirigió el Ministerio Público que llevaba el caso, terminara destituido y exiliado del país.

Una nueva institucionalidad

Las lecciones del pasado deben servir para aprender. Es evidente que, sin los adecuados controles, los fondos de la CSS se pueden despilfarrar y convertirse en un festín de corrupción. Sin embargo, no se le puede negar a esos fondos excelentes oportunidades de inversión porque anteriormente le robaron el dinero; si fuera así, no existirían los bancos.

Para invertir en el desarrollo del bioetanol, la CSS necesita convertirse en accionista única de una empresa pública que se puede llamar, por ejemplo, “Empresa Nacional de Biocombustibles” (ENBIO). ENBIO invertiría en favor de su accionista los fondos necesarios para construir y operar una biorefinería en las provincias centrales, estimada en unos 300 millones de dólares. ENBIO tendría una junta directiva conformada por líderes cívicos, sindicalistas, empresarios, pensionados y sociedad civil. La empresa contrataría a otra que fuera especialista en el negocio de biocombustible, en lo que se denomina un “contrato de gerenciamiento”.

Durante el gobierno del presidente Juan Carlos Varela (2014-2019), la empresa de transporte masivo de Panamá (MiBus) contrató a First Transit Panamá, filial de la empresa del mismo nombre, para que operara MiBus a los estándares de un servicio comparable con un país de primer mundo. First Transit opera los servicios de autobús en ciudades como Londres y Chicago y es la principal operadora de autobuses escolares en los Estados Unidos. Es probable que esta misma figura de contrato de gerenciamiento la use la Autoridad del Canal de Panamá para sus iniciativas de puertos y gasoducto.

El esquema de inversión ENBIO tendría el monopolio de la refinación de biocombustibles en Panamá. La empresa le compraría la caña de azúcar a todos los productores grandes y pequeños que estén dispuestos a venderle. Los cañeros recibirían su ganancia inmediatamente, mientras que ENBIO tendría que refinar el bioetanol y hacer los arreglos con las empresas distribuidoras de combustibles. ENBIO empezaría con bioetanol y, posteriormente, seguiría con biodiésel, combustible que se produce a base de desechos como los aceites de cocina.

En el año 2025, Panamá consumió 362,9 millones de galones de las gasolinas disponibles en el mercado. Adicionalmente, el país consumió otros 343,7 millones de galones de diésel. Entre ambos consumos, el total fue de 706,6 millones de galones de combustibles líquidos. Si ENBIO produjera el equivalente al 10% de esos combustibles en bioetanol y biodiésel, esto sería 70.76 millones de galones de biocombustibles. Póngale un precio de 2 dólares por galón y ENBIO estaría ingresando 141.32 millones de dólares al año como ingreso bruto. A esto habría que descontarle costos de producción y otros gastos. Supóngase que la ganancia fuera de 40%; esto le daría a la CSS 56.3 millones de dólares de ganancia anuales. Esto es una inversión con rendimiento garantizado por ser un monopolio y que genera más empleos que pagan impuestos y su contribución a la CSS. Suena muy bueno para empezar.

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Por: Rodrigo Noriega

Abogado

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